La vida que pasa por el Real Alcázar

El Premio Fernando Lara de novela se entregó el viernes en el transcurso de una cena en el Real Alcázar de Sevilla
El Premio Fernando Lara de novela se entregó el viernes en el transcurso de una cena en el Real Alcázar de Sevilla

El Alcázar de Sevilla que puede presumir de ser el palacio real mas antiguo de Europa. Tiene una historia de siglos, que a su vez han creado miles de historias. Unas que se ajustan a la verdad; otras que la rodean; otras que se sirven de sus personajes auténticos para crear historias inventadas. Pero todo parte de la leyenda de tan antiguo y emblemático palacio. A pesar de que nunca es bastante, es justo reconocer que está más cuidado que nunca. Y que sobre todo está vivo porque la vida habita en él. No sólo por los cientos de miles de visitantes anuales. Además acoge música, flamenco, baile, representaciones teatrales, conferencias, debates, actos sociales, entregas de premios...En los últimos días he asistido a dos entregas de premios en tan real sitio. El miércoles se entregaron los premios taurinos que patrocina El Corte Inglés. El acto se celebró en el patio de la montería. La noche era gélida. Propia de enero. Esto generó una especie de frialdad en el desarrollo de la entrega, sin contar que el mundo del toro confunde en ocasiones no estar pegado a una cámara todos los días con no recoger galardones de prestigio que sirven de difusión y ayuda al toreo, que no está por cierto sobrado de apoyos mediáticos. Estar instalados a estas alturas en aquello tan antiguo del buen paño en el arca se vende no es de recibo. El buen paño se vende en los grandes escaparates. Sucedió en este sentido que el triunfador que recogía varios premios se excusó por estar toreando en América. Me estoy refiriendo a «El Juli». Lo sorprendente es que los distintos trofeos los fueron recogiendo distintos miembros de su cuadrilla. Doy por cierto que estaría en México, pero o allí tiene otros subalternos o no estaba toreando. Sí recogió el premio Curro Romero al mejor toreo de capa Manuel «Escribano» y además se lo entregó el mismísimo Curro Romero a pesar de estar sufriendo una neumonía y a pesar del frío y de sus mas de 80 años. Eso se llama respeto a los toros y a Sevilla.

El viernes volvía al Real Alcázar. Se entregaban los premios de biografía y humanidades que otorgan la Fundación Lara y la Fundación Cajasol, aunque indudablemente la noche es la del Premio de novela Fernando Lara, que es sin dudas es el gran premio literario de Andalucía. Su dotación económica, su difusión y ventas y los autores ganadores –Terenci Moix, Ángeles Caso o Sánchez Dragó– lo avalan. La magnífica novela premiada el año pasado y basada en hechos reales que lleva por título «Después del amor» ha convertido a su autora, Sonsoles Ónega, en una de las grandes vendedoras del año. Otro grande, Jorge Molist, se alzó con el triunfo. «Canción de sangre y oro» es una novela histórica donde se funden un cruel emperador, un condenado de 16 años, una condesa libertina y sobre todo Constanza, la hija del rey de las dos Sicilia. Esto es lo que nos adelantó el premiado. Los invitados acudieron con ropa de abrigo por si se repetía el frío pero afortunadamente el tiempo se quiso sumar a tan importante gala y regaló temperaturas de lo más agradable. Como se dice en el argot, el corte de asistentes era de primerísima, desde la primera autoridad de la ciudad, el alcalde Juan Espadas, consejeros de la junta, artistas, directores de cine, músicos, empresarios...y por supuesto escritoras y escritores. En la mesa presidencial estaba el presidente de la Fundación Lara, la entidad que es alma y creadora de estos premios. José Manuel Lara, Marqués del Pedroso de Lara, y su madre patrona mayor Consuelo García Píriz, marquesa viuda del Pedroso de Lara. En mi mesa estábamos los habituales. Carmen Tello, Curro no pudo acudir por estar tocado por el frío de la noche anterior, Macarena Olivencia y Javier Arenas, Loly Reina, Antonio Burgos, Isabel Herce, Mamer Revuelta y Rafael Peralta. Todos muy amigos de la familia Lara. Por cierto, hay muchos sevillanos con temor a las largas colas que se forman diariamente para entrar en el Alcázar. Yo sólo temo que no existan, que no tengamos visitantes. Desde el principio de los tiempos las únicas invasiones que defiendo son las de los turistas, gentes que quieren conocer otros pueblos, otras culturas, o que simplemente quieren beber y comer lo mejor de España. Si encima dejan unos miles de millones... Por mí bienvenidos sean.