Concha Ybarra: “La cerámica es magia”

En el estudio de Concha Ybarra (Sevilla, 1957) entra una luz tibia y gris que crea sombras entre los anaqueles repletos de libros, en las estanterías con discos y sobre los cuadros que cuelgan en las paredes. Suena de fondo una sonata, mientras las gotas golpean el ventanón que se asoma al patio de la casa familiar. Visto desde dentro de la estancia, parece un cuadro más, enmarcada la fuente central, las losetillas mojadas y al fondo la enredadera que cae o trepa por el muro opuesto. Hasta finales de abril, mantiene abierta la exposición, «El barro como juego», en el Centro de la Cerámica de Triana.

–¿Cuál fue el camino de la pintura a la cerámica?

–Pues fue hace muchos años, como ocho, cuando estaba con la pintura y necesitaba buscar otro material. Había visto a muchos pintores del siglo XX que la utilizaban y eso me interesó. Un día comencé unas clases y me gustó porque se trataba de algo muy manual, no como la pintura que tienes que estar siempre ahí viendo el cuadro para ver cómo va, qué sucede con la composición, necesita mucho tiempo. La cerámica es más alegre, más directa y todo lo que sale, sale bien, aunque tú quieras hacer otra cosa.

–Dios fue el primer ceramista cuando hizo al hombre de barro.

–Es algo muy importante, porque tiene mucho que ver con lo primitivo, con lo cotidiano, lo habitual y doméstico. Es impresionante verlo.

–Y muy presentes en el mundo del Mediterráneo.

–Me encanta todo ese mundo y a poco que lo estudias te vas dando cuenta de que existen muchas formas para afrontar la cerámica.

–En su caso reivindica el sentido del juego.

–Reconozco que cuando era pequeña me costaba mucho jugar, era muy seria, y ahora lo he recuperado con la cerámica. Coges una hoja y la pones aquí, encima de un plato, lo mezclo, siempre vas jugando como si fuera un puzle.

–¿Y se improvisa mucho?

–Sí, claro porque se sale de una idea y se llega a otra, pero también sucede cuando pintas, que puede que te salga otro color. Con la cerámica, en el horno, al sacarlo es probable que aparezca un color que no esperabas. La química de los colores, los óxidos, los esmaltes, todo depende un poco de los grados a los que los pongas.

–Habrá muchas sorpresas.

–La cerámica es magia y en mi pintura también, porque comienzas por un lado y luego, sin saber por qué, te vas para otro. El cuadro cambia, aunque hay pintores que lo tienen muy claro desde el principio. Yo no, eso no me pasa. Será que no lo tendré tan claro.

–A veces es interesante no tener claras las cosas...

–Otras no, otras es un gustazo tener claras las cosas. Así se lucha mucho por lo que tienes.

–Desde el principio. ¿Cómo fueron los suyos?

–Un poco extraños, porque empecé tarde, con treinta y algo de años. Me metí muy de lleno y comencé a conocer a mucha gente, muy interesante. Estudié mucho, tenía que meterme intensamente porque no tenía la carrera de Bellas Artes, y siempre estaba estudiando a los pintores. Me interesaba mucho Paul Klee, los autores del Quattrocento, Piero della Francesca, Matisse me encanta, también los japoneses.

–Matisse es maravilloso, el color...

–Es fantástico. Me interesa mucho el color. Mira (señala un cuadro), ese que está ahí, había pensado hacerlo totalmente negro, pero te puedes creer que ya estoy metiendo color. No soy capaz de hacer un cuadro negro. Ya puedo hacerlo monocromo, pero ya está ahí el color.

–Sé que estuvo en China, ¿le influyó algo?

–Bueno, en realidad aún no pintaba porque acababa de terminar psicología, pero una hermana mía vivía en Pekín y aproveché. También visité Hong Kong, me gustó mucho la pintura china. Cuando volví, fue cuando comencé con la pintura, decorando muebles...

–¿Cómo ve el panorama pictórico andaluz?

–Los pintores andaluces son los mejores, están aquí, además tienen algo especial. Hay mucha diferencia con otros, tienen mucha fuerza y me gusta. Te encuentras muchos pintores jóvenes que están en Madrid, donde se mueve mucho más todo.

–¿El arte mantiene su valor en este mundo tecnológico?

–Pues ahora tiene más valor, es mejor, lo que sucede es que ahora hay mucha fotografía. Antes era distinto, porque era mucho más cálido. En la actualidad hay mucha gente que está pintando, esto no para.

¿Y la mujer pintora?

–Pues también hay muchísimas y además muy buenas. La mujer está ahora haciendo muchas cosas en las artes plásticas, todo este mundo ha cambiado mucho.