Ángela Becerra: «Nueve editoriales me rechazaron. Y luego volvieron»

La escritora desgrana los entresijos de “Algún día, hoy”, obra con la que se alzó con el XXIV Premio Fernando Lara de Novela

La escritora Ángela Becerra / Foto Manuel Olmedo
La escritora Ángela Becerra / Foto Manuel Olmedo

La escritora desgrana los entresijos de “Algún día, hoy”, obra con la que se alzó con el XXIV Premio Fernando Lara de Novela

Ángela Becerra vuelve a Sevilla, la ciudad que la coronó con el XXIV Premio Fernando Lara de Novela con «Algún día, hoy».

Narra la historia de Betsabé Espinel, un personaje real que parece de actualidad cien años después. ¿Cómo se explica eso?

Siempre he dicho que todas las historias que he contado han acabado buscándome para que yo las cuente. Tenía otra para escribir, pero me surgió esta y no dudé. En el momento en que la descubro, que fue viendo la televisión, inmediatamente me voy a Medellín y me doy cuenta que de ella solo existen las tres semanas en que se hace visible , en 1.920 –por la primera huelga de mujeres en una empresa textil–, pero todo lo demás es una nebulosa.

Hay una frase al inicio del libro, de Rosa Luxemburgo, que dice: «Quien no se mueve, no siente sus cadenas». ¿Hemos estado demasiado tiempo tranquilos mientras teníamos cubierto el tema económico?

Sí, hubo una época de rebeldía, cuando se creo ese feminismo, que era un feminismo a ultranza y que copiaba modelos masculinos.

¿El de los años 60?

Sí. Buscaba la aceptación, renunciando a la feminidad y eso no alcanzó a calar porque se quedó un poco desfasado. Esto ha sido un despertar casi que de muy a poco, desde el 2014, cuando Emma Watson hace aquel discurso, que tiene mucho eco –sobre la igualdad de género en la sede de la ONU en Nueva York–.

¿Tiene que ver con movimientos como el 15-M en España y otras revoluciones?

Yo creo que esa voz cantante fue muy importante porque tuvo difusión. Para mí, Betsabé Espinel podría ser una Emma Watson. ¿Qué le diferencia? Que (Watson) ha tenido ese altavoz que ha hecho que llegue a muchos sitios. Esto no ha hecho más que empezar, pero este es el camino correcto del feminismo porque está respetando la feminidad de la mujer, enalteciendo su intuición, su fuerza...

¿El libro llega por la necesidad vital de pronunciarse en este sentido?

En todos mis libros las mujeres son fuertes, porque creo en eso. Yo me siento muy femenina y muy fuerte también, no renuncio a ninguna de las dos cosas. Me coge en un estado de madurez muy especial y, aparte, este personaje carecía de una niñez, porque la desconozco, y tenía que creársela. Y eso me sirve para rescatar muchas de mis vivencias y regalárselas. Entonces, se creó una unidad con ella muy bonita.

Las dos protagonistas son hermanas de leche, aunque es inevitable que su lugar social haga que se separen. Hoy sigue siendo muy difícil coger el llamado «ascensor social».

Sin embargo, y estando en las antípodas, están unidas por su condición femenina. A la pobre se la está tratando de esclavizar y la rica también está en una especie de esclavitud porque se la está enseñando a bordar, a ser modosa, a encontrar un marido...

Son dos esclavitudes distintas, sin duda.

Pero son esclavitudes porque las dos, como mujeres, son ciudadanos de segunda.

¿El hecho de que venga con el premio Fernando Lara en la solapa, qué implica para usted?

Para mí el premio el libro se lo merece, pero sobre todo es un premio para esta mujer, Betsabé Espinal, y para las mujeres en general. Esto hará que se visibilicen muchas «Betsabés».

¿Piensa seguir en esa línea?

No. Las historias vienen y te fecundan si estás fértil para ello. Yo ahora estoy en cuarentena, así que no creo que me fecunden muy pronto (risas). Me estoy recomponiendo. Esta historia me ha acompañado demasiado tiempo y me sentí vacía cuando acabó.

Es la segunda autora más leída en Colombia, por detrás de Gabriel García Márquez, ¿siente que todavía hay reticencias en ese sentido?

A mí me ha costado mucho ocupar un espacio dentro del mundo literario, eso no es desconocido para muchas mujeres, se les exige el triple. Digamos que me he acostumbrado a esto, desde pequeña lo arrastré hasta que llega un momento en que lo sueltas.

¿Qué momento fue para usted?

Fue el momento justo en que abandoné mi carrera profesional como publicista y me adentré en la literatura. Entonces dije «voy a hacer lo que siento, por encima de todo voy a ser feliz».

¿El «boom» latinoamericano fueron solo ellos?

Lo del «boom» fue el coincidir tres o cuatro grandes voces y tener una persona que creyó en ellos, que fue Carmen Balcells. Fue fundamental.

En su caso, ¿quién creyó en usted?

Primero yo misma y después tuve un editor en Colombia que al leer mi primera novela se fascinó. Eso para mí fue un desbloqueo total. Pero, bueno, tuve nueve editoriales en España que rechazaron mi primera novela.

Dígalas, una por una.

No, no (risas), pero ellos saben... y luego volvieron (risas).