Sociedad Civil llena la calle por el fin del proceso

Más de 3.500 catalanes trasladan a Puigdemont que el 52% no avala su proyecto secesionista

La concentración ha sido convocada por la entidad Sociedad Civil Catalana y ha sido apoyada por Ciudadanos y por el PP
La concentración ha sido convocada por la entidad Sociedad Civil Catalana y ha sido apoyada por Ciudadanos y por el PP

«El divorcio es un mal negocio». Que se lo digan al presidente de la Fórmula 1, Bernie Ecclestone, que en 2009 pagó 1.200 millones a su ahora ex mujer. Los asistentes al acto que ayer convocó Sociedad Civil Catalana (SCC) en la plaza Sant Jaume de Barcelona para exigir el fin del proceso independentista, también creen que el divorcio de España y Cataluña «es un mal negocio». Así lo expresaron a través de numerosas pancartas que se mezclaron con otras que decían «sí al progreso, no al proceso»; «sí a la convivencia, no a la independencia» o «el proceso nos roba». Esta última mostraba el lema de la concentración que reunió a 3.500 personas, según la Guardia Urbana, procedentes de todo Cataluña.

Mucha gente mayor, sobre todo, que recela de la verborrea soberanista y exige al president de la Generalitat, Carles Puigdemont, que abandone una hoja de ruta que el 27-S no alcanzó el apoyo del 50 por ciento de la población. Por esto mismo, porque las candidaturas soberanistas sumaron el 47,8 por ciento de los votos en unas elecciones autonómicas que Artur Mas planteó en clave plebiscitaria, SCC declaró que «el proceso ni es legal ni tiene un mandato democrático para llevarlo adelante».

El presidente de la plataforma Rafael Arenas reivindicó «un país normal en el que las instituciones no estén al servicio del independentismo», con otro modelo de escuela «no politizada» y con una administración «que trabaje por el bien común y no solo por la independencia». Mientras el portavoz del PP en el parlamento catalán, Enric Millo, exigía a Puigdemont que «no destine ni un euro más al proceso», el número dos de SCC, Joaquim Coll, matizaba que el proceso no sólo «nos roba dinero», también «nos roba el bilingüismo», «nos roba el país, España, que también es de los catalanes» y «nos roba democracia, recursos, derechos, convivencia y oportunidades». De ahí el lema de la manifestación.

Coll, que precedió a Arenas en los parlamentos que se hicieron en una plaza Sant Jaume coloreada con banderas españolas, catalanas y europeas, exigió al recién estrenado gobierno catalán que deje de engañarse y deje de engañar a la gente. Calificó de «perversión democrática» que el ejecutivo de Puigdemont reconozca que el separatismo no tiene una mayoría social para culminar las ruptura y pese a ello esté decidido a continuar adelante «con una hoja de ruta que divide a la sociedad». Con esta misma idea, el representante del PP pidió también al president que se quite los tapones y escuche al 52 por ciento de los catalanes que no quieren las independencia. Además del PP estaba Ciutadans. «El proceso nos roba sentimientos», añadió su diputada Susanna Beltrán.

Además de decir «basta al proceso», reclamaron que se restaure una placa que quitó el ex alcalde Xavier Trias que recordaba que antaño la plaza Sant Jaume se llamó plaza de la Constitución.