La «pagoda» que se come la contaminación

Esta torre lucha contra la polución con un purificador que absorbe hasta 30.000 metros cúbicos de aire a la hora.

Esta torre lucha contra la polución con un purificador que absorbe hasta 30.000 metros cúbicos de aire a la hora.

Tiene forma de artilugio ultramoderno con aires de pagoda, y esto combina perfectamente con Beijing, como se conoce ahora a la capital china, donde el futuro y la tradición se dan la mano a cada paso. La conocida como «Smog Free Tower» (torre libre de niebla tóxica, en su traducción literal), purifica el aire que se encuentra a su alrededor a razón de 30.000 metros cúbicos por hora o lo que es lo mismo, el aire que contiene un campo de fútbol cada día.

Este gran dispositivo, que mide siete metros de altura, es un desarrollo conjunto del diseñador holandés Daan Roosegaarde y su equipo, la Universidad Tecnológica de Delft (Países Bajos) y la empresa European Nano Solutions, especializada en soluciones verdes. ¿Cómo funciona? La torre envía iones positivos al aire para atraer a las partículas contaminantes que flotan en él y, una vez dentro del aparato, éstas se fijan en una superficie conectada a la tierra que ofrece una carga negativa. El aire que viaja con ellas, una vez limpio, vuelve al exterior a través de unas rejillas situadas en la parte inferior de la torre. Los residuos, que llenan 35 cubos al día, se transforman en piedras preciosas.

La ciudad tiene una relación estrecha con la «Smog Free Tower». No solo fue donde se presentó durante una edición de la Semana de Diseño de Beijing y la primera en la que se ha instalado, sino que también sirvió de inspiración para el profesional holandés. En una de sus estancias en la capital china, Roosegaarde se sorprendió al darse cuenta de que no veía nada desde la ventana de su hotel: una densa nube artificial ocultaba todo lo que sí podía observar el día anterior.

Este punto de partida se convirtió en una realidad ya en funcionamiento en uno de los países con mayores problemas de contaminación en el aire, pero también más preocupados por la disminución de los niveles tóxicos.

«Declararemos la guerra a la contaminación con la misma determinación que lo hemos hecho contra la pobreza». Así se manifestó Li Keqiang, primer ministro chino, durante la Asamblea Popular Nacional de 2014 y frente a unos 3.000 delegados. Cuatro años después, las ciudades han visto caer sus niveles de polución en el aire en algo más del 30%. La torre aspiradora de partículas en suspensión es un ejemplo, entre otros, de cómo se puede purificar el aire mediante iniciativas innovadoras. El plan que el Gobierno chino ha acometido para eliminar las «nieblas artificiales» de sus núcleos urbanos va más allá y actúa contra las emisiones de las centrales eléctricas, supone el cierre de numerosas minas de carbón –así como la reducción del uso de este combustible fósil– y promueve la renovación en masa de calefacciones y calentadores de agua de las viviendas.