Otra vez víctimas

La Razón
La RazónLa Razón

La disolución de ETA no ha excitado, vaya por Dios, el ingenio de la horda progre, que ya podría aplicarle al caso los mismos chistecitos que le escupieron a Cristina Cifuentes a cuenta de su máster. Porque en la renuncia de estos hideputas a lo que llaman «acción armada» existe idéntica voluntariedad que en la de servidor a jugar en los All Blacks. Dejan un reguero de sangre y casi 400 asesinatos sin esclarecer, ni voluntad que parece tener el Gobierno de esclarecerlos. Este periódico entrevistó la semana pasada a Rocío Ustarán y el digital elindependiente.com hizo lo propio con su madre, Charo Muela. Residentes ambas en Sevilla, son huérfana y viuda de un militante sin cargo de UCD al que tres terroristas sacaron de su casa a punta de pistola y asesinaron un rato después. Han pasado 38 años y la Audiencia Nacional no ha practicado una sola diligencia para tratar de hallar a los culpables, ni la practicará en esta fase recién abierta de entusiástico blanqueo de las biografías de etarras. «En los próximos días –anunció Mariano Rajoy el viernes–, el ministro del Interior convocará una reunión del pacto antiterrorista para analizar la situación que hoy se inicia». ¿Por qué? ¿Porque quién carecía desde hace años de capacidad alguna para atentar ha anunciado que deja de atentar? Juan Ignacio Zoido, como presidente que fue de un PP andaluz con varios mártires del terrorismo, es persona sensible al dolor de las víctimas, y no debe convocar nada; sólo poner los medios para que sus convecinas (y apuesto que votantes en vías de cambiar de papeleta) Charo y Rocío encuentren algo de consuelo viendo cómo los malnacidos que mataron a sangre fría a un padre de familia numerosa de 41 años pagan su crimen en un penal. De las Canarias, a ser posible, porque en Fernando Poo ya no puede ser.