Cataluña

Un cuento cada noche

Leer historias, inventarlas y compartirlas invita a los niños a vivir aventuras a través de la imaginación, pero también a resolver problemas

Leer historias, inventarlas y compartirlas invita a los niños a vivir aventuras a través de la imaginación, pero también a resolver problemas

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Marta y Fede, tres y dos años, no se duermen si no les cuentan un cuento. Y si es el de «Los tres cerditos» mejor. Les gusta oír la historia del lobo feroz que persigue a tres hermanos cerditos una y otra vez, aunque se sepan el final. Que el hombre es un animal de costumbres lo muestran los niños desde su más tierna infancia. La directora de la escuela Nemomarlin de Sant Cugat, Margarita Mir, matiza que «a los más pequeños les gusta escuchar el mismo cuento y saber lo que va a pasar porque les da seguridad».

Un día que Fede y Marta se fueron de fin de semana, su madre, Andrea Zazúcar, olvidó el cuento. Y antes de dar pie a una tragedia griega, a Zazúcar se le ocurrió contarles un cuento donde ellos fueran los protagonistas. Arrancaba con el pretexto de ir a casa de su abuela con una cesta de zanahorias para hacer un pastel de cumpleaños para su papá. Pero como le pasa a La Caperucita Roja o al Gato con botas, por el camino se encuentran imprevistos. Fede y Marta ayudaron a su madre a tejer la historia. Y la fórmula funcionó.

La sorpresa fue que días después, los niños pidieron a su madre que les contara el cuento. Andrea se llevó las manos a la cabeza. ¡No se acordaba! Pero sus hijos sí. Y así fue como de un descuido nació el cuento de «El pastel de zanahoria», que edita Babi-dibú, un proyecto familiar, que ilustra Mar Ruíz, la abuela de Marta y Fede, y que va acompañado de una receta para relamerse las manos.

La capacidad de explicar historias es un talento que tienen todas las personas y más que andar sobre dos piernas es la aptitud que hace a los hombres más humanos. En el arte de transmitir relatos está el origen de la humanidad. ¡Qué sería de la humanidad si no fuera capaz de transmitir conocimiento!

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Aunque los cuentos se asocian a los niños, historias como la de La Caperucita Roja –de actualidad ahora que la escuela Tàber la ha retirado de su biblioteca de 0 a 5 años porque dice que reproduce patrones sexistas–, estaba pensada para advertir a los mayores de los peligros del bosque. Empezó siendo una leyenda que daba miedo. Charles Perrault la dulcificó y la convirtió en cuento y los hermanos Grimm le dieron otra vuelta y la hicieron popular a través de la cultura escrita.

Los cuentos entretienen. Pero también «enseñan, emocionan y vinculan al niño con su realidad y otras realidades», explica Débora Chomski, autora de «Educar y crecer con historias (Eumo Ed.)», formadora de educadores y profesora del curso de la Universitat Oberta de Catalunya «Edustorytelling: el arte de educar con cuentos». Defiende que los niños aprendan de clásicos y relatos originarios de cada cultura, que define como «imprescindibles, intemporales y universales».

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Mejor contextualizar los viejos cuentos que censurar porque «al final los censores conseguirán que, a la hora del recreo, los niños trafiquen con ejemplares de «La Capericita Roja», ironiza el escritor Sergi Pàmies. Y si se empieza por censurar a La Caperucita Roja, se sigue con la leyenda de Sant Jordi, por aquello de hacer a la princesa más fuerte y no matar animales, aunque el dragón coma puercos y doncellas.

Empoderar a los niños

Chomski propone a las familias y profesores que utilicen los cuentos para comunicar y educar. «El desarrollo del pensamiento narrativo de los niños y el uso de relatos para educar ofrecen juego para explicar conceptos abstractos, valores, conflictos y problemas». La editorial Sentir tiene una colección para explicar y prevenir problemas actuales. En «¿De qué colores son tus secretos?, a través de Alma, una niña que plantea juegos, se previene el abuso sexual y se aborda de manera natural. Otros títulos, como «El jardín de los abrazos» o «Una visita inesperada en mi familia», trata el acoso escolar o el cáncer de una persona querida.

«El impacto emocional que tiene una historia en la formación de los niños es poderoso y vale la pena sacarle provecho», insiste Chomski. Es lo que hace el Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Catalunya (COEC) con «La verdadera historia del hada de los dientes», escrita por un odontólogo, Albert Juvany, e ilustrada por Elena Frauca. A través de la versión catalana del «Ratoncito Pérez» explica a los niños la importancia de cuidar de los dientes.

Pero sobre todo los cuentos invitan al niño a vivir una aventura a través de su inteligencia y su imaginación. Se escoja el título que se escoja, Chomski recomienda contar a los hijos al menos un cuento al día. Y más que regalar cuentos, invita a los padres a inventar historias con cualquier excusa, porque compartir historias personales es una buena herramienta para que los pequeños resuelvan una dificultad o un problema. Es lo que hace Zazúcar o el Premio Pilarín Bayés, que se otorga en Sant Jordi. En esta edición paticiparon 6.527 niños de diferentes esescuelas catalanes de 6 a 12. Tenían que escribir un cuento. Los ganadores publicarán la historia con ilustraciones de Pilarín Bayés.