Política

Buscando las cuevas milenarias de la Serranía de Ronda

Benaoján, con sus espectaculares grutas, y el «pueblo museo» de Genalguacil son algunos de los atractivos de esta comarca

Paraje natural de Benaoján
Paraje natural de Benaoján

Concluye esta serie de reportajes sobre los municipios más pintorescos que atraviesa la Gran Senda de Málaga en la Serranía de Ronda, plagada de estrechas gargantas, escarpados tajos, cuevas milenarias y cubierta por una exuberante vegetación. Comenzamos el recorrido ya pasada la ciudad de Ronda, concretamente en Benaoján. Se trata de un pueblo de trazado árabe con calles empinadas y serpenteantes. Sus principales monumentos no están en la superficie, sino en el subsuelo. A cuatro kilómetros del casco urbano encontramos la Cueva de la Pileta, que contiene restos arqueológicos del Paleolítico, Neolítico y la Edad del Bronce. Junto a sus espectaculares estalactitas y estalagmitas el visitante puede admirar las pinturas rupestres más importantes de Andalucía. También es obligado visitar la Cueva del Gato, situada cerca de la estación de trenes. Esta gruta tiene un importante interés científico debido a su complejo sistema fluvial subterráneo.

Más adelante nos topamos con Jimena de Líbar, un municipio con claras reminiscencias moriscas. Su casco urbano se divide en dos partes: el pueblo, que se alza en la ladera del monte, y el barrio de la estación, a orillas del río Guadiaro. Precisamente, este recurso natural es ideal para practicar piragüismo. La iglesia parroquial, las ruinas de la ermita de la Virgen de la Salud o los retos del puente junto al Molino la Flor son algunos de sus tractivos. Desde la Cruz de Ventura se pueden admirar unas vistas espectaculares del valle del Guadiaro. Y de Jimena de Líbar a Benalauría, municipio situado entre valles y sierras a más de 600 metros sobre el nivel del mar. Aquí encontramos la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, del siglo XVI, y el centro de interpretación «Casa de moros y cristianos», donde se puede conocer su pasado. Otro lugar pintoresco es el columbario romano del cortijo del Moro, formado por un panteón funerario del siglo I y varios restos de una pequeña villa agrícola.

La Gran Senda discurre luego por el término municipal de Jubrique. Aunque no pasa por su casco histórico, bien merece una visita a este pueblo de larga tradición vitivinícola. En el museo de artes populares y del aguardiente se puede conocer la historia del municipio, junto a los procesos de producción de la uva y la fabricación de estas bebidas tradicionales. La fuente del río Lavar es un punto de abastecimiento de agua que todavía se utiliza. Más adelante nos encontramos con Genalguacil, un municipio lleno de peculiaridades. Se trata de un «pueblo museo» ubicado en el corazón del valle del Genal, donde cada dos años se dan cita los artistas más destacados del arte actual. En estas citas los creadores, de cualquier tendencia u origen, intercambian ideas y se integran en la vida del pueblo. Fruto de esta experiencia es el museo de arte contemporáneo Fernando Centeno López, donde se exponen gran parte de las obras producidas durante estos encuentros. La Gran Senda discurre luego por el término municipal de Cortes de la Frontera, en el límite de la provincia malagueña y enclavado en el parque natural de la Sierra de Grazalema. Aquí podemos encontrar el bosque de alcornocales más grande de España.