Derechita cobarde (II)

Serrano, Francisco Javier Ortega-Smith y Santiago Abascal / Foto: Manuel Olmedo
Serrano, Francisco Javier Ortega-Smith y Santiago Abascal / Foto: Manuel Olmedo

Dos sucesos se han cernido en este principio de semana sobre el partido Vox, ambos íntimamente ligado a su sucursal andaluza, la más decisiva de todas. El cabeza de cartel que encarnó el formidable resultado del 2D, Francisco Serrano, se ha distinguido con unas opiniones rotundas sobre el incremento de las condenas a los integrantes de «La manada», término que ha virado definitivamente hacia la antonomasia, que han sido matizadas, más bien corregidas, por su portavoz parlamentario, Alejandro Hernández. (Nótese la especificación puntillosa de los cargos, ya que el genérico «líder» queda reservado para Santiago Abascal: ay, el autoritario pelo de la dehesa antañona...). Al mismo tiempo, sin que aparentemente tengan mucho que ver los dos asuntos, pero quizás por arte de birlibirloque, dos encuestas de lunes advierten de la caída en expectativa de voto del partido, que perdería dos tercios de sus diputados en Cortes. En su desesperado proceso de asimilación al sistema, parece ser, la formación desacomplejada se ha convertido en algo muy parecido a esa «derechita cobarde» que debelaban durante el largo semestre de campañas. El elector no es tonto, muy al contrario de lo que están tentados de pensar los ungidos por el carisma, y no puede dársele gato institucional a quien acudió a las urnas en busca de esa liebre cimarrona dispuesta a no capitular en la batalla semántica e ideológica. Acunado por la mullida moqueta que ahora pisa, el tal Hernández lampa por un trocito de la respetabilidad que dispensa la progresía y tuerce el gesto cuando su compañero (¿hasta cuándo?) persiste en su compromiso de no dar ni un paso atrás frente al feminismo u otras lacras. Para fachitas de club de tenis con vocación de socialdemócrata moderno, se basta y se sobra el PP. La demoscopia así lo dicta.