El desastre anunciado del festival Mad Cool

La falta de previsión de promotores e instituciones para ordenar la entrada de 80.000 personas al recinto de Ifema convirtió el acceso en una ratonera

Muchos asistentes optaron por vender su entrada después del caos / Luis Díaz
Muchos asistentes optaron por vender su entrada después del caos / Luis Díaz

La falta de previsión de promotores e instituciones para ordenar la entrada de 80.000 personas al recinto de Ifema convirtió el acceso en una ratonera.

Una imagen vale más que mil palabras y el festival Mad Cool ha terminado con la de uno de los autobuses lanzadera de la EMT colgado del puente de la M-11 sobre la carretera de Burgos de regreso a recoger a los últimos rezagados. Aunque los motivos del accidente, que se saldó sin heridos ya que solo estaba el conductor que salió ileso por su propio pie, los investiga la Guardia Civil, pueden no tener nada que ver con la desastrosa organización del festival, sin duda para muchos es el colofón a un Mad Cool que nadie olvidará, por malo.

La «falta de previsión» de los organizadores y del Ayuntamiento de Madrid han ensombrecido un festival que ya tenía dos denuncias de Facua por no permitir el acceso con comida y bebida al recinto ante la Dirección General de Comercio y Consumo de la Comunidad de Madrid y ante el Área de Gobierno de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de la capital. Ahora, la organización de consumidores ha pedido explicaciones a la organización del Mad Cool por el colapso de los accesos el primer día del festival, así como al Consistorio madrileño y al Gobierno regional, a quienes el portavoz de Facua, Rubén Sánchez, preguntó a través de las redes sociales si van a multar a los organizadores o «se van a limitar a pasarse la pelota sobre quién tiene que controlar las irregularidades en eventos como este».

Lo cierto es que desde hace semanas la desorganización del Mad Cool acechaba desde las instituciones ya que, a apenas unos días del inicio, desde el Área de Medio Ambiente y Movilidad, la delegada Inés Sabanés consideraba que la Comunidad de Madrid ya se encargaría de organizar servicios de Metro para garantizar la movilidad al festival, obviando sus responsabilidades al frente de la Empresa Municipal de Transportes (EMT). Finalmente, por iniciativa de la consejera de Transportes, Vivienda e Infraestructuras, Rosalía Gonzalo, se convocó una reunión urgente del Consorcio Regional de Transportes con los promotores del Mad Cool para organizar un plan de movilidad que implicaba servicios de refuerzo de la EMT así como la apertura de la línea 8 de Metro 24 horas los días del festival.

Sin embargo, la parte de movilidad que implicaba la acción de la Policía Municipal madrileña en el control del tráfico en los accesos al recinto de Ifema, donde se celebraba el Mad Cool, se hizo con mucho menos mimo que el Área de Seguridad, Salud y Emergencias, dirigida por Javier Barbero, realizó con motivo de las fiestas del Orgullo Gay el fin de semana anterior. Si ya era complicado dirigir adecuadamente a 80.000 personas camino del festival, el colapso del sistema de entradas del Mad Cool convirtió la entrada en una ratonera donde ni coches ni público podían avanzar y con apenas un puñado de policías desbordados, sin relevo y sin agua.

Los sindicatos policiales denunciaron la falta de previsión al mandar pocos efectivos y no reforzar los existentes cuando surgieron los primeros problemas en las entradas. Además, reclamaron que los agentes desplegados, que algunos repetían turno de fin de semana sin haber descansado por las fiestas del Orgullo Gay, estuvieron hasta 16 horas sin tener relevo y, en muchos casos, sin recibir siquiera una botella de agua. Mientras tanto, desde el Consistorio madrileño se aseguraba que tanto desde el punto de vista policial como de seguridad, la primera jornada del Mad Cool se había desarrollado con «normalidad» y tan sólo se detectaron «incidencias de aglomeraciones de personas en los tornos de la entrada», por los problemas que achacaron a la organización.

Según reconocieron los promotores del festival, el colapso se produjo por problemas con la red informática que retrasaron el canje de las entradas por las pulseras, lo que hizo que el paso por los tornos se prolongara durante horas, a pleno sol, haciendo que muchos de los asistentes se quedaran sin disfrutar de las primeras actuaciones. El caos fue tal, tanto en el acceso como en la entrada al aparcamiento, que muchos optaron por renunciar a los siguientes días, vender su entrada y hacer como si el Mad Cool 2018 no hubiese pasado nunca, al igual que los vecinos, que se exiliaron de sus casas. Una decisión que muchos otros lamentaron cuando, además de los problemas para entrar, también hubo dificultades en los servicios de bar, al no funcionar muchos datáfonos, o cuando el grupo Massive Attack decidió cancelar su actuación en el último momento. Con todo, una vez dentro, apenas hubo problemas ya que el balance fue de 600 incidencias sanitarias leves del tipo de esguinces, desmayos, intoxicaciones, que hizo necesarios nueve traslados a urgencias no graves y ninguna atención de gravedad o relevante.

Para los partidos de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid, la falta de previsión del Gobierno de Manuela Carmena fue «notoriamente deficiente» y consideró que «no había estado a la altura de las circunstancias, pues no ha previsto las necesidades de movilidad», según señaló el portavoz del PP, José Luis Martínez-Almeida, que sentenció que el Consistorio madrileño «es incapaz de garantizar la movilidad y la seguridad de los grandes eventos que se producen en la capital». Igualmente, la portavoz municipal de Ciudadanos, Begoña Villacís, acusó al delegado de Seguridad, de «dejar vendidos» a los agentes de Policía Municipal, con quienes negocia el nuevo convenio colectivo, lo que se «hizo notar en el caos del festival».