Solo tres hijos y su viudo, en el funeral de la duquesa

Inauguran un mausoleo en honor de Cayetana de Alba en el tercer aniversario de su muerte instalado en el santuario de la hermandad de Los Gitanos

Los hijos de la Duquesa de Alba, Carlos, Fernado y Cayetano Martínez de Irujo, junto al viudo Alfonso Díez y el nieto Carlos Martínez de Irujo, posan delante del nuevo monumento funerario

Inauguran un mausoleo en honor de Cayetana de Alba en el tercer aniversario de su muerte instalado en el santuario de la hermandad de Los Gitanos

Tres años después de su fallecimiento, la Duquesa de Alba sigue recibiendo homenajes en Sevilla. El santuario de la hermandad de Los Gitanos, el templo que reconstruyó y que alberga sus cenizas, acogió ayer una misa funeral un tanto especial, puesto que sus familiares y amigos más íntimos inauguraron un monumento en su honor, una especie de mausoleo que resume de forma alegórica sus grandes pasiones. A la cita acudieron sus hijos Carlos –el actual Duque de Alba–, Cayetano y Fernando, además de su viudo, Alfonso Díez. También amigos de su círculo más cercano, aquellos que nunca la dejaron sola, como Carmen Tello y el torero Curro Romero.

Mármol de carra

El monumento se sitúa en una de las capillas laterales del templo, muy cerca de las imágenes que tanto amó: Nuestro Padre Jesús de la Salud y la Virgen de las Angustias. Bajo un cuadro que donó ella misma, que representa la Resurrección, se ubica el medallón de inspiración renacentista ejecutado en mármol de Carrara. La idea partió de su hijo Cayetano, que ha supervisado el proyecto junto al escultor José Antonio Navarro Arteaga, uno de los grandes imagineros sevillanos que ha realizado numerosas tallas para la Semana Santa andaluza. El conjunto mide 2,30 metros de alto por 2,10 de ancho y, en el centro, figuran unos versos que la marquesa de Méritos, Isabel de León, ha dedicado a la aristócrata. En la parte superior se ubica el escudo de armas de la Casa de Alba y en la inferior el de la hermandad de Los Gitanos, corporación de la que fue gran benefactora. A los lados, envueltos en telas, aparecen seis ángeles, en alusión a sus hijos, que portan motivos relacionados con su vida y sus aficiones, como una montera de un torero, la Giralda, una cruz y un pañuelo. Esta última metáfora alude a su condición de camarera de honor de la Virgen de las Angustias. La obra ha sido financiada por suscripción popular. Se abrieron dos cuentas en sendas entidades bancarias y las aportaciones han oscilado entre los tres euros y los 10.000. El coste total ha superado los 100.000.

Su confesor, el padre Ignacio Sánchez-Dalp, ofició la misa y recordó la vinculación de doña Cayetana con la capital hispalense. Cayetano aseguró antes de la ceremonia que «es emocionante haber hecho realidad lo que ella quería: tener algo que represente lo que sentía por Sevilla, por esta hermandad y por este templo donde ha querido estar enterrada». Y agradeció la aportación de las empresas que han colaborado, como Porcelanosa y Caja Rural del Sur. «También mucha gente de Sevilla ha hecho pequeñas donaciones. Es una satisfacción enorme», dijo.

En cuanto al diseño, Cayetano aseguró que «es una maravilla, es una pieza que pesaba 4.000 kilos, que al pulirla se ha quedado en 2.000». Sobre Navarro Arteaga, destacó que «no hay un escultor en el mundo que pueda reflejar lo que él ha hecho, que es fijar lo que mi madre sentía por Sevilla». También desveló que él mismo se responsabilizó si no se cubría el presupuesto: «La hermandad de Los Gitanos tiene muchos gastos. De ellos partió la idea de abrir una suscripción popular». Sus hijos Luis y Amina no pudieron acudir. Visitarán el monumento, junto a Genoveva Casanova, más adelante «en un momento más tranquilo».