John Turturro: «Mi barbero me dio la idea de dirigir a Woody»

El actor dirige, interpreta y es guionista de «Aprendiz de gigoló», una comedia romántica con tintes de fantasía erótica, aunque aclara que su única intención era trabajar con el autor de «Hanna y sus hermanas».

La crisis afecta al librero Murray (personaje que interpreta Woody Allen), quien convence al florista Fioravante para que se dedique a conquistar a mujeres maduras

No hay duda de que a John Turturro le gustan las mujeres, y con su último ejercicio cinematográfico se ha dado un baño de consideración con algunas de las más selectas. En vez de una comedia desenfadada, lo suyo en «Aprendiz de gigoló» parece una compleja fantasía erótica llevada a la gran pantalla, el sueño de muchos hombres corrientes con atractivo sexual sin explotar. Aun así, echa balones fuera y confiesa que su guión, que protagoniza y dirige, no tenía un ápice de maldad ni de intento deliberado de levantarle el ego, como ya ha escuchado comentar en varios corrillos, sino la simple intención de trabajar con un hombre al que admira desde hace décadas: Woody Allen. «En realidad, no le conocía demasiado bien, pero siempre he sabido que le gusta mi trabajo», confiesa orgulloso Turturro, que logró hacerse con un pequeño papel en 1986 en una de las grandes obras del realizador neoyorquino, «Hannah y sus hermanas». «Sabía que le gustaba mi trabajo y Anthony, mi barbero, me seguía diciendo que los dos funcionaríamos bien en una película», asegura el actor y director. Y en realidad es cierto, porque en ese aspecto la cinta fluye, como si fuese una más de Allen en algunos pasajes. Quizá por el cariz de la historia, con ese punto retorcido que suelen tener las elucubraciones del director de «Annie Hall», o tal vez por las inconfundibles calles de Nueva York en otoño. O simplemente porque Allen vuelve a hacer de Allen una vez más.

«Si John me hubiera dado un guión en el que tuviese que hacer de policía o algo así, no hubiera sido capaz porque en realidad no soy actor, pero esto es algo de lo que me pude encargar», dice Allen sincero, ejecutando con sus gestos característicos el papel de Murray, amigo de un hombre de mediana edad (Tuturro) que trabaja en una floristería y al que convence para unirse a un «menage a trois» con dos conocidas suyas.

De ahí surge la idea de hacerlo pasar por un gigoló profesional, Fioravante, que de forma inesperada encaja a la perfección con su nuevo papel. Y en esas comienza el paulatino desfile de rostros femeninos en pantalla, desde Sharon Stone hasta Sofía Vergara y pasando por la también cantante Vanessa Paradis. No hay duda de que Turturro se ha dejado llevar por las ínfulas de otros colegas como le sucediera a George Cukor, con una clara inclinación hacia las mujeres en sus películas. De él dijeron siempre que era el mejor director de actrices que había pasado por Hollywood, manejando los destinos de Audrey Hepburn en «My Fair Lady», de Greta Garbo en «La dama de las camelias» o incluso de Vivien Leigh en «Lo que el viento se llevó», pese a que acabara enfrentado con David O. Selznick y tuviera que dejar su puesto a Victor Fleming.

Gama de retratos

A Cukor no lo cita directamente Turturro pero sí a otros que siguieron pasos similares en lo tocante a mujeres en pantalla, «gente como Ingmar Bergman, Jean Renoir, Truffaut y Louis Malle, que son algunos de mis directores favoritos porque crearon personajes femeninos muy vívidos», dice. En general, lo suyo son las mujeres cinematográficamente hablando. «Me interesan más que los hombres», apunta. «He trabajado muy de cerca con ellas en las películas que he dirigido. Son más interesantes, y si pudiera hacer cinco largometrajes seguidos nunca haría uno solo de hombres. No quiero ver una película así». Con esta, en concreto, se pudo dar el lujo de elegir, una poderosa gama de retratos que encajaran con los personajes de su guión, empezando por una mujer madura y con mucho dinero, con los 50 ya cumplidos, pero aún notoriamente atractiva, como Stone. O una latina efervescente, encarnada por alguien similar en la vida real, Vergara, además de alguien que poseyera un halo misterioso, una judía ortodoxa de Williamsburg (un barrio de Brooklyn) interpretada por la ex de Johnny Depp.

«Quería que lfueran muy diferentes: pequeñas, grandes, negras, blancas, hispanas, mujeres que evocaran diferentes cosas», declara. Las dos primeras, Stone y Vergara, ayudan a reforzar el planteamiento, pero con el personaje de Paradis se establece un romance que delata la verdadera naturaleza del personaje. De ahí la dificultad que Tuturro le vio más allá de la diversión inicial de convertir a un hombre corriente en todo un gigoló de altos vuelos en Manhattan: «Fioravante es un papel maravilloso, pero difícil, porque tiene un poco de ligereza y otro tanto de pesadez, por lo que debía de haber ternura en medio de esos polos». Al final, ese término medio se acaba imponiendo de alguna forma en una película que deja buen sabor de boca sin ser brillante, ni mucho menos, con la mano de Woody Allen en algunos compases del guión y un hombre agradable en pantalla como Turturro, que parece haber disfrutado de la travesía. No era para menos, habiendo compartido cama con Sharon Stone y Sofía Vergara, aunque solo haya sido en sentido figurado.