Política

Trump enfría su retirada de Siria tras el clamor interno

El presidente asume, por el momento, las condiciones de Bolton sobre el Estado islámico y los kurdos.

Soldados norteamericanos y soldados democráticos sirios en una incursión conjunta en la frontera con Turquía
Soldados norteamericanos y soldados democráticos sirios en una incursión conjunta en la frontera con Turquía

El presidente asume, por el momento, las condiciones de Bolton sobre el Estado islámico y los kurdos.

La Casa Blanca es una vez más el hotel de los líos. Al mismo tiempo que arreciaba el temporal político a cuenta del cierre de la Administración federal, el consejero de Seguridad Nacional, John R. Bolton, matizaba de forma radical los planes de abandonar Siria. Según informó el «New York Times», básicamente puso condiciones a una estampida que, de confirmase, alteraría profundamente los planes iniciales del presidente Trump. De viaje oficial en Israel, el hombre duro de la política militar estadounidense explicó ante la prensa que su país no dejará Siria hasta que el Estado Islámico haya sido destruido por completo. También estima necesario garantizar que el Gobierno turco no ordene bombardear a las milicias kurdas, aliadas de EE UU en la lucha contra el yihadismo islámico y permanente foco de fricción con Ankara. «No creemos que los turcos deban de emprender acciones militares que no estén totalmente coordinadas y acordadas por Estados Unidos», explicó Bolton, «como mínimo para que no pongan en peligro a nuestras tropas». Para entender la relevancia de este mensaje hay que remontarse apenas dos semanas. Cuando Trump anunció por sorpresa que EE UU dejará de estar presente en Siria y reducirá en más del 50% la presencia militar en Afganistán. Nada nuevo para quien haya seguido la línea ideológica de un Trump alineado en este sentido tanto con el ala más aislacionista de los republicanos como, curiosamente, con los sectores más progresistas del partido demócrata. Unos y otros hace años que piden la salida del Ejército de EE UU de las guerras en Asia, y especialmente en Afganistán, donde el conflicto, camino de cumplir 18 años, es ya el más largo en la historia del país. Ni que decir tiene se trata de una estrategia de la que vienen desaconsejando tanto el Pentágono como todos los asesores militares del presidente, empezando por la panoplia de prestigiosos generales reclutados en su gobierno. Pero ya no está nadie. Ni el ex general Michael Flynn, efímero consejero de Seguridad Nacional arrastrado por el Russigate, como su sucesor, el también general H. R. McMaster. Tampoco está el general John Kelly, que sucedió a Reince Priebus como jefe de Gabinete de la Casa Blanca. Ni por supuesto James Mattis, convencido desde siempre de que la Administración Obama había pecado por omisión tanto en el caso de Siria como en el de Irán: lo que se necesitaba era una estrategia muchísimo más decidida y enérgica, tanto frente a Hizbulá como ante el tirano Asad y por supuesto ante la voracidad de un Vladimir Putin encantado de jugar con las contradicciones e incomparecencias de su gran rival. Así que cuando Trump anunció que sacaría más de 7.000 soldados de Afganistán del primero y dejaría en cero en la presencia militar en Siria el entonces secretario de Estado, Mattis, respondió con una carta inaudita. Una dimisión explosiva en la que entre otras cosas le explicaba que «usted tiene el derecho de contar con un secretario de Defensa». Y como en el caso de este gobierno las peleas llegan siempre multiplicadas, tanto ante los enemigos exteriores como dentro de sus propias filas. En el momento de cerrar estas líneas la administración federal seguía y sigue cerrada. Tampoco había cambiado la idea que el presidente tiene de la prensa: «Los medios de noticias falsas de nuestro país son el verdadero partido de la oposición. ¡Son verdaderamente el enemigo del pueblo! ¡Debemos devolver la honestidad al periodismo y al reportaje!». Se refería, claro, al New York Times que habría escrito, «a sabiendas», «una historia muy inexacta sobre mis intenciones en Siria». Según Trump no existe contradicción alguna entre las declaraciones de Bolton y las que suyas propias, que provocaron la dimisión de Mattis. Propaganda. Infundios.