Política

Los muertos sin nombre del Estrecho

Barbate enterrará a once de los doce inmigrantes fallecidos esta semana. Los municipios deben asumir los gastos funerarios de los cuerpos sin identificar

Una lápida recuerda a las cientos de personas ahogadas frente a las costas de Cádiz / Foto: Efe
Una lápida recuerda a las cientos de personas ahogadas frente a las costas de Cádiz / Foto: Efe

Barbate enterrará a once de los doce inmigrantes fallecidos esta semana. Los municipios deben asumir los gastos funerarios de los cuerpos sin identificar

En Barbate (Cádiz) están ya acostumbrados a cuidar a los muertos del Estrecho. En su cementerio esperan a las víctimas de la patera naufragada esta semana en una de sus playas. Doce fallecidos, después del último cuerpo rescatado ayer. Sin nombre, ni familia, aquí no les faltará una sepultura digna, ni quien cuide de su memoria y rece por sus sueños rotos.

«Estamos pensando en reagrupar a varios inmigrantes en un mismo nicho. Porque esto no va a parar nunca y vamos a necesitar más espacio», dice a EFE Pedro Álvarez, encargado del cementerio parroquial de San Paulino de Barbate. Solo en este, hay enterrados más de 30 inmigrantes que murieron tratando de cruzar el Estrecho. Sus cuerpos aparecieron en la costa del término municipal por lo que, si nadie los reclama, como suele ser habitual, una vez cumplido un periodo de espera, es el Ayuntamiento del lugar el que debe hacerse cargo de los restos.

Barbate lleva años asumiendo esta responsabilidad. «No recibimos ayuda, ni ayuda ni una llamada, nada», según explica el concejal Javier Rodríguez. Y no es que no la necesiten y la reclamen, sobre todo por los costes económicos.

El Ayuntamiento debe pagar unos 2.200 euros a las empresas funerarias por cada cuerpo. El cementerio parroquial no les cobrará después los aproximadamente 1.200 que puede costar cada enterramiento. Los gastos funerarios de los, hasta ahora, doce fallecidos esta semana en Caños de Meca (uno de ellos fue localizado en la playa de El Palmar y le corresponderá enterrarlo a Vejer de la Frontera) ascenderán de momento a 24.200 euros. «Eso significa que este gasto consumirá un cuarto del presupuestos de nuestros Servicios Sociales. El presupuesto anual de este departamento es, como todos, corto, de unos 85.000 o 90.000 euros al año», detalla. Desde 2015 hasta ahora, sin contar la partida que necesitarán para las víctimas del último naufragio, el Ayuntamiento de Barbate ha invertido en estos gastos 26.130 euros.

«Por supuesto que no los vamos a dejar tirados. Pero esto es un gasto añadido para el municipio y pedimos ayuda de otras administraciones», insiste el edil. Las víctimas del naufragiopermanecen en el Instituto Anatómico Forense de Cádiz. Allí se les ha practicado la autopsia y se han recogido huellas y muestras, pero la identificación no suele ser fácil. Apenas dos de los más de 30 nichos que ocupan en el cementerio de Barbate tienen nombre. Uno de ellos es el de Samuel, el niño del Congo de 6 años que murió, al igual que su madre, en el naufragio de otra patera. Su padre y sus tíos estuvieron en su entierro y en su funeral, pero este fue un caso aislado. Lo normal es que al cementerio de Barbate lleguen féretros con un número, el de las diligencias judiciales del caso, y sin más compañía que los trabajadores de la funeraria.

«Aquí les hacemos un pequeño rezo, porque no sabemos de qué religión era y no nos gustaría que fuera ofensivo. Y les enterramos, pero no les ponemos lápida», cuenta Pedro Álvarez. El camposanto barbateño es «muy tradicional», un lugar al que muchos vecinos van «a diario» a visitar a sus muertos y arreglar sus tumbas. Entre unos y otros se encargan de que las de los fallecidos sin identificar en el Estrecho estén también cuidadas. «En el pueblo estamos muy concienciados de que no va a venir ningún familiar a visitar sus tumbas, por eso siempre hay alguien que arregla sus nichos y les pone flores», cuenta.

En raras ocasiones, llega al cementerio algún magrebí o subsahariano, que, sin preguntar a nadie, busca algún nicho. Posiblemente el de algún familiar. «No comentan nada. Saben que si lo hacen, o si reclaman los cuerpos, les van a cobrar los gastos de la funeraria y del cementerio y no podrán afrontarlo. Ven que están en un sitio digno y se resignan».

La tragedia del pasado lunes recuerda a otra que sucedió en 2002, cuando otra patera naufragó en la misma zona y fueron rescatados trece cuerpos, que están enterrados en ese cementerio. Dieciséis años después, los muertos sin nombre del Estrecho siguen aumentando.