Valérie Trierweiler costaba al Elíseo 500.000 euros

Hace medio año que la plaza de primera dama está vacante y para los franceses es casi una buena noticia. En este tiempo no parece que la hayan echado en falta y mucho menos aún después de conocerse lo que costaba al bolsillo del ciudadano Madame Trierweiler, la «ex» de Hollande.

Sobre todo porque para no tener ninguna atribución oficial –la Constitución permanece muda respecto al estatuto de «first lady»–, la factura anual era dolorosa: 481.000 euros. Casi medio millón por acompañar al presidente de la República, ejercer labores de representación y ocuparse de tareas humanitarias. Dolorosa, en época de crisis, para el contribuyente pero algo menos que lo que costaba su predecesora en el cargo, Carla Bruni, cuya factura mensual ascendía a 60.000 euros (720.000 al año), entre colaboradores –ocho– y el mantenimiento de su página web, contratado a una empresa externa de un amigo de la cantante. Si oficialmente las leyes galas no reconocen la figura del cónyuge presidencial, en la práctica Valérie Trierweiler ha gozado durante más de un año y medio de todos los privilegios como consorte del jefe del Estado. Y eso que nunca llegaron a casarse. No porque ella no quisiera sino porque la idea no terminaba de convencer a Hollande. Una reticencia que cobró sentido cuando a principios de año estalló el «Gayetgate» y salió a la luz la infidelidad del presidente galo con la actriz Julie Gayet.

Hasta entonces y como primera dama, Trierweiler ha tenido a su entera disposición un gabinete con cinco colaboradores, por un coste total en 2013 de 396.000 euros en concepto de sueldos –6.600 euros mensuales por asesor–, según recoge un pormenorizado informe del Tribunal de Cuentas hecho público esta semana sobre los gastos y el presupuesto del Elíseo, la presidencia de la República. El documento detalla también que a esas cuentas se cargaron los 85.000 euros que costaron los viajes de Valérie Trierweiler «en el marco de sus actividades de representación y de apoyo a operaciones de carácter humanitario». En total, cerca de 500.000 euros, el precio que algunos editores galos han llegado a ofrecer a la «ex» de Hollande para que ponga por escrito sus vivencias elíseas y sus memorias sentimentales junto al presidente. Una opción que la periodista no ha descartado del todo y que guarda como una bala en la recámara por si algún día necesitara defenderse. «Siento más decepción que rabia, pero no excluyo escribir un libro», afirmó la afectada al poco de confirmarse la separación.

SÍNDROME MARÍA ANTONIETA

También se sabe que mientras fue inquilina del Elíseo, ocupó junto a sus colaboradores, seis estancias de la planta baja del palacio y el conocido como Salón des Fougères. Sin olvidar que cuatro agentes del servicio de seguridad de la presidencia de la República (GSPR) velaban por su protección y que han sido posteriormente recolocados.

Si Trierweiler, «mujer de izquierdas» autoproclamada, se ha cuidado de no hacer ostentación de su nivel de vida, no ha podido evitar que algunos le acusaran de ser la «embajadora de la gauche caviar» dejándose ver siendo aún primera dama y en pleno periodo de crisis junto a los magnates del lujo y asistiendo en primera fila a los desfiles de moda. Aunque a la periodista de «Paris Match», que apenas ha ejercido durante dieciocho meses, no le dio tiempo a sufrir el llamado «síndrome de Maria Antonieta».

ROL MERAMENTE PRIVADO

En cualquier caso, la supuesta soltería de Hollande no ocasiona problema alguno ni en términos de protocolo oficial ni tampoco ha sumido en la depresión a la ciudadanía gala. Al contrario, la ausencia de primera dama supone un ahorro económico nada desdeñable en un momento en el que el Estado no hace más que pedir esfuerzos y subir impuestos. Toda vez que los franceses no son partidarios de este papel, calcado de la «first lady» estadounidense, y que son mayoría, un 54%, en manifestar su rechazo a que se cree un estatuto oficial para el cónyuge o acompañante del presidente. «Hemos cerrado una página desde que François Hollande está soltero. Ya no hay presupuesto destinado a su pareja. En el futuro, sería bueno que esa persona ejerza un rol meramente privado. Los franceses eligen un presidente, no a su consorte», declaraba esta semana René Dosière, diputado socialista y especialista en finanzas públicas, encargado desde hace años de desmenuzar los gastos elíseos y dar los correspondientes tirones de orejas.