Una tiara pagada a plazos

Doña Letizia la estrenó en el momento oportuno, porque el protocolo exigía joyas y condecoraciones.

La realeza europea se quedó boquiabierta ante el estilo de la Reina Letizia el miércoles durante las celebraciones del 75º cumpleaños de Margarita de Dinamarca. Su aparición, del brazo de Felipe VI, en la cena de gala en el palacio de Chistiansborg con un vestido de seda blanca con bordados de florez azabache de Felipe Varela, fue espectacular, pero nada comparado con la tiara que seis años antes le había regalado el entonces Príncipe de Asturias para celebrar su quinto aniversario de bodas. La Razón ha hablado con el periodista y escritor Fernando Rayón para entender la trascendencia de la tiara «Ansorena» o «de la princesa».

EN EL MOMENTO OPORTUNO

No es de extrañar que Doña Letizia haya elegido este momento concreto para estrenar la tiara. Según Rayón, «no lo hizo por levantar ninguna polvareda mediática, sino porque era oportuno porque iban a asistir familias reales de toda Europa. Además, la cena de gala incluía joyas y condecoraciones; el protocolo lo exigía. Creo que ella se puso algo que es de su propiedad, que fue un regalo de su marido y que en algún momento tenía que estrenar, y creo que fue el momento apropiado».

INCLUSO BARATA

«Es bastante razonable y creo que no es ningún disparate que la hayan pagado a plazos», explica Fernando Rayón, que continúa diciendo que «hay mucha gente que compra las joyas así». Acerca de su precio, unos 50.000 euros, argumenta que «no la veo excesivamente cara, incluso la considero barata». En cuanto a si con ese gasto ya ha terminado de pagarse, el periodista aventura que «seguro que sí: por eso se la ha puesto».

¿POR QUÉ AHORA?

La tiara lleva guardada desde 2009, cuando el Rey Felipe se la regaló a Doña Letizia para celebrar sus cinco años de casados. «Creo que hasta ahora las circunstancias han sido complicadas, con una crisis económica, y, aunque había dejado de ser Princesa de Asturias para ser Reina, era razonable», destaca Rayón, que apunta a que, «de hecho, es alguien que tiene que llevar una tiara de vez en cuando, pues es una Reina. Ella no tenía un joyero propio cuando pasó a ser Princesa de Asturias, ni cuando se convirtió en Reina». Pero tanto el tema de los plazos como el del momento del estreno tiene raíz, según el periodista, en algo que le contó la Infanta Cristina de Borbón y Battenberg que «ya hizo Doña Sofía: Don Juan Carlos, se enteró por su tía, la condesa de Marone, Cristina de Borbón y Battenberg, que iba a vender una tiara que había heredado de su madre, la Reina Victoria Eugenia. Era un encargo a la casa Cartier en París. Era muy espectacular y el entonces Rey le dijo que no la vendiera sino que él se la compraba a plazos porque no tenía dinero». Y continúa: «Hasta que Don Juan Carlos no acabó de pagar la pieza, Doña Sofía no la estrenó y en un viaje a Tailandia aprovechó para hacerlo».

UN SIGNIFICADO ESPECIAL

Rayón sí cree que la joya posee características que la hacen especial, porque «la diseñó la casa Ansorena recordando o imitando la famosa diadema de Ansorena, también llamada «de las flores de lis». Es la que lleva Doña Sofía en las grandes ocasiones y es la más aparatosa porque es muy alta».

ADECUADA y SIN RECARGAR

«Me parece una joya adecuada a Doña Letizia porque en la actualidad se hacen menos pesadas; de hecho, la que más le gustaba a la Reina Sofía era de platino, que pesa mucho menos que el oro y la plata. Además, ésta es ligera en apariencia: tiene altura también, pero hay tiene huecos y no está completamente llena de piedras». Es posible que desde este momento la joya se una a las habituales de la Reina Letizia, que, como explica Rayón, «ya tiene la joya familiar que le regaló Don Felipe en la petición de mano y unos pendientes de brillantes que le entregó Don Juan Carlos. Empieza a tener joyas de cierto valor, más las que le presta la Reina, «las joyas de pasar», que Victoria Eugenia dejó a Doña María para que ella se las diese al Rey Juan Carlos, son 10 piezas que ya son propiedad de la Reina».