La ironía de Junceda

Uno de los dibujos de Junceda para el semanario de humor
Uno de los dibujos de Junceda para el semanario de humor

El nombre de Joan García-Junceda hace referencia a uno de los nombres más importantes de la ilustración, especialmente en la Cataluña de la primera mitad del siglo pasado. Su trabajo estuvo al servicio de algunos de los mejores autores de su tiempo, especialmente Josep Maria Folch i Torres, pero su vocación artística no tuvo freno.

El periodista y crítico de arte Josep Maria Cadena es el encargado de reunir la totalidad de la producción de Junceda en «¡Cu-Cut!», el mítico semanario de humor y política que entre 1902 y 1912 logró una gran popularidad entre los lectores catalanes, con alguna que otra polémica. «Junceda 1902-1906 (I)» es el primer volumen de una serie de tres que permitirá volver a recuperar la lúcida ironía del artista, gracias a una iniciativa promovida por Àmbit Editorial.

«¡Cu-Cut!» contaba en sus páginas con algunos de los mejores dibujantes de aquella época, como Ricard Opisso, Ismael Smith o Feliu Elias «Apa», sin olvidar su mascota: un catalán bonachón con barretina ideado por Gaietà Cornet, director artístico del emblemático semanario de humor. Junceda fue otra de las más destacadas de sus firmas. Cadena sostiene con inteligencia que fue precisamente en esta publicación donde Junceda se profesionalizó como dibujante, alternando esta labor con la de ilustrador en el catálogo de los barceloneses almacenes El Siglo.

Que Junceda era un genio lo demuestra la manera cómo empezó a trabajar en la revista cercana a la Lliga Regionalista de Francesc Cambó. En el mes de diciembre de 1902, el dibujante probó suerte enviando algunos dibujos a la publicación, aunque firmados de dos maneras: con un anagrama de su nombre y otros con el seudónimo Ribera. Dos semanas más tarde se encontraba con la sorpresa que en la sección «Macos i Micos», donde se reproducían los originales enviados por los lectors espontáneos, se pedía al citado Ribera que se pasara por la redacción porque estaban entusiasmados con su labor.

En el número 52 de «¡Cu-Cut!», el último de 1902, le publicaban uno de sus chistes, formado por tres dibujos. Asimismo en el calendario del semanario para 1903 volvía a aparecer más obras de Junceda. Era el inicio de una prometedora colaboración que tuvo sus luces y sus sombras.

Pero no todo fue fácil. El propietario de «¡Cu-Cut!», Josep Baguñà, tal y como explica Cadena, le prometió al artista el pago por cada obra publicada, pero pese a que Junceda cumplía no lo hacían así los encargados de que recibiera su pertinente cobro. Por todo ello, decidió dejar la redacción durante un tiempo hasta que fue invitado a regresar, además de subsanarse los delicados problemas económicos.

Los lectores buscaban a Junceda, aunque no siempre lograba que todos se tomaran con humor su producción gráfica. El más polémico de esos episodios apareció en el número 204, en noviembre de 1905. Junceda realizó una viñeta referida a un ágape multitudinario celebrado por la Lliga para resultar los resultados de las elecciones municipales del 12 de septiembre de 1905. Ante la puerta del local, el dibujante trazó a dos personajes dialogando, uno de ellos un húsar que al enterarse del nombre del acontecimiento –«Banquete de la Victoria»–, argumenta que debe ser un acto civil, dando a entender que los militares españoles no tenían ninguna victoria a celebrar. Dos días después de la publicación del dibujo, un centenar de militares asaltaban la redacción de la revista y del periódico «La Veu de Catalunya» como protesta. El incidente costó Costó la dimisión del jefe de gobierno, Eugenio Montero Ríos.