La guayabera cubana y el escarpín italiano

La Razón
La RazónLa Razón

Disponer de José Rodríguez de la Borbolla y de Enric Juliana en un mismo foro asegura una lección de geografía y de política comparadas. Ayer estuvieron en Sevilla el ex presidente de la Junta de Andaluía y el subdirector de «La Vanguardia» para debatir sobre el reacomodamiento y la «reconllevancia» de la galaxia catalana dentro del universo celtíbero. Desde la guayabera cubana de Pepote al escarpín italiano de Juliana transcurre una odisea desde el federalismo de abajo arriba alemán al federalismo de arriba abajo yugoslavo, pasando de la China popular al imperio nipón. A Juliana, que suma 14 años como corresponsal en Madrid del periódico barcelonés, no le agradó el sentido que Borbolla dio en una artículo del Frente Único Antijaponés, término acuñado por el comunismo chino para aglutinar a la oposición en una pelea común frente al invasor imperialista. Sucedió hace meses. Pepote defendió en un periódico, justo después de la ruptura en el «Parlament» y justo antes del 1-O, que los partidos constitucionalistas debían aparcar las diferencias para unirse en un fin común y prioritario: la resistencia al desafío del «procés». Y Borbolla utilizó esa alegoría del Frente Único Antijaponés. A Juliana no le gustó. Y no le pareció feliz la metáfora porque los catalanes, vino a decir, no son como los japoneses, ni extranjeros ni imperialistas. A buenas horas. Juliana se las sabe todas. En Cataluña se han cometido enormes errores, admite, pero advierte de los sentimientos, de la susceptibilidad de la sociedad globalizada y de la poca correa de este sobrevenido planeta mundializado e hiperconectado. Por eso la guayabera de Pepote y el escarpín de Juliana no fueron más que el símbolo del exotismo patrio, el desafío para los exploradores de lugares ignotos.