Brossa al completo

El poeta Joan Brossa no ocultaba en sus textos sus intereses artísticos
El poeta Joan Brossa no ocultaba en sus textos sus intereses artísticos

A los casi 16 años de la muerte de Joan Brossa, un libro recopila textos desconocidos y dispersos de uno de los autores de referencia de la literatura catalana del siglo XX. «Prosa completa i textos esparsos», publicado por RBA y bajo el cuidado de Glòria Bordons, permite tener, a falta de unas obras completas del autor, conocer algo más de su producción, así como de su interés multidisciplinario.

Brossa ya había realizado un primer intento de reunir lo que él denominaba como «textos esparsos» en «Vivàrium» y «Anafil», pero aún quedaba una parte de su obra por divulgar. El poeta consideraba la prosa como un medio más de expresión en su forma de entender tanto la literatura como el arte.

Estos escritos están íntimamente relacionados con el primer Brossa que tiene como objetivo la búsqueda de una identidad literaria propia. En este sentido, la poesía y el teatro se cuelan también en estas creaciones iniciales que ya dibujan lo que será su carrera literaria posterior.

En el libro encontramos las preocupaciones e intereses que fascinaron a Brossa, desde el cine al music-hall, pasando por su interés por maestros a los que siempre admiró como Joan Ponç, Antoni Tàpies, Richard Wagner o Josep Maria Mestres Quadreny. Son, en muchas ocasiones, una suerte de declaraciones de intenciones por parte de un autor al que nadie pudo jamás comprar, con una honestidad total hacia su trabajo.

Un buen ejemplo de esto es, por ejemplo, el artículo que publicó en el diario del Festival de Sitges, en 1985, hablando sobre «Blade Runner» y su realizador, Ridley Scott. Allí apunta que esa obra de ciencia-ficción «es un film que pasará a la Historia como un clásico del cine de nuestros días».

Joan Miró es otro de los grandes referentes de Brossa. La necológica que le dedica es uno de los más inteligentes textos que se han escrito sobre el que califica como «el pintor más joven de la Historia», un nombre que «ha tenido la fortaleza de una roca».

Otro retrato que resulta apasionante es el que dedica a Juan Eduardo Cirlot, de quien rememora que «personalmente era muy contradictorio: una mezcla de inquietud y conservadurismo. En el terreno de las ideas discrepábamos totalmente. Iba a misa y admiraba la disciplina jerárquica del ejército, que consideraba un modelo modélico de sociedad secreta medieval».

En 1973, para «Camp de l'Arpa, Revista de Literatura» contestó una encuenta sobre la crítica literaria. Brossa no oculta su pesimismo ante «el triunfo de la "Prusia"española», unas circunstancias que «favorecían como nunca a los reaccionarios y los mediocres de siempre».

Tampoco rehuye la edición de Bordons algunos de los referentes de las artes escénicas admirados por el poeta, como el ventrilocuo Selvin; la maestra del «striptease» Christa Leem –»quien hace la mejor aportación al "music-hall"del país»; o el artista de la burbuja, Pep Bou. Todo ello nos ayuda a entender algo más del imaginario de un autor irrepetible que merece seguir siendo leído.