Salman Abedi viajó a Alemania cuatro días antes de atentar en Manchester

Las redadas y los arrestos se suceden en la ciudad británica en busca de la red de apoyo del terrorista, que recibió entrenamiento en Siria.

Policías escoltan a los que se dirigen con flores al lugar del atentado
Policías escoltan a los que se dirigen con flores al lugar del atentado

Las redadas y los arrestos se suceden en la ciudad británica en busca de la red de apoyo del terrorista, que recibió entrenamiento en Siria.

Manchester intenta recuperar poco a poco la normalidad. El regreso a la rutina, al fin y al cabo, es el mejor mensaje que se puede trasladar a los terroristas. «Si lo que quieren es que nos quedemos en casa no lo van a conseguir. Estamos en alerta, pero no les tenemos miedo», aseguraba ayer una mujer mientras llevaba a su hija pequeña al colegio. Sin embargo, en un país que tiene la amenaza terrorista en su nivel más alto, cualquier comportamiento fuera de lo habitual vuele a levantar cierta psicosis. Pasó ayer cerca de la facultad del barrio de Hulme, cuando el hallazgo de un paquete sospechoso hizo saltar todas las alarmas.

Un equipo de artificieros del Ejército se desplazó hasta la zona en cuestión de minutos, pero tras inspeccionar el paquete, se concluyó que era «seguro». El cordón policial que se había establecido alrededor del lugar fue retirado, pero nadie podía ya reparar la angustia provocada por la situación a las decenas de estudiantes que tuvieron que ser evacuados. Desde que el lunes Salman Abedi, británico de 22 años hijo de refugiados libios, llevara a cabo la peor barbarie terrorista cometida en suelo británico en la última década, la ciudad al norte de Inglaterra se ha convertido en escenario de múltiples redadas y arrestos. Al cierre de esta edición, se habían realizado ocho detenciones, entre ellas, la de Ismael Abedi, de 23 años, hermano mayor del terrorista. El jefe de la Policía del área metropolitana de Manchester, Ian Hopkins, calificó estos arrestos de «significativos» e informó de que eran todos hombres, tras la liberación de una mujer detenida el miércoles.

Fallowfield, el suburbio donde creció el kamikaze, también seguía ayer acordonado, mientras los expertos forenses revisaban la casa donde supuestamente pudo fabricar la bomba. Quince minutos antes de la explosión, llamó por teléfono a su madre y hermano, que estaban en Trípoli, para despedirse. Además de en Libia y en Siria, según el diario berlinés «Der Tagesspiegel», que cita los servicios de Inteligencia alemanes, el terrorista también estuvo en Dusseldorf cuatro días antes de cometer la barbarie. Abedi habría llegado a esta ciudad procedente de Libia a través de República Checa. El 18 de mayo, cuatro días antes del ataque terrorista, cogió un vuelo rumbo a Manchester. La revista alemana «Focus Online» añadió que Abedi ya estuvo en Alemania en 2015. Entonces, viajó a Reino Unido desde Fráncfort tras estar previamente en Siria para recibir formación militar, según avisó Scotland Yard a la Oficina Federal de Investigación Criminal de Alemania.

También varias fuentes han informado de que las Fuerzas de Seguridad británicas recibieron varios avisos en los últimos años sobre la radicalización y peligrosidad de Abedi, pero fue considerado como un riesgo «periférico» y no se le hizo un seguimiento exhaustivo. Son muchos los individuos «de interés» que están bajo el foco de la Inteligencia británica, concretamente unos 3.000, según fuentes citadas ayer por el periódico «The Telegraph», y unas 500 investigaciones están operativas. Una ingente y complicada labor para la Policía.

Los arrestos de ayer se llevaron a cabo en Wigan y Nuneaton –dos barrios de Manchester– aunque siguen las redadas «en varias direcciones». Sobre la labor policial, advirtió de que «llevará varios días completar los registros». En una breve comparecencia ante los medios, Hopkins indicó además que los «objetos» recabados por los agentes eran «importantes» para la investigación del atentado que causó 22 muertos y 64 heridos, de los cuales 23 estaban en estado «crítico» ayer por la noche. En su intervención, Hopkins aludió brevemente a las recientes filtraciones desde Washington a medios norteamericanos y dijo que habían ocasionado «angustia y molestias a las familias de las víctimas que ya están sufriendo terriblemente por sus pérdidas».

Reino Unido celebró ayer a las once, hora local, un minuto de silencio por las víctimas, un minuto especialmente emotivo en Manchester. La mayoría de las personas que perdieron la vida se encontraban alrededor del kamikaze, en un círculo casi completo. Con la explosión, el torso del terrorista fue lanzado hacia la entrada del estadio, lleno de familias y niños para disfrutar del concierto de Ariana Grande, ídolo de adolescentes. El recinto seguía ayer acordonado con policías armados.

Las cámaras de seguridad del centro comercial Arndale, ubicado a 700 metros del recinto, captaron a Salman Abedi tres días antes de hacerse explotar. Vestía de negro, con una gorra y la mochila que compró ese día, donde presuntamente cargó los explosivos. En el lugar de la explosión, la Policía encontró una mochila azul marca «Karrimor», idéntica a la de Salman. Dentro estaban los restos de un detonador manual, tuercas y tornillos utilizados como metralla y una batería de 12 voltios que fue la posible fuente de energía.