La Fiesta, entre la incertidumbre y la ilusión de la profesión

Alfonso Cadaval, Rafa Serna hijo, Alfonso Fernández de Peñaranda Valdenebro, José Antonio Naranjo, Rafa Serna y Enrique Miguel Rodríguez
Alfonso Cadaval, Rafa Serna hijo, Alfonso Fernández de Peñaranda Valdenebro, José Antonio Naranjo, Rafa Serna y Enrique Miguel Rodríguez

El futuro del mundo de los toros pasa por sus incógnitas, sus trabas, sus inconvenientes, pero también la ilusión, las ganas infinitas de ser torero y triunfar sobre el albero de una plaza. La segunda cita de los III Encuentros Taurinos de la Feria de San Miguel, organizados por LA RAZÓN, bajo el patrocinio de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y con la colaboración del Hotel Gran Meliá Colón, contó con la participación del periodista José Antonio Naranjo, subdirector del espacio radiofónico «Herrera en la Onda», del compositor Rafa González-Serna y de su hijo, que es novillero. Tres puntos de vista sobre la Fiesta para charlar sobre un espectáculo que no vive sus mejores momentos y que necesita de una renovación integral para poder asegurar su futuro.

Pesimismo o realismo, como puso de relieve Naranjo nada más comenzar el acto, que estuvo conducido por el director de Relaciones Institucionales de este periódico, Enrique Miguel Rodríguez. «Los aficionados nos miramos demasiado el ombligo, estamos tan metidos en nuestro propio bosque que no vemos los árboles que lo forman», aseveró Naranjo, que destacó que el problema reside en el mismo seno de la Fiesta. «No va a ser un grupo de cien personas manifestándose fuera de la plaza quien le dé la puntilla, sino la inviabilidad del negocio».

En el mismo sentido se posicionó González-Serna, que quiso dejar claro que los que comienzan cuentan con muy pocos apoyos. Se preguntó qué sucederá cuando las grandes figuras, como José Tomás, Manzanares o Morante de la Puebla, decidan retirarse. «Para que haya futuro tiene que haber savia nueva. ¿Quién viene detrás?». «Cada vez que nuestros hijos tienen que ir a una novillada, a sus padres, no a nadie más, nos cuesta 1.200 euros». En este punto, Naranjo puso de relieve que en EE UU el boxeo, tras varias décadas sin éxito y extinto, ha vuelto a resurgir para convertirse en un negocio rentable. Ante las nuevas fórmulas necesarias, criticó que un «negocio del siglo XXI se quiera llevar como si estuviéramos en el XIX». Por su parte, el novillero, pese a los malos augurios, se vino arriba y espetó que pese a las circunstancias que le han tocado vivir no piensa renunciar a «esto tan bonito por lo que lucho» y contó cómo se prepara para poder ser figura del toreo.