«En Cataluña, la atención en salud mental infanto-juvenil es muy buena»

Montserrat Dolz / Psiquiatra
Montserrat Dolz / Psiquiatra

«La adolescencia es una época que sabemos que es clave en el inicio de algunos trastornos graves, como lo serían todos los trastornos de la esfera de la psicosis, y en estos casos, el diagnóstico precoz es básico», asegura Montserrat Dolz, psiquiatra

Psiquiatra infantil del Hospital Sant Joan de Déu, admite que han aumentado los diagnósticos de problemas de salud mental en la edad infanto-juvenil y, en parte, ello ha sido por la eficacia de la red de atención pública.

–Según un estudio de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, la prevalencia de la mala salud mental de las chicas de 15 años pasó del 5,3% en 2012 al 12,3% en 2016 y los menores atendidos en centros de salud mental infanto-juvenil aumentó un 127% entre 2002 y 2016. ¿Estos datos reflejan una realidad? ¿Está empeorando la salud mental de los jóvenes?

–Estos datos tienen que ver con muchas cosas. En el 2002 había un red de salud mental infanto-juvenil desarrollada pequeña y escasa y en el 2017 ha habido toda una serie de acciones destinadas a aumentar esta red. Es decir, ahora hay muchas más puertas que se abren cuando alguien tiene un problema de salud mental y, por tanto, hay una mayor accesibilidad. La red de salud mental fue pionera en el Estado español, pero es verdad que desde el 2002 al 2017 ha crecido de forma exponencial, así que es normal que haya crecido la demanda porque hay donde ir. Por otro lado, ha disminuido el estigma: los problemas antes no se atendían porque la gente los vivía en silencio; lo grave se escondía y lo leve se daba por normal y ahora lo grave se ha normalizado mucho más y sobre lo leve, ahora buscamos soluciones. Estos dos factores creo que son la parte fundamental del aumento de demanda. No hay que entender que esto es una epidemia, sino que hay más diagnóstico, hay mayor conciencia, mayor búsqueda de ayuda y menos estigma y además tenemos un sistema público que ha actuado con un alto nivel de responsabilidad poniendo dinero en un ámbito en el que en otras zonas no se pone. Por otro lado, es verdad que la crisis ha tenido un impacto en la salud mental. En los ultimo 3 o 4 años, nuestro servicio de salud mental de urgencias, que somos el único hospital que lo tiene, ha aumentado su actividad exponencialmente.

–Se han llevado a cabo iniciativas para atraer a los adolescentes a las consultas médicas. La última es la del Departamento de Salud, que ha puesto en marcha un programa de atención a la psicosis incipiente. ¿Hay que entender que los adolescentes son reacios a acudir al sistema sanitario? ¿O es que no le damos la importancia suficiente a los primeros síntomas?

–Son las dos cosas. El niño va al pediatra regularmente sin problema hasta los 12 o 14 años, cuando se pierde ese contacto regular con el pediatra y ahí se corta la relación del adolescente con el médico. Y es una edad clave para algunos trastornos y es verdad que ahí la puerta de comunicación, tan clara y frecuente, se acaba. El acceso de los adolescentes a la salud es complejo porque no sigue los canales habituales. Para ellos, la fórmula del médico y la consulta quizá se ve muy lejana y en otros países están apostando por la fórmula de espacios abiertos, donde van los jóvenes a preguntar cosas variadas. Por otra parte, como en la adolescencia es una edad en la que hay muchos cambios, signos que pueden ser alarma de que algo está pasando se pasan por alto porque parece que es producto de la falta de madurez o una crisis de la adolescencia. Se puede dar mucho margen a cosas que pueden ser graves.

–¿Es clave intervenir cuando se detectan estos primeros síntomas?

-La adolescencia es una época que sabemos que es clave en el inicio de algunos trastornos graves, como sería todos los trastornos de la esfera de la psicosis, y sabemos que el diagnóstico precoz es básico. Cada vez más se desarrollan estudios que intentan definir cuáles son estos factores clave que nos pueden decir que esa persona tiene más riesgo que otra de acabar desarrollando un trastorno mental grave. Estos primeros signos son muy importantes, tanto que desde hace 10 o 15 años se hace mucha investigación para encontrar una serie de características físicas, clínicas, de neuroimagen o pruebas de laboratorio que nos indiquen un patrón de este grupo. Lo que sí que sabemos es que cuando la psicosis ya ha empezado, la gravedad está instaurada y, por lo tanto, las intervenciones van a ser menos eficaces.

-¿Cuáles son los principales problemas de salud mental de nuestros jóvenes?

- El principal trastorno que se diagnostica es el Déficit de Atención e Hiperactividad, que impacta en la capacidad de concentrarse y de controlar la impulsividad. Otro trastorno del que estamos más alerta y por tanto están aumentando los diagnósticos es el del espectro autista y menos frecuentes pero también muy importantes son todos los trastornos psicóticos, que son los más graves y tienen sobre todo su inicio en la adolescencia. Éstos son la cuarta causa de discapacidad en el mundo.

-Respecto a nuestra situación en el ámbito de la salud mental, ¿estamos al mismo nivel que el resto de países europeos?

- A nivel de datos poblacionales, tenemos tasas parecidas a los datos europeos. Respecto a la atención en salud mental, en Cataluña es muy buena. Hay una red de salud mental infantil y juvenil que ha tenido un impulso muy grande en los dos últimos años. Como había ya una red bien implementada, lo que se tenía que mejorar era sobre todo el atender mejor a nivel comunitario y aquí es donde se ha puesto el énfasis: en dotar mejor al territorio, en que la gente tenga cerca de casa un equipo que pueda dar respuestas

–¿Y cuál es el reto a afrontar ahora?

-Los servicios sanitarios en salud mental deberían trabajar de forma compartida con educación y Servicios Sociales y creo que ese es nuestro reto. Salud mental sola en general soluciona pocos problemas. Y se está trabajando en esa dirección.