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Adelante y obediente

Ni siquiera la izquierda más reivindicativa de la región ha conseguido sacudir a los andaluces el sambenito ancestral de «agradaores» de los señoritos de Madrid. La pretensión de Teresa Rodríguez, absorbido el viejo PCA de Maíllo, de concurrir a las elecciones con marca independiente y grupo parlamentario propio no era ninguna originalidad dentro del universo podemita: Cataluña, Galicia y Valencia tienen voz propia en el Congreso, mientras que otras estructuras autonómicas han logrado desembarazarse de los grilletes que receta la diarquía de Galapagar con su adhesión al proyecto de Íñigo Errejón quien, en lo que se adhiere o no al PSOE, al menos ha adaptado el apellido «confederal» para disimular su vocación centralista. Podría parafrasearse a Cánovas del Castillo para afirmar que permanecen en Podemos quienes no hallan acomodo en ningún otro sitio, y en ésas se ven hoy los animosos chicos de Adelante Andalucía: el 10 de noviembre, un lustro después de expresar su deseo de volar en solitario, volverán a estar atados a esa galera en la que Pablo Iglesias y su señora ejercen de cómitres a la mayor gloria de su cuenta corriente. El rentoy integrador lanzado en vísperas del fin de semana era un brindis al sol, por cuanto resultan inmiscibles el aceite anticapitalista de Bódalo o Cañamero, ese agrarismo recio siempre fronterizo con la kale borroka, con las aspiraciones dinásticas de Más País, el esqueje que aspira con convertirse en un ala cool de la progresía sistémica. Los Ceaucescu gaditanos saben que carecen de una estructura que les permita implantarse en un territorio enorme, con ocho circunscripciones y casi 90.000 kilómetros cuadrados. No han encontrado mejores compañeros de viaje que estos comunistas tan apegados a los usos del leninismo disciplinante. A obedecer toca.

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