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Segunda matanza en once días

El autor del tiroteo murió en el interior del bar

Al menos 13 personas han muerto en un tiroteo perpetrado por un individuo en un bar de la localidad californiana de Thousand Oaks, donde se celebraba una fiesta universitaria.

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Geoff Dean, «sheriff» del Condado de Ventura, comentó que «es una escena horrible. Hay sangre por todas partes». Lo dijo con la voz rota. Tratando de describir a la Prensa el dantesco escenario de la última masacre en Estados Unidos. Entre los fallecidos estaba uno de sus hombres, el sargento de la oficina del «sheriff», Ron Helus. Casado y padre de un hijo. estaba a punto de jubilarse tras 29 años en la Policía.

El tiroteo del bar Borderline, en Thousand Oaks (California) arrojó un saldo de trece muertos. Incluido el asesino, Ian David Long, que, al parecer, se habría suicidado. Long tenía 28 años. Era un respetado veterano de los marines. Artillero condecorado. Tirador de primera. Con experiencia en combate. Estuvo en la guerra en Afganistán.

Según los medios, el veterano de guerra inquietaba a sus vecinos. Vivía con su madre. Hablando del hombre, el «sheriff» Dean explicó a los periodistas que el pasado abril la Policía acudió a la casa familiar. Se personó después de recibir una llamada avisando de un «asunto inquietante». «Hablaron con él», relató Dean. «Estaba algo furioso. Actuaba de una forma un poco irracional. Llamaron a nuestro equipo de intervención en crisis, los especialistas en salud mental, que se reunieron con él y le dieron el alta».

Ni los agentes ni los sanitarios consideraron que el hombre fuera un peligro. Quizás lo era para sí mismo, pues numerosas fuentes apuntaban a que podía sufrir estrés postraumático. Desde luego, aunque nadie pudo preverlo, acabó siéndolo para sus semejantes. Entre otras medallas Long recibió la de la Guerra contra el Terrorismo, el Lazo en Acción de Combate, la medalla por el Servicio a la Defensa Nacional y otra más por buena conducta. Incluso había sido condecorado por la OTAN.

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El incidente se produjo en torno a las 23.20 horas en el Borderline Bar & Grill, donde el presunto autor, encapuchado y vestido completamente de negro, abrió fuego en primera instancia contra el portero, entró en el local y descargó contra más empleados, antes de disparar indiscriminadamente dentro del club, explicó a los medios el «sheriff». En el interior del bar se celebraba una fiesta juvenil a la que acudieron centenares de personas. Su página web señala que las noches de los miércoles se celebran las denominadas «College Country Nights» entre las nueve de la noche y las dos de la madrugada.

Según los testigos, se escucharon varios disparos en el interior del local, lo que provocó el pánico y que muchos de los clientes se abalanzaran a la salida mientras otros buscaban refugio. Además, varios de los presentes aseguraron que el agresor empleó bombas de humo en el interior. «Tiró granadas de humo por todas partes. Vi cómo apuntaba por la espalda a la chica que estaba en la caja registradora. No paraba de disparar», dijo John Hedge, residente de Moorpark, a la cadena local ABC7.

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De los 25 heridos, 23 son leves y acudieron a los hospitales por su propio pie, mientras que otras dos personas fueron transportadas en ambulancia, indicaron los Bomberos. Thousand Oaks es la segunda ciudad más grande del condado de Ventura, en el sur de California, parte del área de Los Ángeles y a unos 64 kilómetros del centro de la ciudad. La población ronda los 130.000.

A las pocas horas del tiroteo de California, arreciaron los llamamientos para endurecer la compra-venta y la posesión de armas a nivel nacional. De poco habría servido la firmeza del Estado. La senadora demócrata Dianne Feinstein respondió criticando a quienes arguyan que la ley no había impedido la masacre. A su entender, es necesario una actuación federal. «Sin regulaciones federales de armas más estrictas, California no puede evitar que entren armas de otros Estados. Sin leyes más estrictas, un presunto asesino apenas tiene que levantar un dedo para comprar una pistola. Algunos dirán que necesitamos más armas, no menos, una petición absurda en un bar lleno de estudiantes con guardias de seguridad donde murió un sargento de Policía armado».

El debate del control de armas

Para Fenestein es pronto para comentar los detalles, abundar en los antecedentes del asesino y especular con sus móviles, pero no para explicarle a la opinión pública que «sí sabemos cómo empezar a reducir la frecuencia de estos asesinatos. Lo que nos falta es la fortaleza intestinal de los republicanos del Congreso y del presidente Trump para decir que ya es suficiente». También acusó a los republicanos y a la Casa Blanca de estar temerosos ante la Asociación Nacional del Rifle. De actuar más como aliados y portavoces del «lobby» de las armas que como defensores de la vida de los ciudadanos. Hasta que nada cambie, hasta que no se produzca un corte radical en las políticas respecto a las armas, «veremos más Thousand Oak», lamentó la senadora.

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Por su parte, Trump había celebrado en un tuit el coraje del oficial muerto y la «gran valentía demostrada por la Policía. La Patrulla de Carreteras de California estaba en la escena a los tres minutos, y el primer oficial en entrar recibió varios disparos. Ese sargento del «sheriff» murió en el hospital. Dios bendiga a todas las víctimas y a las familias de las víctimas. Gracias a la aplicación de la ley».