Política

Memoria de la nieve

La pancarta en una manifestación contra el cambio climático en Berlín.
La pancarta en una manifestación contra el cambio climático en Berlín.

“No hay un planeta B”, alertaba una pancarta de los jóvenes que se manifestaron hace un par de semanas en todo el mundo para clamar contra el cambio climático y pedir a los políticos que se dejen de palabrerías y monsergas: está en juego la vida en la tierra. «Ni un grado más, ni una especie menos», exigía otra.

Llevan toda la razón, porque suyo va a ser este mundo que agoniza, y ojalá la mecha de estas protestas prenda con fuerza y los niños y adolescentes de hoy dejen un planeta mucho más limpio y respirable del que ellos han heredado.

No lo van a tener fácil desde luego, y basta con echarle un vistazo cada día a las noticias. Esta, por ejemplo, de no hace mucho: «El Pirineo perderá la mitad de la nieve en 30 años». Con las consecuencias que esto acarreará: la mengua de los ya escasos glaciares (19, el resto son neveros), el avance del bosque hacia zonas cada vez más altas, el desplazamiento de algunas especies y la amenaza de otras invasoras... Algo que, a tenor de las bondades climáticas de esta temporada, bien parece que vaya a suceder, porque terminó ya el
invierno y los días de nieve se han podido contar con los dedos de una mano.

¿Dónde están las nieves de antaño? Las que marcaban un hito en el calendario, como el de 1962 en Barcelona... ¡Diez años, desde 2009, llevamos los barceloneses sin ver nevar! Diez años sin la maravilla de los copos cayendo poco a poco, con el tiempo detenido y la naturaleza en litúrgico silencio. El silencio de la nieve, que es el más solemne de todos, y tan antiguo como el del sueño que cierra los párpados y el de la sombra que tiende las noches...

¿Pasará con la nieve lo mismo que con las galas del pasado y las golondrinas del poeta?