La banda sonora de los terremotos y los volcanes

SonarPlanta acoge la instalación «Earthworks» del dúo británico Semiconductor que utiliza los datos sismográficos para crear una gran poesía audiovisual

Un visitante ayer en la instalación de SonarPlanta
Un visitante ayer en la instalación de SonarPlanta

Ya está aquí, ya llegó, el Sónar. Y lo hace a lo grande, con más de 300 actividades que engloban todo lo que hay que saber sobre cultura electrónica, desde su vertiente musical y artística, como tecnológica, empresarial, científica y educativa. Y todo siempre acompañado de música de baile para desfogarse después del descubrimiento, o durante el mismo, que aquí bailar es una acción reivindicativa. La Fira de Montjuïc abre de esta forma las puertas a las 13.00 horas para que el público se reconcilie, para variar, con el futuro.

Una de las acciones más representativas de hoy es la inauguración de la instalación de arte new media «Earthworks», del dúo británico Semiconductor, que ocupará el espacio SonarPlanta. La obra utiliza los datos del movimiento de la tierra recogidas por los sismógrafos para generar una especie de banda sonora que, después, crea flujos de color para expresar de forma audiovisual una especie de grito de socorro del planeta.

La instalación, obra de Ruth Jarman y Joe Gerhardt, contrapone dos fenómenos sismográficos. Por un lado, los movimientos naturales de la tierra, como terremotos, volcanes o glaciares, con los creados por el propio hombre. En este sentido, Semiconductor, con la colaboración de expertos en geotecnología de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona, recogieron datos sismográficos del complejo industrial del grupo empresarial Sorigué en Balaguer (Lleida), que remueve tierra. «El sonido que surge de los datos naturales suena más orgánico y fluído, mientras que el que surge de las lecturas forjadas por la acción del hombre son más ruidosas y abruptas», comenta Gerhardt.

En este sentido, los que vayan a SonarPlanta verán que los terremotos suenan a rotura y desplazamiento violento. Los volcanes a un oleaje arrasador y el glaciar a un goteo continuo. Por su parte, el humano suena a un taladro que inicie el fin del mundo. «Puede que el terremoto suene terrotífico y peligroso, pero no hay que oplvidar que también han sido imprescindibles para generar la vida en la tierra. La pieza hace al hombre más insignificante y hay poesía en esto», dice Jarman.

Los colores que se ven en las cinco pantallas de 5,5 metros, colocados en zig zag, son los mismos que utilizan los científicos para describir los diferentes segmentos, lo que no hay nada al azar en la pieza, todo responde a lecturas reales científicas, así que la poesía de la obra nace de la mismísima expresión de la tierra. Quien vaya a la instalación, que se quede hasta que pueda comparar las diferentes lecturas. Ver la diferencia de los movimientos naturales a los forzados por el hombre es estremecedor. Estamos en el antropoceno y parece que más allá no quedará nada.