«Hoy por hoy, Francisco Camps es un muy buen tío»

El libro. El formato en el que Espada ha diseñado «Un buen tío» gira sobre las 169 portadas que el diario El País publicó durante tres años en las que aparecía alguna referencia al «Caso Camps». A partir del análisis del texto, el autor va narrando cronológicamente el proceso judicial y cómo Camps y su entorno lo vivió.

El libro

El formato en el que Espada ha diseñado «Un buen tío» gira sobre las 169 portadas que el diario El País publicó durante tres años en las que aparecía alguna referencia al «Caso Camps». A partir del análisis del texto, el autor va narrando cronológicamente el proceso judicial y cómo Camps y su entorno lo vivió.

Durante los días previos a la entrevista, los medios de comunicación y las redes sociales ardieron con la última imputación de Francisco Camps. A Arcadi Espada (Barcelona, 1957), que tuvo la osadía de titular su nuevo libro «Un buen tío» en referencia al que fuera «el candidato más respaldado de la historia de los candidatos de todas las democracias occidentales», no le tembló el pulso ni un ápice. No se echa atrás ni se lo ha planteado «en absoluto». Considera que las nuevas causas por las que Camps ha sido citado le han ayudado «tanto comercial como moralmente». «Para mí han sido agua de mayo», asegura tras darle un trago al ristretto descafeinado. Lo suyo no es un compromiso con Camps. Esto va de periodismo y justicia.

-Hay una cita en el libro, atribuida a Walter Burns (caracterizado por Walter Matthau en «Primera Plana») que dice: «Si la realidad no coincide con mis intenciones, peor para la realidad». Usted plantea que fue un medio de comunicación y sus intenciones quien tumbó a uno de los más potentes políticos del momento.

-Es, básicamente, un libro sobre los periódicos, entendidos como algo mucho más importante que lo que los propios periodistas creemos. La principal manera que tiene la sociedad de aprehender la realidad es a través de los medios. Los medios están en manos de personas mucho menos preparadas moral e intelectualmente de lo que sería esperable, dada la trascendencia de su trabajo.

-¿Fue la ingenuidad el Talón de Aquiles de Francisco Camps?

-No. Si hay que buscar un sentimiento, es el entusiasmo. Camps es un entusiasta. Hasta un punto naíf. Solamente un entusiasta, religioso además, llama a al hombre que le pone los atriles «amiguito del alma» en Nochebuena. Fue un entusiasta incluso desbordado por la propia magnitud del tiempo que vivió: una Valencia esplendorosa, derrochadora, que estaba recuperando su lugar en el mundo.

-¿Se puede comparar la campaña de acoso y derribo que sufrió Camps con el calvario mediático que padeció Rita Barberà?

-No. Rita Barberà sufrió ese calvario en los últimos tiempos solamente de su reinado. Además, acabó de alcaldesa porque perdió las elecciones, no porque dimitiera. No son casos comparables. Tienen alguna similitud, lógicamente. Pero es que en lo de Camps no hay nada comparable. Yo siempre digo un «lead» que me parece muy interesante para un periodista que quiera saber qué pasó en este tema: El País dedicó 169 portadas en tres años a un hombre que se había pagado cuatro trajes en la tienda Milano. (Largo silencio) ¿Comprende usted la trascendencia de este «lead»?

-¿Cómo pueden las nuevas generaciones de periodistas neutralizar, tal y como usted hace alusión, la superioridad moral que define a la izquierda política, y por tanto, a la izquierda mediática?

-Solo hay un camino: el trabajo duro, el aprender, el estudiar, el saber más que los demás. Y el valor.

-Este libro es la prueba fehaciente de que la posverdad y las «fake news» llegaron mucho antes que Trump, Putin y Facebook.

-Lo que había llegado, para ser exactos, era la mentira. La posverdad no es exactamente igual que la mentira. Cuando Bush miente a sus ciudadanos respecto a las armas de destrucción masiva, se dice que miente. Cuando Trump esboza su teoría de los hechos alternativos, no miente. Dice algo peor: que la verdad no existe. El mentiroso cree que la verdad no existe, de ahí que la falsee. Trump no cree que la mentira exista. Lo que no cree es que exista la verdad. No está mal poner «posverdad», pero es un anacronismo. En el momento en el que se desarrollan los hechos, la palabra no estaba vigente. Le dije a mi editor que pusiéramos «preverdad», pero las razones comerciales priman y hay que respetarlas.

-Camps ha sido imputado recientemente en el caso de la visita del Papa. En mayo, declarará como investigado en el de la Fórmula 1. Ha sido implicado por Costa y otros imputados de Gürtel en el manejo de la «Caja B» del PP. ¿En algún momento del proceso de creación del libro dudó si seguir adelante?

-(Muy seguro) ¡No! En absoluto. Todas esas noticias, a excepción de la de la visita del Papa, las conocía perfectamente mientras escribía el libro. ¡Para mí han sido agua de mayo! Tanto comercial como moralmente. Estoy perfectamente convencido de que el señor Camps saldrá bien de esas imputaciones. Pero, si no fuera así, yo debería reconocer que sería una cosa muy desmoralizadora para mí. No por el señor Camps, sino por la justicia.

-Pase lo que pase, ¿Camps seguirá siendo «Un buen tío»?

-Sin duda alguna. En fin... No descarte usted que en algún arrebato de ira pueda hacer cualquier barbaridad, ya que la resistencia del hombre tiene unos límites, pero no lo veo perdiendo los nervios. Lo que yo conozco de él me lleva a sostener que hoy por hoy Camps es un muy buen tío.