Tsipras o la austeridad sin corbata

El primer ministro griego Alexis Tsipras saluda hoy en Atenas un acto de Syriza.
El primer ministro griego Alexis Tsipras saluda hoy en Atenas un acto de Syriza.

Un año después de llegar al poder, un 62% de los griegos rechaza la gestión del primer ministro, que ha renunciado a su programa izquierdista para mantener a Grecia en el euro.

Poco ha cambiado en Grecia tras el primer año en el poder del izquierdista Alexis Tsipras. Los agricultores bloquean autopistas, mientras autónomos y funcionarios se manifiestan contra la última reforma fiscal y de pensiones exigida por la troika a cambio del tercer rescate.

Tras ganar hace un año las elecciones con el 36,6% de los votos con su promesa «de poner fin al programa de ajuste y reformar la UE», el primer ministro heleno, como sus antecesores conservadores y socialdemócratas, ha tenido que abrazar las reformas para evitar la bancarrota del país tras jugar durante seis meses al gato y al ratón con Bruselas. Primero trató sin éxito de relajar el memorándum con la troika (Unión Europea, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional) con su poco diplomático ministro de Finanzas, Yanis Varufakis. Sin embargo, tras cerrar el grifo el BCE a Atenas en mayo y dejar al país al borde de la bancarrota, Tsipras aceptó en julio un tercer rescate de 86.000 millones de euros poco después de ganar un referéndum en que los griegos habían rechazado, paradójicamente, más recortes.

Pese al magro balance de su primer año en el Gobierno, Tsipras reunió ayer a sus seguidores en un estadio de Atenas bajo el lema «Un año de izquierda, un año de lucha. ¡Continuaremos!» La herencia económica recibida sirvió al líder de Syriza para justificar su repentino espíritu reformista. «No fuimos el Gobierno que provocó una caída de nuestra economía del 25%, pero somos los que tenemos que actuar con responsabilidad. Un país con una población activa de menos de cuatro millones de personas no puede sostener a 2,5 millones de pensionistas», dijo.

La reforma fiscal y de pensiones ha supuesto otra vuelta de tuerca sobre una población hastiada tras seis años de crisis. Para hacer frente a su compromiso de reducir el déficit público este año un 1% del PIB (1.400 millones de euros), Atenas prevé reducir las nuevas pensiones un 36% e igualar el IRPP y las cotizaciones de autónomos y agricultores con el resto de trabajadores. Con una escasa mayoría de tres diputados, la coalición de Gobierno necesitará el apoyo de la oposición para aprobar las reformas.

Consciente del malestar social, Tsipras tendió ayer la mano a los manifestantes: «Estamos abiertos al diálogo y estamos dispuestos a mostrar flexibilidad. La reforma de las pensiones puede ser mejorada, pero hay que seguir adelante».

Lejos de hacer autocrítica, el líder izquierdista se sintió orgulloso de haber evitado la salida de Grecia del euro, aunque reconoció el alto precio para los griegos. «Si hubiéramos optado por el ‘Grexit’, no sólo habríamos fracasado sino que habríamos convertido a nuestros compañeros en el resto de Europa de críticos de la austeridad a promotores de ella», explicó.

Lo cierto es que al giro de 180 grados de Tsipras contribuyó el escaso eco que tuvieron sus propuestas entre los líderes del sur, con los que aspiraba a formar un frente contra Alemania. Portugal y España, ambos con gobiernos conservadores en esos momentos, se mostraron muy duros con las nuevas autoridades griegas ante el temor a que sus esfuerzos de austeridad no fueran valorados por Bruselas. En la izquierda, el presidente francés, François Hollande, y el primer ministro italiano, Matteo Renzi, fueron más comprensivos con Tsipras, pero le recordaron aque Grecia debía cumplir con los compromisos contraídos.

Estos bandazos, que precipitaron la salida de Syriza del sector más izquierdista, ha desgastado al Gobierno. Según un sondeo del diario «To Vima», los conservadores de Nueva Democracia ganarían hoy las elecciones con un 30% de los votos, frente al 29% que obtendrían los izquierdistas. Asimismo, la gestión de Tsipras es rechazada por el 62,1% de los griegos. Idéntico porcentaje se decanta por que Syriza encabece otra coalición para afrontar las reformas.