Valencia «sigue la tradición»

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El Ayuntamiento de Valencia escenifica cada año, en vísperas de la celebración del 9 d'Octubre, su reconocimiento «a quienes trabajan y llevan el nombre de la capital por todo el mundo». El Consistorio homenajea a los personajes e instituciones que «han entregado lo mejor de sí mismos», de sus capacidades y de sus esfuerzos en el campo del arte, de la música, de la literatura y de la solidaridad al servicio de la sociedad valenciana. En palabras de la alcaldesa Rita Barberá, estos Honores y Distinciones de la Ciudad ofrecen «nuevos motivos para reavivar la ilusión en nuestro futuro como pueblo».

En esta ocasión se otorgó el título de Hijo Predilecto de la ciudad al poeta Jaime Siles, y el de Hijo Adoptivo, al músico Adam Ferrero, nacido en Algemesí (Valencia), y al historiador del arte Tomás Llorens, nacido en la población castellonense de Almassora. Asimismo, se distinguió con la Medalla de Oro de la Ciudad a la Escuela Coral Pequeños Cantores de Valencia, que cumple su cincuenta aniversario, y a la ONCE en su 75 aniversario.

No obstante, el asunto del que se habló ayer en todos los corrillos del Cap i Casal fue la decisión de Barberá de no dejar que el portavoz del grupo municipal de Compromís, Joan Ribó, porte la Senyera durante la procesión cívica del próximo miércoles.

Y es que la alcaldesa considera que la bandera debe portarse de principio a fin del recorrido y no «a trocitos», como pretende el síndic, quien se presentó voluntario para la tarea con la condición de no entrar con el estandarte valenciano en la Catedral, al considerar que se trata de una jornada laica.

Pero la edila cree que debe mantenerse la costumbre - «la procesión sigue la tradición y ya está. Yo no me he inventado el tema»- por lo que ha elegido en su lugar al concejal de Deportes y Juventud, Cristóbal Grau. Si alguien quiere cambiar el recorrido o el desarrollo de la procesión, «cuando ganen las elecciones que hagan lo que quieran».

Sin embargo, el portavoz del PSPV en el Ayuntamiento, Joan Calabuig, opina que Barberá debería actuar desde la generosidad y el sentido común. A su juicio, «no es razonable que portar la Senyera esté vinculado a participar en el acto religioso» y que, además, «no pasaría nada si al llegar a la puerta de la Catedral hay un cambio».