¿Gafe o dejadez? Los males de Pantoja

«Los asuntos de la tonadillera siempre dan tema para una comidilla, posibilidad de juego, admiración o repulsa»

Isabel Pantoja, en el concierto de Las Palmas, el último que ha dado
Isabel Pantoja, en el concierto de Las Palmas, el último que ha dado

«Los asuntos de la tonadillera siempre dan tema para una comidilla, posibilidad de juego, admiración o repulsa»

Nadie les gana a cumplidoras, incluso aunque su cuerpo ya no aguante. Así lo demostró la cumplidora madre, María Teresa Campos. Terelu y su hermana Carmen, que peligrosamente gana entusiastas, aunque haya para todas, volvieron de viaje justo para no perderse el 37 aniversario de su íntimo amigo –más de Terelu–, Kike Calleja. Tuvieron tiempo para echarse una buena siesta, tras aterrizar a las seis de la mañana de su corto viaje a la América más española: Chile y Argentina. Empezaron por Buenos Aires. «No hay nada para comprar», me detallaron y casi me infarto. A Terelu le pareció una ciudad bulliciosa y ensordecedora, por lo que dice que disfrutó más del paisaje que del paisanaje, aunque tengan mozos de físico tan rotundo como el de los tangueros. Personalmente, siempre digo que la capital porteña es un compendio o fusión de París y Barcelona. La misma am-
plitud urbana, los 80 teatros permanentemente abiertos, las enormes librerías vendiendo todo el día, los mismos y abundantes portales relucientes y suntuosos, tan del Ensanche barcelonés, con edificios muy parisinos. Semeja un zona del «Quartier Latin», especialmente en los aledaños de la embajada francesa de aquella capital. Más que España, semeja Francia.

Sin apenas tiempo para echarse unos relucientes abalorios encima, las hermanas, esquivando los ya 102 kilos de Juan Golosina, llegaron al «birthday» de su íntimo, que en tiempos pudo haber sido yerno de María Teresa su suegra. Ella lo hubiera aprobado, aunque falló a la noche festejadora por no quitarse de encima el «jet-lag».

«Y eso que ella durmió cada noche con su novio, Edmundo, que ya no sabía qué hacer para tenernos contentas», agradecían envidiosas sus criaturas, con una Terelu muy aliviada de sus típicas hinchazones, resultado del tratamiento tomado para el superado cáncer. La cita de Kike Calleja siempre es un jolgorio porque lo quieren bien, auténticamente y sin dobleces. Se vio en el picoteo que remató tal juerga amistosa, donde fue tema los dos nuevos programas de «Las Campos», ya casi docena, cuando no las suponían más de uno. Cada uno cuesta 60.000 euros, pues viajan diez personas del equipo. Belén Esteban pedía tranquilidad para su novio Miguel. La tertuliana vestía pantalón dorado receñido y posó junto a una Chelo Garcia-Cortés de semblante sereno y verde mirada luminosa, resultados de cómo y lo bien que la cuida su esposa Marta. Son adorables. Tanto Isabel Pantoja como Gustavo González, en boca de todos, eran la comidilla. Hubo que cortar.

«No sé que hacer con María Lapiedra», pareció reconocer no sé si harto de amor o de hartura ante un montaje que le sirvieron en bandeja sin que le hiciera ascos. Me atreví a decirle «paciencia» y me lo agradeció moviendo cansinamente la cabeza, como si despechugado fuera a rendirse, aunque es un peleón. Pero está enamorado, convencido y cegado, y así seguirá, sin moverse del sitio.

Lagarto, lagarto

«Ella es mucho más joven que yo, tengo que pensar en eso», justificó quizá resuelto, mientras otros, la mayoría en realidad, ennoblecían más los cuarteles heráldicos de Isabel Pantoja. Incluso lanzaban hirientes propuestas para enriquecer los cuarteles: «Sobre gules y damascos de lunares, podría añadir bien grandes, espaciadas y letra letra, para que se lea bien, lo de ¡gafe!». Es calificativo bien ganado a pulso por dejadez en el momento de solicitar el visado, con lo que por Estados Unidos son con el papeleo. Lo toman todo lo serio que se merece, no como aquí. «Gafe», gritarían a coro las mujeres del arroyo como si fuesen lorquianas, dale que te pego a la plancha de escurrir. «Gafe» pintado por las paredes. «Gafe» de por vida, tan remarcado que las intencionadas letras del poeta Rafael de León, que curaba agravios convirtiéndolos en letrilla que iba, viene y son, hicieron historia como si nadie las pariese. Son los cantes que quedan en el pueblo, los mas auténticos y duraderos, y no me doy de filósofo, aunque el nueva caso Pantoja hace tocar madera. Lagarto, lagarto. Con la maleta hecha para hacer dos actuaciones en Miami y Puerto Rico le negaron el visado de trabajo, parece que por formalidad extremada ante los antecedentes de la folclórica. O son tan inmaculadas como esas sayas teatrales y lorquianas que «Yerma» desplegaba frescachona: «En el arroyo frío lavo tu cinta. Como un jazmín caliente tienes la risa».

Y es que Pantoja, sus cosas y casos siempre dan tema, posibilidad de juego, admiración o repulsa. Son malos tiempos para ella, ahora que fue abuela y la felicito. Sus canciones apenas se oyen, suspendió por mal tiempo –incluso aliado en su contra– otra escapada americana y el nuevo disco se vendía a 18 euros, pero han tenido que rebajarlo en las grandes superficies a 7,95. Y ni siquiera así.