Sin la bendición de Felipe

La Razón
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Menudo viaje le propinó Elena Valenciano a Susana Díaz. A los dos minutos de iniciar su intervención y justo después de agradecer a Mario Jiménez los servicios prestados – aunque la línea entre San Vicente y Ferraz no siempre haya sido fluida– la vicesecretaria general mentó la soga en casa del ahorcado: Felipe González, el gran ausente de este fin de semana en Granada. Y en el PSOE no hay bautismo ni confirmación política que valga sin su bendición. Sevillano y paisano, no para más señas, que no hacen falta, sino para que su ausencia se note y duela más. Por cierto, la presencia de Zapatero no se sabe si se habrá notado para mal o para bien. Pero Felipe González ha estado de viaje por motivos de agenda, es decir, nadie conoce las verdaderas razones de su ausencia. Salvo que en Sevilla los vecinos de Triana se lleven mal con los de Bellavista, y no parece el caso. González, no se olvide, ha sido el último presidente socialista en ganar por mayoría absoluta en España. Fue en 1989, cuando Susana Díaz apenas tenía dieciséis años. Y tal vez el problema sea que uno y otro discrepen de los métodos «para ganar bien», el gran compromiso contraído por Díaz durante este congreso, para mayor celo y recelo de Izquierda Unida. De momento, muchos medios nacionales, y no necesariamente cercanos a la izquierda, parecen decididos a encumbrarla, posiblemente para después despeñarla en una estrategia secretamente deseada, y quizás trazada, por la plana mayor del PP nacional. Porque Susana Díaz, de Despeñaperros para abajo, puede que se valga y se baste ella sola «pa ganá bien» y siempre que el PP andaluz se empeñe en no resolver su inestable situación interna. Pero para llegar más lejos, González sabe muy bien por experiencia que cada viaje precisa de determinada alforja. Ir a Granada, ¿para qué?