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El último desafío de Susana Díaz

Un año después de iniciar su asalto fallido a Ferraz se atrinchera en la Junta y mantiene una distancia «visceral» con Pedro Sánchez

Un año después de iniciar su asalto fallido a Ferraz se atrinchera en la Junta y mantiene una distancia «visceral» con Pedro Sánchez

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Antes de presentar en Madrid su candidatura a la Secretaría General del PSOE, este mismo día de hace un año se hizo público un vídeo en el que la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, había registrado en su hoja de vida cómo pedía «permiso» para dar el salto a su agrupación de Triana, en Sevilla, donde desembarcó con 17 años. Lo había hecho antes, cuando decidió revalidar en las urnas lo que ya le habían cedido: la Presidencia del Gobierno andaluz. Hubo demanda de vuelta: los suyos le encomendaron que «uniera» al partido. Ella habló entonces de «coser». Hace un año también que Susana Díaz se fotografió con jóvenes socialistas en Casa Labra, donde nació el PSOE en 1879 y agarrada a esa historia quiso emprender un ascenso que creyó imparable. Lo que pasó luego incendió a un PSOE aún sin embridar del todo.

Pedro Sánchez, aupado por la militancia, resultó el vencedor de aquella guerra fratricida. Se convirtió en secretario general de los socialistas y eligió a su equipo, una nueva Ejecutiva con la que comenzar a funcionar.

Doce meses después de aquel 25 de marzo, la distancia sigue siendo lo que mide la relación de los que fueron contrincantes.

Si Ferraz ha conseguido desde entonces limar ciertas asperezas con algunos de los barones que se mostraron abiertamente partidarios de Díaz en aquel proceso de primarias como el extremeño Guillermo Fernández Vara, el valenciano Ximo Puig, o incluso el aragonés Javier Lambán; con la presidenta andaluza «no hay manera», lamenta quien defiende que es necesario «hacer causa común» en tiempos políticos volátiles.

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Apuntan quienes conocen a ambos que «su rechazo a Sánchez es de piel». «Es visceral y no responde a razones lógicas», complementan otros.

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Contra las «ocurrencias»

Con él a cuestas, Díaz se puso en pie de guerra con la conmiseración y salió de la burbuja en la que se refugió tras el fiasco sin paliativos de las primarias con un objetivo primario: sobrevivir.

Se ha replegado a lo institucional en Andalucía, que utiliza a veces para traducir el alejamiento de Pedro Sánchez y del «nuevo PSOE» que éste representa en directrices para que se vote en el Parlamento regional en sentido contrario a lo marcado en el Congreso, o agarrándose a su agenda de presidenta para dejar solo al secretario general en sus actos en la comunidad.

Al PSOE andaluz no le gustan las «propuestas-ocurrencias» del secretario general como la de igualar la subida de los sueldos de los diputados a la del 0,25%, prevista para los jubilados, que se «les acaban volviendo en contra» al «no saber colocarlas en los medios» de comunicación. Aunque sí hay contactos por conveniencia entre ejecutivas.

Susana Díaz es consciente de que mantener la Junta de Andalucía es su pasaporte para una remontada personal definitiva. Ha de defender su plaza. Pero tiene algunos hándicaps: le queda poco tiempo de legislatura para compensar el mucho de ausencia por las horas tiradas en el pozo de lo orgánico; tiene dificultades para implementar políticas por la falta de liquidez del Ejecutivo regional y múltiples frentes abiertos en materias esenciales como educación o sanidad. Reivindicaciones durmientes que han despertado y a Díaz «le agobian las protestas». De hecho, fuentes socialistas auguran que su galería de fotografías con colectivos y organizaciones sociales de todo tipo «aumentará» y con ellas los vagos compromisos. A falta de actuaciones concretas, de actividad legislativa real y de reformas, habrá que tirar de emoción y ver si basta.

A favor tiene la marca, el PSOE-A, imbatible hasta el momento en la comunidad; la maquinaria electoral de éste, que, aunque gastada, aún funciona como un reloj; el manejo de las múltiples instituciones que los socialistas controlan aún en la comunidad; su capacidad de trabajo que la llevará a volcarse sobre todo en las zonas rurales, consciente de que son las que pueden sostenerla; y la falta de una oposición que necesita mejorar en la recolecta de votos.

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¿Adelanto de primarias?

En teoría, las elecciones andaluzas no tocan hasta marzo de 2019, si bien LA RAZÓN ha podido saber que algunos territorios podrían plantear en Madrid el adelanto de sus procesos de primarias, entre ellos Andalucía, lo que podría ser un indicador de que, como se ha barajado en los últimos meses, la presidenta acabará adelantando los comicios.

Esto no extrañaría a algunos socialistas, dado que «la tendencia es mala» en cuanto a que no se frena la pérdida de diputados, pese a que las encuestas se lean como triunfos porque, de acuerdo con ellas, reeditarían la victoria electoral en la región. Y hay otro motivo. «Ella quiere ser siempre la primera en examinarse y si le sale bien, podrá decirle al secretario general ‘yo he salvado la situación, a ver qué tal tú’», explican a este diario.

Y añaden: «Si logra gobernar otra legislatura, ya se verá lo que pasa, en lo orgánico y en lo institucional». Cuatro años dan para mucho. El único inconveniente de cara a acortar la legislatura es que, de momento, no hay razón o excusa para hacerlo, dada la cacareada estabilidad de la que goza la comunidad gracias al pacto con Ciudadanos (Cs). Aunque en política, si se buscan razones, y más aún si se trata de excusas, siempre se encuentran.