Yvonne Blake: «Ya no hay guerra en la academia de cine, somos una piña»

Ha vestido a Sofía Loren y Marlon Brando y ahora quiere hacerle un traje nuevo a la institución que aglutina a los profesionales del cine. Llegó tras la «espantá» de Antonio Resines y ya lleva un año en el cargo. Pero la mujer que atavió a Superman no le tiene miedo al reto

Yvonne Blake
Yvonne Blake

Ha vestido a Sofía Loren y Marlon Brando y ahora quiere hacerle un traje nuevo a la institución que aglutina a los profesionales del cine. Llegó tras la «espantá» de Antonio Resines y ya lleva un año en el cargo. Pero la mujer que atavió a Superman no le tiene miedo al reto.

Es la inquilina más importante del Palacio de Zurbano, sede de la Academia de Cine. Hasta ahí ha llevado los cuatro Goya y el Oscar que la acreditan como una de las mejores figurinistas de nuestra historia. Pero Yvonne Blake (nacida en Manches- ter en 1940 y nacionalizada española en los 80) mira solo hacia adelante y su gran aspiración ahora es hacer de la Academia «la casa del cine español». Lleva 12 meses en ello.

–Del 0 al 10, ¿qué nota se pone en este primer año de presidencia?

–Yo diría que un 8. Ha sido muy productivo. Hemos abierto la Academia a cineastas jóvenes, hemos mandado invitaciones a 540 profesionales y ya tenemos 154 nuevos miembros, algunos muy importantes, españoles y suramericanos.

–¿Ha disfrutado más de lo que ha sufrido en el cargo o al revés?

–He disfrutado mucho más. He tomado la decisión de que no voy a sufrir; si no, lo dejo.

–Dicen que en la Academia existe una guerra interna. ¿La ha pacificado?

–Ya no la hay. Tenemos una Junta directiva renovada en parte y nos llevamos muy bien, aunque claro que tenemos discusiones, pero somos una piña y trabajamos todos en la misma dirección.

–¿Se ha ido de vacaciones con la conciencia del deber cumplido?

–Es que no me he ido de vacaciones. Seguimos trabajando, no cerramos. Lo que sí he tenido son minivacaciones: una semana a Los Ángeles para una boda familiar, otra en Alemania... Este año no tendré vacaciones formales. Espero que para el año que viene.

–¿Qué es lo mejor que ha hecho en la Academia?

–Es difícil porque hemos impulsado muchas cosas, de lo que me siento bastante orgullosa. Lo primero que hicimos es mandar un cuestionario a todos nuestros miembros preguntándoles qué era lo que no funcionaba. Hemos recibido muchas respuestas y hemos tomado muy en serio sus críticas. Después abrimos la Academia a nuevos miembros y hemos organizado muchas más actividades, con conferencias y masterclasses de directores conocidos, teniendo a rebosar nuestro cine siempre. También hemos creado la Academia de Cine en Red, porque muchos miembros se quejaban de que no había actividades fuera de Madrid y hemos ido a Valencia, Pamplona y el mes que viene a Barcelona, donde ya existe una sede pequeña y queremos hacer más cosas.

–¿Y qué ha sido lo peor?

–Nuestro mayor problema es la falta de fondos. Dependemos del dinero que sobra en los Goya. Pero ya encontramos una solución. Nos hemos asociado con M&C Saatchi y ellos están buscando patrocinadores para nuestros eventos aparte de los Goya, que ya están cubiertos.

–Dicen que la Academia está llena de «dinosaurios»...

–Es verdad. Yo misma soy mayor. Pero lo que quiero es que se llene de jóvenes. Yo llevo bastantes años de ir y venir a la Academia y siempre me ha parecido un sitio muy muerto, con mucho silencio, sin gente, y eso no puede ser. Este es un espacio fabuloso, con un edificio maravilloso.

–Hay quien se pregunta incluso para qué sirve la Academia.

–Creo que el cine español necesita una casa donde hablar de sus cosas y poner sus películas. Hasta ahora no ha sido así y quiero que lo sea, que cuando alguien se vea en problemas venga a nosotros y podamos ayudarles. Queremos ser útiles. Ahora me siento más satisfecha porque creo que poco a poco vamos haciendo cosas necesarias y la financiación se va arreglando.

–¿Se ha reencontrado con Antonio Resines después de aquella transición extraña de poder?

–No. Hemos hablado, pero ya no existe mucho contacto. No tenemos animosidad uno por el otro. Yo le admiro muchísimo y creo que es el Jack Lemon español.

–En la gala de los Goya Dani Rovira hizo alguna que otra broma con su manejo del español. ¿Le molesta?

–(Ríe) No me importa. Rovira tiene razón, tengo problemas con mi español. No encuentro tiempo para ir a clases. Nunca he aprendido como tal el español, lo aprendí en la calle, en el supermercado... Creo que pienso en español, pero luego no me salen las palabras. Pero me manejo y la gente me entiende más o menos.

–Usted tiene un Oscar en su poder.

–Está ahí (señala a un aparador de su despacho en la Academia). Lo he traído aquí porque está más seguro.

–¿Cómo cree que puede hacer el cine español para lograr otra vez, 13 años después de «Mar adentro», la estatuilla a la mejor película de habla no inglesa?

–Es que es muy difícil, no hay reglas específicas, es una cuestión de suerte y hay muchas de todo el mundo muy buenas. Los académicos de Hollywood son difíciles de complacer. Pero, a este respecto, el 9 de octubre vamos a hacer un cóctel en el Casino llamado «Hollywood en Madrid» y viene el nuevo presidente, John Bailey. Estarán todos los españoles que han ganado un Oscar y hemos invitado a los Reyes.

–Volviendo a su Oscar por «Nicolás y Alejandra» (1971), ¿cómo recuerda aquella experiencia?

–Fue mágico, realmente muy excitante porque no se me pasó por la cabeza ganarlo. Estaba segura de que lo haría Piero Tosi, que es mi diseñador favorito, por «Muerte en Venecia». Creo que me lo llevé porque era una película muy épica, con muchísimo trabajo. Pero yo lo pasé bastante mal en el rodaje.

–De hecho, ni siquiera le gusta la cinta...

–Me parece que está muy pasada de moda, que es muy de los 70, ha envejecido mal en los colores.

–Y el famoso traje de Superman, ¿ha envejecido?

–(Ríe) ¡No, está totalmente vigente!

–Lo de Superman es lo que más sorprende a la gente al hablar de usted.

–Realmente lo que yo tenía que hacer no era crearlo sino reproducirlo de los cómics, tenía que ser igual. Lo que intenté fue hacer de este traje, un poco ridículo en realidad si lo piensas, lo más atractivo posible para Christopher Reeve.

–¿A quién le sentaría bien dentro de nuestro cine o de nuestra política?

–Yo creo que a nadie. Ni siquiera le quedaba bien a Christopher Reeve. Cuando vino para las pruebas le faltaba mucho músculo. Hicimos prótesis pero quedaba horrible. Como él era tan serio y ambicioso, trabajó durante tres meses en el gimnasio, haciendo pesas y cuidando su dieta, y al final los músculos fueron suyos.

–¿Tiene que venir Superman a arreglar el tema del IVA en el cine?

–(Ríe y resopla) Nosotros confiamos en que el año que viene lo bajen. Es lo que nos han dicho y esperamos que cumplan su palabra.

–De las grandísimas estrellas que ha vestido, como la Loren o Audrey Hepburn, ¿quién le ha sorprendido más?

–Diría que Marlon Brando porque era una persona muy humilde, no quería verse en el espejo ni su traje. Me preguntaba: «¿A ti te gusta? Pues a mí también». Era más normal con la gente de su alrededor de lo que pensaba antes de conocerle. Muy cariñoso e interesado en saber cosas de todos.

–¿Quizás era más complicado con las divas como Sofía Loren?

–Para nada. Ella era una «mamma» italiana, que preparaba pasta para el equipo. No era nada diva. Además, yo la tenía que vestir sin glamour, con ropa que busqué en una lavandería de un kibbutz en Israel para «La venus de la ira» (Daniel Mann, 1966).

–Pero alguien le habrá dado guerra, ¿no?

–Las grandes estrellas no me han dado complicaciones. Quizás solo Elizabeth Taylor. Su papel era de mujer de un escritor en Londres, elegante pero normalita. Quería llevar tanta joyería de Cartier que yo tenía que ir quitándole las joyas que se ponía.

–¿Cree que se valora poco el trabajo de los técnicos en España?

–Ahora ya no, pero antes sí. El primer trabajo que hice en España tenía que colgar la ropa con clavos en la pared. Todo eso ha cambiado.

–Los Goya del año pasado los calificaron de «austeros». ¿Cómo serán los de 2018?

–Tampoco vamos a gastar una fortuna. Hemos hecho un concurso entre los productores y elegido a Globomedia. Lo que quiero es que sea una gala elegante, no demasiado recargada. Estará El Cirque du Soleil. Quiero que sea un poco más espectacular que la del año pasado, distinta. Y me gustaría que fuera una mujer la presentadora.

–Eso excluye a Dani Rovira. ¿Él no quiere o usted prefiere cambiar?

–Ya lo ha hecho tres veces. A lo mejor le invitaremos para alguna aparición porque le queremos muchísimo.

–Pero no tiene nada que ver con las bromas sobre su acento, ¿no?.

–(Ríe) ¡Eso no! Ni porque yo le dijera «enséñame tu paquete».

–¿Alguna vez se ha arrepentido de haberse nacionalizado española?

–Nunca. Soy muy española. Quitando mi voz, soy española hasta las trancas. Ni siquiera tengo doble nacionalidad, solo la española.

–Imagino que el Brexit no le hace mucha gracia.

–Estoy totalmente en contra. Ha sido la equivocación más grande que han hecho. Los nacionalismos son un peligro.

–¿Puede garantizar que su salida de la Academia, cuando se produzca, será menos traumática que la de los anteriores presidentes?

–Espero que sí. Aunque lo único que puedo decir es que vamos a seguir con lo que estamos haciendo, con mucha ilusión, muy bien arropada por mis vicepresidentes y con la junta directiva. Toco madera.

–Por último, ¿por qué hay que ver cine español?

–Porque está muy bien, cuenta historias interesantes y técnicamente son buenas. Los españoles son muy críticos de lo suyo, pero fuera se admira mucho nuestro cine. No hay razón para no ver cine español.