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Conexión Arepa, ocasión irrenunciable

Las milenarias arepas de maíz, frescas y variopintamente rellenas representan el noble linaje de la comida popular venezolana. Tras probarlas se establecen lazos gustativos

Los paladares se rinden a las arepas “Atuna Q’ Tuna” y “La Pija”.
Los paladares se rinden a las arepas “Atuna Q’ Tuna” y “La Pija”.larazon

Consumidas las vacaciones de primavera la casualidad no gobierna nuestra agenda. La programación gastronómica se ve alterada por la proximidad de las noticias sobre Venezuela. No desaprovechamos la ocasión para redimirnos, llevamos esperando muchas lunas esta oportunidad.

La ocasión se presenta como una súbita sucesión de acontecimientos que confluyen en una suma de querencias e inquietudes por las arepas como yantares tribales mientras se aglutinan los deseos culinarios en la energizante curiosidad gastrónoma.

La propuesta fermentada en menos de 30 minutos, al igual que la masa de harina de maíz precocida, sirve para recuperar paladares extraviados. Resueltos a cumplir con nuestro deber, tras la llamada recibida, nos dirigimos en busca de las reverenciadas tortitas de maíz, asadas, fritas y horneadas.

El ruido culinario de la calle nos lleva hasta Full Arepa Gourmet (Honorato Juan, 5)

La arepa «Atuna Q’ Tuna» se abalanza sobre nuestros paladares y como tal actuamos en consecuencia: atún claro natural mezclado con cortes de tomate y mayonesa. Nos pone en sintonía. Nuestros acompañantes, venezolanos de origen canario, encierran un obstinado derecho a guardar fidelidad a su incuestionable arepa «Pabellón»: carne de ternera desmenuzada, alubiasnegras, plátano dorado y queso blanco rallado.

Tras probar la arepa «La Pija»: pollo desmenuzado, aguacate triturado con un toque de mayonesa y queso gouda rallado, los paladares se rinden definitivamente.

Se verifican todos los augurios mientras los himnos gustativos se suceden a golpe de guarachas.

Bajo una extensa satisfacción enlazamos la última arepa con el nombre de «La Viuda», una creación libre, a gusto del cliente, donde la elección de los ingredientes coincide entre todos los presentes. La armónica simbiosis, entre la tortita de maíz y el acompañamiento atrapa al comensal. Un acierto, sabores que van y vienen con un reposado vaivén, sin convertirse en «apropiacionistas» del gusto, que grita a las masas, pero a diferencia de otros encuentros culinarios los paladares caminan juntos.

Después de la visita prospera el culto a la arepa, con asombrosa naturalidad, hasta los inicialmente disidentes, se descubren conversos. Las milenarias arepas de maíz, frescas y variopintamente rellenas representan el noble linaje de la comida popular venezolana.

Un consejo no renuncien al deseo de probar entrantes como los desconocidos «tequeños» - dedos de queso envueltos en masa - por satisfacer el afán de dominación de la arepa. Hay tiempo para todo.

Y una postdata final se barrunta que la arepa que más gusta, comer mesa con mesa, - da más datos que ninguna encuesta gastronómica - es la «Reina Pepiada»: aguacate, pollo y mayonesa. Otra vez será.

Hermanos venezolanos

En la privacidad del teclado confesamos que el anhelo por volver a probar las auténticas arepas es similar al deseo de libertad para nuestros hermanos venezolanos. Hay más que motivos. Para terminar solo queda esperar un final que esté a la altura.

Conexión arepa, ocasión irrenunciable.