Westminster rechaza un receso durante el congreso "tory"

La oposición esgrime que, a un mes del Brexit, la situación no permite suspender las sesiones de los Comunes.

Dominic Cummings, principal asesor de Boris Johnson, a su llegada ayer a Downing Street
Dominic Cummings, principal asesor de Boris Johnson, a su llegada ayer a Downing Street

La oposición esgrime que, a un mes del Brexit, la situación no permite suspender las sesiones de los Comunes.

Está claro que la oposición y los «tories» rebeldes no están por la labor de hacer la vida fácil al primer ministro británico, quien sigue asegurando que sacará a Reino Unido de la UE «con o sin acuerdo» el 31 de octubre. Boris Johnson cosechó ayer otra derrota en Westminster después de que la Cámara de los Comunes rechazase su petición para tener un breve receso que permitiera acudir a los diputados «tories» al congreso anual que el Partido Conservador celebra a partir del domingo en Manchester.

Todos los otoños, el Parlamento suspende su agenda durante tres semanas para que sus señorías puedan acudir a las conferencias de sus respectivas formaciones. A diferencia de la polémica derogación que impuso el líder «tory», durante el receso sus señorías pueden seguir con sus actividades manteniendo, por ejemplo, reuniones.

Pero, en un nuevo y simbólico golpe contra las aspiraciones del primer ministro, la Cámara Baja rechazó su propuesta por 306 votos en contra frente a 289 a favor. Es la séptima derrota cosechada por Johnson de las ocho votaciones que se han llevado a cabo en el Parlamento desde que en julio se mudara a Downing Street.

El congreso anual del Partido Conservador se llevará igualmente a cabo. No podía cancelarse porque es una de la citas más importantes para recaudar fondos. Pero, al cierre de esta edición, había muchas dudas sobre su desarrollo porque se dio a entender que Johnson estaría el miércoles en el Parlamento para la sesión rutinaria de preguntas de los diputados cuando supuestamente tiene que dar su discurso en el congreso anual.

La oposición argumentó su rechazo explicando que son momento cruciales por la inminencia del Brexit, proceso sobre el que Johnson ha perdido el control en Westminster. La «Ley Benn» obliga ahora al «premier» a pedir una nueva prórroga a Bruselas si el Parlamento no ha ratificado un acuerdo de salida el 19 de octubre.

El Gobierno quiere evitar pedir una nueva extensión a toda costa. Su plan es forzar elecciones anticipadas, pero la oposición quiere antes descartar por completo el escenario de divorcio caótico para Halloween. En este sentido, el presidente de la Cámara, John Bercow, aseguró ayer que los comicios no podrían celebrarse ya, como pronto, hasta el 5 de noviembre, debido a los plazos que marca el calendario electoral.

En cualquier caso, Johnson está mostrando una actitud de lo más desafiante y dice sin tapujos que no cumplirá la ley que le exige ahora pedir otra prórroga en caso de que no haya pacto. El «premier» dejó muy claras sus intenciones durante el intenso debate que se alargó el miércoles hasta altas horas de la noche.

El lenguaje del líder «tory» fue de lo más agresivo tachando la Ley Benn de «ley de rendición» o acusando de «traidores» a la oposición. Los diputados le advirtieron de que su tono solo incrementa el odio en la calle en uno de los momentos más delicados para el país, ya que las amenazas a los parlamentarios se multiplican.

La laborista Jess Phillips, una de las que precisamente había denunciado el tono del «premier», tuvo que cerrar ayer su oficina después de que la Policía detuviera a un hombre que amenazó y llamó a política «fascista». La propia hermana del inquilino de Downing Street, la periodista Rachel Johnson, le acusó ayer de emplear lenguaje «de mal gusto» y su tribuna parlamentaria como «el púlpito de un acosador» para «fomentar apoyos» entre el electorado a su plan de Brexit.