Haz como Vargas Llosa y sorprende

La Membresía de Valduero
La Membresía de Valduero

Cuando ya no sabes cómo sorprender o qué regalar, es el momento de “comprarse una bodega” sin tener que hipotecarse o cambiar de casa.

Cuando ya no sabes cómo sorprender o qué regalar, es el momento de “comprarse una bodega” sin tener que hipotecarse o cambiar de casa. Hacerse miembro de La Membresía de Valduero, como Mario Vargas Llosa o Ken Follet, es una idea diferente de vivir la cultura del vino.

Concretamente en la localidad burgalesa de Gumiel de Mercado, a dos horas de Cantabria y de Madrid y a tres de Bilbao, hay una bodega muy peculiar llamada Valduero que está regentada por las hermanas García Viadero. Yolanda, como enóloga y Carolina, que se ocupa de darlos a conocer alrededor del mundo. Es peculiar, personal, exquisita y diferente porque tienen una Membresía y porque sólo hacen lo que llaman “vinos de guarda”, esos que duermen años, primero en barricas de roble y luego en botella. “Nosotros, explica Yolanda, estamos especializados en vinos de guarda. Nuestro benjamín es un crianza de tres años, pero tenemos tres reservas, dos gran reserva y uno de una añada muy especial que es La Antigua de 1989”. Las García Viadero se encargan que uno se sienta “dueño” de una bodega por un día porque además de adquirir sus vinos, por ejemplo, como hizo Michele Obama, en la tienda del aeropuerto de Barajas o bebértelo en un restaurante de Groenlandia, a las propietarias de Valduero se les ocurrió hace cuatro años, crear La Membresía de la Tenada. Su primer socio fue Marío Vargas Llosa, luego llegarían Plácido Domingo, Ken Follet o Antonio López, así hasta casi una centena de miembros, entre los que también hay empresas como Ferrari o Hitachi e ilustres desconocidos porque la membresía está abierta a todo aquel que quiera disponer de 300 botellas y 20 visitas con cata y comida a repartir como uno quiera. No hay tiempo estipulado para consumirlas, puedes tardar tres años o uno y lo bueno es que el vino estará bien conservado porque puede quedarse en la bodega, no hay que llevárselo a casa a que corra riesgos. Hay empresas, familias y grupos de amigos que se juntan y pagan los 5000 euros que cuesta ser socio de la Membresia y las 300 botellas se van enviando desde la bodega como el socio disponga. Por ejemplo, uno necesita seis botellas para consumir el próximo sábado, pues las pide a la bodega “es como tener una bodega particular, nos cuenta Yolanda García Viadero, con el etiquetado de las botellas personalizado con nombre, número de socio y botella.

Hacemos sentir que Valduero es algo de uno porque nos hemos globalizado tanto que parece que ya no nos conocemos que no hay identidad. Aquí no hay una azafata que te atienda como uno más. Nosotros hacemos una visita muy personal o bien conmigo o con Pepe que es nuestro anfitrión. Es como tu bodega particular. No te vas a encontrar un autobús de chinos, ni es un restaurante abierto al público, Valduero es una bodega tradicional”. Además de ser miembro de la Membresía de Valduero, también existe la opción de conocer la bodega y catar sus vinos. Por ejemplo, por 33 euros cuesta hacer una visita por las cavas, por el museo de barricas y terminar el día disfrutando de una cata de vinos Valduero bien acompañados por un aperitivo típico castellano, morcilla, chorizo y buen queso de oveja y si uno quiere alargar el día o celebrar un acontecimiento o simplemente disfrutar del placer de unas ricas viandas, unos buenos vinos y una larga sobremesa, eso también es posible en la bodega. “Nosotros damos para la comida una buena sopa castellana y cordero lechal. Siempre alimentos de aquí. Esto no es un restaurante, lo nuestro no es la alta gastronomía, sino los vinos y las largas sobremesas disfrutando del vino y de los viñedos. No pretendemos usurpar el sitio a los grandes restaurantes de la zona”. Tanto es así que los relojes están parados en “El Mirador” desde donde el Dios Baco seguro que domina la planicie regada por el Duero. Como dice Yolanda “en Valduero se para el tiempo para ser disfrutado”. Ahora las bodegas ya están más tranquilas porque tienen los vinos fermentando “de cantidad este año ha ido bien y de calidad lo que he visto va bien, pero aún les tengo que ver la cara. El viernes caté toda la añada y me gusto el color que tenían y los taninos suaves. Al final cuando haces vinos que estarán tanto tiempo en la bodega necesitamos que tengan esqueleto y cuerpo, que tengan raza porque nosotros no hacemos vino joven o de roble”.

Por cierto, que en la zona siempre decían que la vendimia comenzaba cuando salían el Mercedes de Alejandro Fernández y la bruja en la escoba, refiriéndose a Yolanda García Viadero, la única mujer que estaba presente en los consejos de denominación de origen de Ribera y que tiene un sexto sentido para el vino, es como si leyese en las cepas y su paladar fuera una gran bola de cristal. Sus creaciones son esperadas con anhelo y la última en llegar, es otra de sus exquisitas excentricidades, ella misma lo llama así “es un rosado excéntrico porque es un reserva, algo que nadie hace. Lo normal es que un rosado sea un vino joven de temporada que se consume en el año. El nuestro está criado durante tres años, como un tinto gracias a la unión de la uva albillo (que es una uva que se estaba perdiendo en la zona) y la uva tinto fino o tempranillo. Probarlo es dejar de ser escéptico. Por ejemplo, Isabel Coixet, el último miembro en entrar en La Membresía de Valduero, tuvo que cambiar de opinión y caer rendida ante ese rosado.