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¿Se desahogará Edmundo mientras «sobrevive»?

Está en el punto de mira. Bigote Arrocet es objetivo cuestionado. Ya lo hacen anticipadamente en las vísperas de este «Supervivientes» donde el amor de la Campos es baza fundamental porque aquí no se espera que Leticia Sabater flirtee con Juan Miguel, engañador ex marido de Karina a quien le fallaron las flechas del amor. Un objetivo a derribar como muchos hacen anticipadamente ante la competición ya a punto de empezar. El gancho del humorista es indudable y quizá sólo Alba Carrillo –que estrena novio, y ya van...– y Laura Matamoros darán diferente imagen de lo que esperan de Arrocet. ¿Se desahogará contando lo que no debe en previsibles decaimientos o momentos de bajón lógicos del agobio concursador? ¿Arriesgará Edmundo alma, corazón y vida? No lo creo tras ver cómo nació y creció. Hasta especulan si el concurso propinará el golpe de gracia a una historia de amor como no hay otra igual bastante semejante a la del marqués de Griñón y Esther Doña o la de Isabel Preys ler y Mario Vargas Llosa. Tienen adulta serenidad.

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Cuando hace trece años Teresa compitió en Antena 3 en cita semejante no tenía el morbo actual que lo hace compartir portadas «en familia». Su rebote no sólo golpea a María Teresa, también a Terelu y Carmen Borrego tal si fuesen un paquete familiar, nada más lejos de la realidad, donde las hijas apenas tienen relación con el humorista chileno. Sostienen un trato social, que no esconde el malestar de las hermanas a quien Bigote alivió quitándoles de encima el peso materno nunca desdeñado y siempre tutelador. Ocurre en las mejores familias y ella construyó un enorme casoplón a 40 kilómetros de Madrid creyendo que lo compartiría con sus retoños. Nada que ver con la libertad que ellas anhelaban. Ahora, ampliando el círculo vicioso –es un decir– anticipan que podría hablar el primer marido de Carmen, un alto cargo de Radio Nacional, puesto al que llegó peleando desde abajo. Entonces nadie entendimos tal amor apasionado, pero el corazón tiene razones que la razón no comprende.

«Él acaba de asegurarnos que nunca contará lo que pasó ni si quedó malherido de la experiencia», sostiene su círculo más próximo. A ver si ante suculentas ofertas mantiene el tipo como lo hace Alejandro Rubio, padre de Álex, la estilosa hija de Terelu, por el que la Campos siente adoración. Entendible y merecedor de aplauso. No lo hizo en aquel momento cuando salvo en bodas y bautizos ellas no llamaban la atención porque los semanarios no dedicaban como hoy medio número a cultivarlas. La tampoco excesiva curiosidad se limitaba a la matriarca, auténtico o insuperable «number one» televisivo que tampoco preocupaba más allá de su dilatada profesión. Hoy fijan la atención, siguen y persiguen sus idas y venidas, entradas y salidas, y cada semana copan páginas lo mismo por cómo visten que por reflejar vaivenes sentimentales inexistentes en Terelu, que ya lleva dos años sentimentalmente sabáticos de los que no se queja, tras la ruptura con su último amor, Kike Calleja. Su relación no cuajó pero mantienen una amistad y compañerismo lleno de afecto.

Salvavidas y bolsillos

Conociendo la comunicadora jovialidad de Bigote supondrá todo un auténtico descubrimiento que sorprenderá a quien lo desconoce personalmente, salvo por sus últimas intervenciones en el añorado «¡Qué tiempo tan feliz!» absurdamente reemplazado. Allí igual cantaba al modo Sinatra que descacharraba con buen humor del que tanto sabe su íntimo Arévalo. Son como hermanos, una amistad de años forjada en el «Un, dos, tres», programa que los aupó a la fama. Quizá de este «Supervivientes», auténtico salvavidas y bolsillos, también impresione la calidad televisiva de Alba Carrillo, que no suele abrirse excesivamente en su lado humano muy cálido y entrañable. Igual esperan de Laura Matamoros, cuya calculadora estrategia siempre sorprende. Completa el trío que mayor expectación provoca mientras Leticia Sabater será divertido y rescatador más de lo mismo con la mirada cada vez más extraviada. Gloria Camila también es revelación por su genio y mala uva varias veces redemostrada. Puede ser la mala de esta película dada su intemperancia incontenible que ni modera ante su padre Ortega Cano de quien no heredó modales.

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La convivencia de semanas o tres meses llegará a ser insoportable como siempre ocurre y pienso que sólo resistirán las muchas tablas de Bigote Arrocet que todavía templa el malestar de María Teresa, que remata estos días sus vacaciones casi pías en Málaga. «Me quité de en medio para estar una semana tranquila», dijo intranquilizando. Ella reitera su rechazo a tal participación consciente de que para cumplir una aspiración –sobrevivir al acoso– se mete voluntariamente en la boca del lobo donde esa fauna variopinta arreará sin previo aviso sólo pensando en ganar.