Carlos Edmundo de Ory desviste a Lorca del mito, acusándolo de plagio

La editorial El Paseo publica un ensayo inédito sobre el poeta, encargo de una editorial francesa en 1967

La editorial El Paseo publica un ensayo inédito sobre el poeta, encargo de una editorial francesa en 1967

Carlos Edmundo de Ory (1923-2010) era un adolescente cuando su espíritu intelectual se topó con Federico García Lorca. «Pronto caí –reconoce– en el lorquismo mimético». Tenía 18 años y Lorca y Juan Ramón habían colonizado su vida. Los años pasaron y Ory abrazó el postismo –fundado junto a Eduardo Chicharro y Sirvano Fernesi–y renegó de todo lo demás. España había atravesado una guerra civil y estaba sumida en la recta final de la dictadura cuando Ory recibió un encargo de una editorial francesa que le haría revivir su «mocedad»: escribir un ensayo sobre Lorca. Vivía en Francia desde mediados de los años 50, con su mujer y su hija, y aceptó aquella petición consciente de la trascendencia del mito, pero dispuesto a situar al poeta granadino en la realidad. Tarea ardua teniendo en cuenta el aura que rodeaba entonces su figura, treinta años después de su ejecución, y que no ha dejado de crecer hasta hoy, cuando sigue siendo uno de los autores más revisados.

A Lorca se le representa, se le baila, se le lee y se le canta. Solo su voz permanece callada sin documento que muestre cómo sonaba. De su vida parece saberse todo; no tanto de su muerte. Cualquier material inédito se celebra. Y así ha de celebrarse este ensayo, hasta ahora inédito, que Ory comenzó a plasmar en 1965, pero que había empezado a escribir desde su primer despertar a la literatura. «¿Escribir yo un libro Lorca? –se pregunta a sí mismo en el prefacio–. Nada tan fácil (ni tan difícil). Tendré que releerlo (...). Y descubrirlo de nuevo». Las páginas que surgieron se publicaron en 1967, en una traducción al francés de la que Ory quedó insatisfecho. La edición, de poco más de cien páginas, no conoció otra vida. Hasta que una editorial sevillana, El Paseo, topó con él en las redes sociales a través de la Fundación Carlos Edmundo de Ory. El editor, David González Romero, no dudó y se presentó en Cádiz esa misma semana para cerrar la publicación de un texto que muestra a Lorca en su grandeza y en sus influencias, desgranando su escritura y exponiendo minuciosamente las llamativas semejanzas con la obra del malagueño Salvador Rueda. «Huellas, reflejos, reminiscencias y ecos» los llama Ory, que recoge en un copioso apéndice los «paralelos» Lorca-Rueda, en lo que supone una influencia consciente, que se atreve a calificar como plagio. Son muchos los ejemplos, línea por línea, verso a verso, donde el lenguaje de Lorca serpentea con el de Rueda. «La misma fama de Lorca convierte en tabú la supuesta incidencia del plagio», analiza Ory.

Este apunte no desvirtúa, como el propio autor destaca, en ningún caso su excelsa obra y aporta conocimiento sobre una parte fundamental obviada «deliberadamente» incluso por críticos y estudiosos del poeta granadino. Ory define a Rueda, malagueño, andaluz como todos ellos, como «el cantor regional de Andalucía», profundamente atraído también por el mundo flamenco y el cante jondo. Encuentra destellos de Rueda en la poesía de Federico desde el inicio y cita, como ejemplo: «El vals primoroso y vivo/ que van tocando las olas» del malagueño frente al «este vals, este vals, este vals/ (...) que moja su cola en el mar» que escribió el granadino.

El empleo de la palabra «plagio», que el escritor usa repetidas veces en el capítulo titulado «Lección de Salvador Rueda», es la constatación de una importante influencia en el universo lorquiano. Esta edición de Sofía Pérez Bustamante, profesora de Literatura de la Universidad de Cádiz y patrona de la Fundación Ory, sitúa la relación de Lorca con el poeta gaditano. Ella fue la encargada de rescatar un mecanoscrito que, hasta entonces, había dormido en los archivos de dicha entidad. «Es un trabajo meticuloso, laberíntico, casi maniático», señala Pérez Bustamante en el extenso estudio preliminar. Esa concienzuda labor sobrevuela la obra de alguien que, en su opinión, sintió un interés por Federico García Lorca que «parece arrancar en 1965, pero que es anterior y va mucho más allá (treinta años al menos) de la publicación del libro en francés».

El libro, que recoge igualmente una cronología de vida y obra, es un doble descubrimiento. Por un lado, la publicación de un análisis certero del poeta universal, interpretando sus temas recurrentes, como el gitanismo y el uranismo o el color verde, a los que dedica sendos capítulos de los nueve en los que se divide. El segundo descubrimiento es una obra nueva de Ory, en la que a través del espejo de Lorca muestra pinceladas de sí mismo.