Pekín exhibe el juicio a Bo Xilai como advertencia a los corruptos

El ex dirigente comunista niega haber recibido sobornos de un empresario

El Tribunal Intermedio de la ciudad de Jinan (este de China) dio hoy por finalizada la primera jornada del juicio que sigue contra el ex dirigente chino Bo Xilai por sobornos, malversación de fondos y abuso de poder.

El ex dirigente del Partido Comunista Bo Xilai, uno de los llamados «principitos» en la política china por ser su padre un camarada revolucionario de Mao, negó ayer haber aceptado sobornos en un juicio que fue transmitido a través de mensajes en tiempo real en el canal oficial del Tribunal Intermedio Jinan en la red social Weibo (similar a Twitter). Bo fue acusado de aceptar sobornos por valor de 2,67 millones de euros, si bien durante la vista lo negó, haciendo especial hincapié en rechazar las acusaciones relacionadas con un constructor de la ciudad de Dalian, donde había ejercido como alcalde y jefe político en los años 90.

El ex líder comunista, de 64 años, también fue acusado de malversación de fondos, valorados en unos 621.000 euros, y de abuso de poder por bloquear la investigación del asesinato del ciudadano británico Neil Heywood, cometido por su esposa Bo Kailai en 2011, en la municipalidad de Chongqing, donde ejercía como jefe del Partido Comunista hasta su destitución.

Durante el juicio, la actitud de Bo no fue tan relajada como se esperaba y llegó a atacar a los que testificaron. Por una parte, llamó «perro loco» al testigo clave de la Fiscalía, el urbanista Tang Xiaolin, y describió su testimonio como «el comportamiento desagradable de una persona que vende su alma». Poco antes, se había producido una de las sorpresas del juicio cuando Bo dijo que el testimonio de su esposa, que fue leído en voz alta, pues ella cumple condena por el asesinato de Heywood, era «muy cómico, realmente ridículo».

Bo volvió a ser visto ayer en público tras pasar detenido los últimos 17 meses. Pasadas las 8:30 de la mañana, hora local (dos de la madrugada hora peninsular), una caravana de coches y furgonetas entró en el recinto del tribunal, si bien los medios extranjeros se tuvieron que quedar a la puerta y apenas una veintena de periodistas chinos tuvieron acceso a la sala.

El juicio no fue transmitido por televisión, como ocurre en otras ocasiones, pero sí fue uno de los más mediáticos de la historia en el gigante comunista, pues el tribunal creó una cuenta especial en las redes sociales donde informaba con detalle de lo que iba ocurriendo y publicó las esperadas fotos del ex líder, uno de los más occidentalizados de la política china, custodiado por dos policías y sin la barba que se especulaba que se había dejado en señal de protesta por su detención. La ciudad de Jinan, en la provincia costera de Shandong, fue elegida a propósito por su lejanía de Pekín y de otras zonas donde el recuerdo y la presencia de Bo sigue siendo destacable, en especial de Chongqing. Por su parte, la fecha de la celebración del juicio es vista por muchos como la ideal para reducir la presencia en medios internacionales, por ser verano y haber menos periodistas extranjeros en China.

Para los sectores críticos con el régimen, se trata de un simulacro de juicio con un guión previsible y con un veredicto de culpabilidad predeterminado en el que se condenará a Bo con una pena de entre 10 y 15 años de cárcel. Éste es el caso del conocido activista Hu Jia, quien definió como una «parodia de la Justicia» el juicio contra Bo Xilai.

Un «principito» caído en desgracia

El juicio contra Bo Xilai es el juicio político más importante de los últimos 30 años en China, desde que tuviera lugar el de la Banda de los Cuatro en 1981. Además, hay que tener en cuenta que Bo gozaba de un amplio apoyo ciudadano, especialmente en Chongqing, donde tomó medidas contra las bandas criminales y para la protección de la seguridad social, además de poner en marcha un plan para cantar viejas canciones revolucionarias que ensalzaban el maoísmo. En la imagen un manifestante le muestra su apoyo con un cartel de Mao.

Promesa del presidente chino

El juicio de Bo Xilai se enmarca dentro de la campaña anticorrupción del presidente chino, Xi Jinping, desde que ascendió al poder en noviembre pasado, cuando prometió luchar «de manera inquebrantable» contra esta lacra. Unos meses antes, el nombre de Bo sonaba en todas las quinielas para ser favorito a entrar en el Buró Político, el máximo órgano ejecutivo de China, pero con la huida a un consulado estadounidense y posteriores acusaciones de su jefe de Policía, Wang Lijun, todas las dudas quedaron despejadas. Muchos creen que Pekín no puede ser duro con Bo, pues tiene apoyos de un grupo importante dentro del Partido, por lo que se crearía más desunión y se sentaría precedente para el futuro, pero apuestan por dar ejemplo y dar a entender que hace todo lo posible para combatir la corrupción, una de las mayores causas de crítica y enfado con los líderes chinos.