¿Estamos locos o qué?

En el Museo del Traje fotografiada por Hubertus
En el Museo del Traje fotografiada por Hubertus

Los ánimos están muy levantiscos por los acontecimientos que estan sucediendo en nuestro país. Empezaré por la forma en que se han quitado de en medio a Cifuentes. Me parece de una bajeza y crueldad que daña mi sensibilidad. El ejercicio de la política más cutre que pueda existir. No niego la veracidad de los hechos ni su importancia, pero qué necesidad había de difundir ese video. ¿Necesitaban darle la puntilla final y humillarla con unas imágenes demoledoras que tenían guardadas desde hace siete años? ¿A cuento de qué viene ahora ese vídeo?

Lo único que realmente sé, es que querían destruir a Cifuentes. ¿Desde dónde se realiza este acoso y derribo? ¿Caza de brujas al más puro estilo McCarthy? Poco me importa si procede de su propio partido, el PP, de Ciudadanos o del PSOE. Lo que me importa es la descomposición del sistema sin ninguna ética ni moral, esta forma de ejercer el poder para conservarlo o el quítate tú para ponerme yo, que es intolerable. Este proceso ha estado jaleado por la Prensa, que parece regocijarse con las desgracias ajenas. Durante un mes, mañana, tarde y noche la han perseguido sin descanso por dos asignaturas de un máster que dieron lugar a investigar a sus señorías y aparecieron carreras y doctorados en sus currículums que nunca existieron, pero nadie movió una ceja. Llevamos años de corrupción y robos a mansalva por parte de políticos de diversas ideologías. A la hora de «trincar», España es muy coherente, y si no vean lo ricamente que está la familia Pujol. Esta inseguridad en la Justicia de nuestras instituciones y la diferente vara de medir parece no darse tregua.

Porque, ¿qué opinan ustedes de la sentencia a esos cafres de «La manada»? Lo único coherente es el nombre... Una manada de bestias, lo más alejado de la hombría, y no me vale que echen la culpa al alcohol. No tengo que explicarles la barbaridad de los hechos porque ya lo saben, pero sí hacer una reflexión de cómo unos jueces pueden decidir que no es violación, que es abuso. Ni siquiera agresión sexual, cuando varios energúmenos penetran a una mujer pidiendo turno, grabándolo y sintiéndose eufóricos por ello. Quizá la educación sexual de España se aprende con vídeos porno. Algo debemos estar haciendo mal para que cada vez haya más violaciones y que muchos piensen que las mujeres somos un objeto de uso y consumo.

Y para rematar la semanita, la historia de dos niñatos cursis y almibarados que van a representar a España en Eurovisión con una canción de amor y se regalan libros con el título de «España de mierda», acompañado en la portada de la estelada. El autor del título y del libro en cuestión es un ser deleznable y enloquecido que se llama Albert Pla. Parece ser que les encanta a la parejita. ¿Estamos locos o qué? Yo no estoy dispuesta a que nos represente un pánfilo, que se llama Alfred García Castillo, pero que nos ha salido independentista y odia España. Estamos pagando su promoción con nuestros impuestos y en mi opinión deberíamos negarnos a que nos representen.

Me hubiese gustado escribir sobre lo agradable de tener unos días de vacaciones por delante, lo delicioso que parece que se está poniendo el tiempo y la invasión de preciosas Meninas que tenemos en Madrid, pero, como dice el refrán, «no está el horno para bollos».