¿Se podría haber predicho lo que iba a hacer el copiloto?

Los biorritmos apuntan a que su ciclo emocional estaba en su mayor caída

EL CICLO DE LUBITZ.  Calculado a día de ayer, su ciclo emocional se había desplomado el día del siniestro y el intelectual estaba en su punto máximo
EL CICLO DE LUBITZ. Calculado a día de ayer, su ciclo emocional se había desplomado el día del siniestro y el intelectual estaba en su punto máximo

El copiloto Andreas Guenter Lubitz atravesaba un periodo de inestabilidad emocional que, según las pruebas, lo llevó a tomar la decisión de estrellar el vuelo. ¿Existe alguna técnica fiable que permita anticipar este tipo de comportamiento? Algunos creen que sí. Predecir el futuro es una ciencia reservada solamente a la descripción de eventos cíclicos que, por su naturaleza, se repiten con demostrada constancia y provocan los mismos efectos, por ejemplo, la rotación terrestre, que permite anticipar, sin lugar a dudas los ciclos diurnos y nocturnos del planeta. Comprobado a lo largo de milenios ésta, junto a otras teorías (entendida no como hipótesis, sino como la serie de leyes que sirven para relacionar determinado orden de fenómenos), es cierta sin importar el lugar o la persona que experimente el fenómeno. Por ello se toma como cierta. Y no vale hacer trampa. Es decir, no puede uno encerrarse en una habitación, apagar las luces y encenderlas para fingir o crear un ciclo día/noche propio y justificarlo con: «A mí me funciona».

Dicho esto, hay quienes han comenzado a señalar al biorritmo de Andreas Lubitz para explicar la naturaleza de lo sucedido. Algo muy natural en el ser humano, buscar una explicación racional (o que lo parezca) cuando algo escapa a su comprensión. Los biorritmos son un intento de predecir aspectos de la vida de una persona recurriendo a tres ciclos: el emocional, el físico y el intelectual. Según esta teoría, desde el día que nacemos, cada una de estas parcelas de nuestra vida sigue un ciclo de subidas y bajadas. El emocional completo dura 28 días, el físico, 23, y el intelectual, 33. Los dos primeros ciclos nacieron de la mente de un médico berlinés, Wilhelm Fliess, quien aseguraba que ciertos eventos se repetían en esos lapsos. Años más tarde, Alfred Teltscher, un profesor de la Universidad de Innsbruck, Austria, llegó a una conclusión suplementaria: sus alumnos tenían una capacidad de absorción de conocimientos que seguía una fase de 33 días de duración. Y así nacieron los tres ciclos.

Según los creyentes en esta teoría (ahora sí, como sinónimo de hipótesis que debe ser demostrada) cuando dos o los tres ciclos confluyen, se pueden dar días de extrema productividad (si es en la zona alta de la curva) o jornadas aciagas (si ocurre en la parte baja de la tabla). Las matemáticas muestran que mientras el ciclo doble de 23 y 28 días se repite cada poco más de año y medio (644 días para ser exactos) para que exista un amanecer negro, con los tres aspectos en baja, habría que esperar 58 años.

Son muchos los que confían en estos ritmos para regular sus quehaceres diarios, depositando su confianza en emprendimientos o reclusiones, según el subibaja de los ciclos. Y son los que señalan que, según la fecha de nacimiento (28 de diciembre del 87), el 24 de marzo pasado, su ciclo emocional estaba en el momento de mayor caída, mientras que el intelectual se encontraba en el lado opuesto. La combinación de estas variables, explicaría su conducta. El problema es que no todas las páginas web donde se puede calcular el biorritmo muestran las mismas constantes en esas fechas. Y eso es lo verdaderamente curioso, teniendo en cuenta que los ciclos son fijos. Pero debido a que no hay ningún fundamento científico que justifique la duración de los períodos y que un estudio de la Universidad de Nueva York ha analizado 134 investigaciones relacionadas con biorritmos y en todas ha encontrado errores estadísticos o metodológicos, la teoría se ha catalogado como no válida.