Planteamiento continuista

La composición del nuevo Ejecutivo autonómico pone a las claras que el relevo al frente de la Junta se produce exclusivamente por la tensión insoportable que estaba produciendo el caso de los ERE. Las dos personas de máxima confianza de Griñán en su etapa como consejero de Economía y Hacienda, Carmen Martínez Aguayo y Antonio Ávila, se han quedado descabalgados de sus respectivas consejerías al salpicarles de lleno –más a Aguayo– la trama que investiga la magistrada Mercedes Alaya. Hecha la purga, Susana Díaz pone a sus once consejeros lejos de una posible imputación y garantiza así cierta estabilidad. Pero todo el movimiento de piezas es un descarado traje a medida. La renuncia como senadores autonómicos de Antonia Moro, Francisco Álvarez de la Chica y Juan Espadas es otra maniobra en la misma dirección. Griñán coge el camino de la Cámara Alta para que, si se produce su imputación, sea el Supremo y no el juzgado de Instrucción de Alaya el que se ocupe de su caso. Griñán apostó en su discurso del Debate sobre el Estado de la Comunidad en el que anunció su renuncia por nuevos pilotos y por que savia nueva cogiera el timón. ¿Savia nueva es José Sánchez Maldonado, Manuel Jiménez Barrios, María José Sánchez Rubio o Elena Víboras? La única gota de juventud la aporta la alcaldesa de Baena, María Jesús Serrano. El resto deja tal cual o incluso eleva la media de edad del anterior Ejecutivo. Sí hay un cambio de Susana Díaz. La recuperación de los equilibrios territoriales que tan buen resultado le dieron al ex presidente Chaves. Aunque en este reparto las provincias de Huelva y Almería se quedan fuera. No pasa asimismo desapercibido que el consejero que tendrá que lidiar con los principales casos de corrupción (ERE, Invercaria, Bahía Competitiva) dimitiera de su anterior cargo por problemas de hipertensión. Difícilmente habrá llegado al Gobierno por prescripción médica.