Política

Todos contra Donald Trump

El «establishment» republicano trata de limitar el impacto electoral del magnate tras el primer gran debate

Donald Trump, en el Club de Golf de Rancho Palos Verdes
Donald Trump, en el Club de Golf de Rancho Palos Verdes

Todas las miradas en EE UU se han dirigido a Cleveland (Ohio), donde los periodistas de Fox News, Chris Wallace, Megyn Kelly y Bret Baier, tenían como misión moderar el primer gran debate entre los candidatos republicanos a la Casa Blanca. A la cabeza de todos ellos, de forma sorprendente, figura Donald Trump, el multimillonario que encabeza las encuestas de las primarias, infatigable en su capacidad para avivar nuevas polémicas, como cuando esta misma semana solicitó al Partido Republicano que boicotee la financiación del Gobierno de EE UU y las agencias federales mientras continúen subvencionando a «Planned Parenthood», grupo de servicios sanitarios acusado por algunos medios de haber discutido la posible venta de órganos y tejidos de fetos.

O la promesa de que hará pagar a México para financiar el muro que planea levantar en la frontera, poco después de que llamara «criminales, violadores y narcotraficantes» a los ilegales mexicanos. Dichas palabras, de rebote, han provocado que el cocinero español José Andrés cancelara sus planes para abrir un restaurante en la nueva Torre Trump, ubicada en Washington D.C. No es para menos el pavor que el establishment republicano siente hacían un Trump que ha dado en televisión el número de teléfono privado de otro candidato, Lindsey Graham, y que según las últimas encuestas obtiene un 21% en intención de voto, mientras que Jeb Bush, el preferido por la vieja guardia del partido, apenas alcanza el 10%. Junto a Trump y Bush se sentaron los otros 8 candidatos mejor situados en los sondeos de las primarias, esto es, el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, Mike Huckabee, Ben Carson, Ted Cruz, Marco Rubio, Rand Paul, Chris Christie y John Kasich. Y mientras Trump continúa su pirómana quema de titulares, Bush, Walker y cia. pelean entre la evidencia de que necesitan neutralizar al imprevisto paracaidista o ignorarle.

Es precisamente Bush, el más cauto y mejor pertrechado de sus rivales, el que menos ha participado en la carrera por superar las estridencias del empresario con una fortuna estimada en 8.000 millones de dólares. Hijo y hermano de presidentes, casado con Columba, una mexicana nacida en Guanajuato, Bush habla español, aspira a recuperar el voto de los inmigrantes y puede presumir de un exitoso periplo como gobernador en Florida, donde gestionó de forma notable la bonanza económica del estado, redujo el déficit y sacó adelante un celebrado plan para proteger los everglades, los pantanos del sur de Florida, reino de una fastuosa diversidad biológica ensombrecida por la especulación inmobiliaria.

Por si acaso las encuestas insisten en darle la espalda Bush sustituyó a su director de campaña, David Kochel, al que ha encomendado otras tareas, por Danny Diaz, que colaboró en el pasado con su hermano George W. y con McCain.Y frente a las políticas moderadas, de corte centrista en muchos asuntos, que pretenden reparar la crisis del voto hispano y joven de los republicanos y tienen en cuenta los problemas medioambientales, están candidatos como el ex gobernador de Arkansas, Mike Huckabee, que ha explicado que el acuerdo con Irán llevará «a los israelíes hasta la puerta del horno crematorio». También esperan su oportunidad hombres como el ya citado gobernador de Wisconsin, Scott Walker, de 47 años, y que cuando presentó su candidatura explicó que «los americanos merecen un líder que luche y gane por ellos».