Cataluña

Fuga de alumnos a la universidad privada

Sólo el 28 por ciento de hijos de familias sin estudios va a la facultad

Sólo el 28 por ciento de hijos de familias sin estudios va a la facultad

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Aquí y ahora, en Cataluña, a 10 de octubre de 2019, el hijo de una familia obrera, cuyos padres no tienen más estudios que los obligatorios –la EGB de hace unos años o la secundaria de hoy en día–, sólo tiene un 28,6% de posibilidades de ir a la universidad. En cambio, el 82 por ciento de los jóvenes con padres universitarios va a la universidad. El hecho de que la probabilidad de acceder a la universidad siga estando fuertemente condicionada por el origen social no sorprende a los autores del informe «¿Quién estudia en la universidad? Análisis de 15 años de evolución del acceso a la universidad pública en Cataluña», elaborado por el GRET, grupo de la Universidad Autónoma de Barcelona y el Observatorio del Sistema Universitario. Porque ya en primaria y secundaria, el fracaso escolar entre los hijos de familias con un bajo nivel educativo y jóvenes inmigrantes duplica al resto. El porcentaje de estos niños que no logra el grado de Educación Secundaria Obligatoria es del 34%, cuando el fracaso escolar en Cataluña se sitúa en el 17 ,8% –por cierto, es una de las cifras más altas de Europa, donde la media del abandono escolar es del 10%–

Lo que sorprende a los autores de este estudio que ayer se presentó en la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC) es que han detectado un cambio de tendencia. Bajan las matriculaciones en la universidad pública y se duplican en la privada. ¿Qué está pasando? Es la pregunta que se han hecho los autores.

En los últimos quince años, la universidad ha vivido muchos cambios. Además de perder financiación, en 2007, el Plan Bolonia revolucionó los estudios. Dos años después, la crisis económica sacudió el bolsillo de las familias, pero también había menos oferta de trabajo y la matriculación subió, sobre todo por el acceso a la universidad de hijos de familias de clase media y alta. Pero ahora, la tendencia es la contraria, la universidad pública pierde alumnos. Y no sólo porque en 2012 aumentara el precio de los créditos y haya mejorado la oferta laboral. Helena Troiano, una de las autoras del estudio, constata que hay un trasvase de estudiantes a ciclos de Formación Profesional y, sobre todo, una fuga de hijos de familias de clase media y alta a la universidad privada. Entre 2013 y 2018, la matriculación en la universidad privada ha crecido un 26,2%.

Hace unos años, apenas un 10% de la población estudiaba en la privada. La concepción de la universidad privada en Cataluña era que habían dos o tres centros con prestigio y al resto accedían los alumnos que no tenían nota para entrar en la pública, resumió Troiano. Pero ahora que no hay tanta diferencia de precios entre la pública y la privada, «la estrategia de las familias puede haber cambiado», añade Vera Sacristán, colaboradora del estudio. «Antes las familias pudientes, elegían titulaciones de prestigio como forma de distinción, pero ahora que ha desaparecido el catálogo de títulos clásico, son las universidades las que registran el título de los estudios que ofrecen y el márketing entra en acción, las familias buscan otro motivo de distinción», explica.

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