Literatura

«Con 'La memoria de la lavanda' tengo la posibilidad de contar la necesidad que llevaba dentro»

La escritora y periodista, que revive su viaje espiritual más íntimo con “La memoria de la lavanda”, estará esta tarde en la Feria del Libro de Valencia

(MER)
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La escritora y periodista, que revive su viaje espiritual más íntimo con “La memoria de la lavanda”, estará esta tarde en la Feria del Libro de Valencia

Después de triunfar con «Un burka por amor», «Besos de arena», «Amor cruel» y «Una pasión rusa», Reyes Monforte (Madrid, 1975) vuelve a las estanterías con su obra más personal: «La memoria de la lavanda». En ella, sitúa en los prados de Tármino (nombre ficticio de Brihuega, Guadalajara, considerado «la Provenza castellana») a Lena, quien acaba de perder de forma fulminante a su marido. El retorno a su pueblo natal para esparcir sus cenizas se convertirá en un recorrido espiritual que permitirá transformar el luto en color, el llanto en vida y el duelo en la más sincera de las esperanzas. El tono íntimo y cercano de Monforte, habitual en sus textos, adquiere un peso único en esta novela. El amor, la revelación de secretos y las sorpresas hacen que una historia narrada en apenas 48 horas refleje la metáfora de toda una vida.

Monforte, que estará hoy en la Feria del Libro de Valencia firmando ejemplares, recibe a LA RAZÓN con su libro en mano. La portada prácticamente se huele a distancia.

¿Escribir puede convertirse en terapia?

¡Claro que sí! A mí me costó, porque tuve que esperar bastante tiempo. Estamos acostumbrados a que nos digan cuánto duran las etapas del duelo, pero cada persona es un mundo. Los escritores tenemos la suerte de utilizar la ficción como muleta para contar lo que nos pasa. Tuve la posibilidad de contar algo que llevaba dentro. Que se había convertido en una necesidad vital.

¿Y leer puede ser terapia?

(Muy segura) Sí. De hecho, yo comencé leyendo libros que hablaban de pérdidas, de cómo se reconstruye la vida, cómo hay luz al final del túnel. Claro que ayuda.

Se puede entender, por tanto, que este libro no va sobre el duelo ni sobre la esperanza, sino sobre el proceso que existe entre ambos conceptos...

Exactamente. Es un viaje. Y no solo físico. El viaje físico se acaba convirtiendo en un viaje existencial. El grueso del libro es el viaje de 48 horas en el que la protagonista descubre amigos, familia y secretos familiares de su marido. Es como la vida: intensa, con paradas imprevistas, con compañeros de viaje.

¿Hasta qué punto es autobiográfica?

Es una ficción. Yo necesité casi cinco años para ponerme a escribir sobre este asunto, pero la trama literaria de la novela no tiene nada que ver con mi historia. Si no, estaríamos muchos en la cárcel... (ríe). Pero esos personajes de ficción llevan consigo una biografía emocional, y ahí sí que beben de lo que yo he vivido. Lamentablemente no hizo falta echar mano de la imaginación.

¿Qué papel juega el espacio en esta obra? Tengo entendido que es un personaje más.

Así es, es uno más. Es la pieza del puzzle que necesitaba. Tenía la historia, los personajes y las sensaciones que quería transmitir, pero no dónde ubicarlo. Pensé en el Mediterráneo, pero unos amigos me invitaron al Festival de la Lavanda que se celebra en Brihuega, Guadalajara, y quedé impresionada. Era como un mar de lavanda. Había estado en la Provenza, pero aquí quedé sin palabras. Era una explosión de vida, de naturaleza, de esperanza. Recuerdo que esa noche abrí el ordenador y no dormí. Casi de un tirón escribí 20 o 30 páginas.

¿Es posible que se escriba mucho sobre el impacto de la muerte y no tanto sobre el proceso posterior tan complicado de superar?

Sí. Muchas veces se está mejor solo. Es un viaje, como te he dicho. No te voy a decir que lo menos malo es el momento de la muerte, pero lo que viene después es todo un mundo por descubrir. Se te ha caído la vida. Vives entre escombros y eres una refugiada que tratas de sobrevivir en lo que queda de tu vida. Nadie te enseña a llevarlo.

¿Puede entenderse como una obra para preparar a aquellos que no haya vivido nunca el desazón de perder a alguien?

No pretendo que sea una obra didáctica. Cada uno reacciona de una manera. Aunque sí hay sentimientos comunes. Es un libro para entretener, para invitar a hacer ese viaje. Pero no quiero dar lecciones. Hubiera escrito un ensayo en ese caso.

Otros trabajos suyos han acabado triunfando en televisión. ¿Veremos «La memoria de la lavanda» en pantalla?

(Muy ilusionada) ¡Yo espero que sí! Creo que es una historia muy visual. Hay mucho amor, además. Y odio, traición... El amor y la memoria están muy presentes. Yo estaría encantada.