La segunda juventud de Murnau

Miguel Gomes se inspira en «Tabú», del maestro del cine mudo para su nuevo filme

Un fotograma de «Tabú»
Un fotograma de «Tabú»

A los más cinéfilos, el título les sonará. Murnau terminó de rodar su última película, «Tabú», en 1931, poco antes de morir en un accidente de coche. La cinta, que tiene grandes similitudes con la de Miguel Gomes, surgió de un viaje por el sur del Pacífico que realizó en compañía de Robert Flaherty. La falta de acuerdo entre ambos cineastas hizo que el documentalista renunciara a la coautoría. El viaje de Gomes es, sin embargo, muy distinto: desde el realismo social de la Lisboa contemporánea al romanticismo de la época colonial. «Quise mostrar un fuerte contraste entre las dos partes. La primera, marcada por la vejez, la soledad y la conciencia social. La segunda, por su parte, muestra la diversión de la juventud, la inconsciencia de la rapidez con que se acaba su "paraíso"», explica el director, que con su anterior largometraje, «Aquel querido mes de agosto», participa en la Quincena de Realizadores de Cannes y le valió una docena de premios en más de cuarenta certámenes.

Como Murnau, Gomes dividió su cinta también en dos partes y con el mismo nombre, «Paradise» y «Paradise lost», sólo que en orden invertido. Ambas narran la historia de un amor prohibido y Gomes incluye escenas similares a las que rodó el maestro del cine mudo. ¿Un tributo? «No. ¿Quién soy yo para homenajear al cine? Cuando alguien cuenta algo se acuerda de las imágenes pero no de las palabras –explica el director sobre la ausencia de diálogos en algunas escenas–. Es una manera de acercar el cine mudo, no para copiarlo, sino para rescatar su sensibilidad. He imitado el "look"y rodado de la misma forma para retratar un mundo colonial que no existe igual que un cine, el mudo, que también ha desaparecido», añade.

Una ensoñación

El amor al cine, el desinteresado, el pasional, el romántico, el convencional, el altruista... Todos estos tipos de amor están en «Tabú», donde el director sugiere que la pasión amorosa pertenece al ámbito de la ficción, es una ensoñación. «El amor más intenso es el que uno tiene en la memoria. El "paraíso"sólo existe ahí, en el pasado, de ahí la importancia del concepto de "paraíso perdido". Los años de la juventud y del amor no vuelven», explica Gomes. Lo que no es amor ni un ejercicio de nostalgia, es actualidad, realismo social, y que ocupa la primera parte de la cinta para, después, mostrar el contraste con la vida colonial romántica e ideal, entregada a la felicidad y el placer. «Vivimos una época bastante mala; una enorme tristeza lo inunda todo. Además, existe una conciencia mayor de la dificultad de solucionar los problemas. Parece que ya no valen ni rezos ni manisfestaciones. Sin embargo, la función del cine es mostrar conexiones, como en el caso de estos dos períodos históricos de Portugal, para, después, no dar soluciones», asegura Gomes.