La semana decisiva de Cifuentes

Después de una semana de silencio, la presidenta regional tendrá que dar explicaciones en el Parlamento regional por la supuesta falsificación de notas. Su futuro político está en juego.

Después de una semana de silencio, la presidenta regional tendrá que dar explicaciones en el Parlamento regional por la supuesta falsificación de notas. Su futuro político está en juego.

Pasada la Pascua, Cristina Cifuentes se enfrenta a su verdadera «semana de pasión». Su comparecencia en la Asamblea este miércoles para dar cuentas sobre ese máster que ella dice haber hecho y aprobado y que otros ponen en duda, puede determinar su futuro político. Desde que saltó la noticia, la presidenta regional se ha limitado a emitir un comunicado, presidir un comité ejecutivo regional del partido con declaraciones por plasma y anunciar una querella contra quienes denunciaron la falsedad de su máster. Nada más, aunque por boca de su segundo de a bordo, Ángel Garrido, hubo algunas opiniones, salvando a Cifuentes de lo que en su equipo entienden como un «asedio» político para minar su resistencia.

La Semana Santa ha sido un paréntesis. Una especie de «procesión del silencio». Pero ahora, tras la Pascua, llega la «resurrección» del caso y los próximos días se presumen intensos en la Puerta del Sol, porque son muchos los sectores interesados en no dejar pasar la oportunidad de poner contra las cuerdas a la actual lideresa del PP en Madrid.

Algunos pasos dados desde el cuartel general de Cifuentes no han hecho más que plantear dudas sobre un asunto que debería haberse resuelto de forma sencilla si todo estuviera ajustado a un orden lógico. Dudas por la rápida respuesta de la Universidad Rey Juan Carlos, en el sentido de no advertir anormalidad alguna en el dichoso máster, dando explicaciones sobre algunos errores o confusiones administrativas que podrían haber inducido a esta situación. Dudas porque apenas 24 horas después de refrendar a la presidenta, la misma universidad anunciara que abriría una investigación más profunda, con un observador externo. ¿Por qué esa premura inicial en descartar cualquier anomalía y a continuación plantear la necesidad de investigar a fondo el caso? Las asociaciones de estudiantes rápidamente se subieron al carro, en un deseo irrefrenable de saber la verdad, y presentaron denuncia ante la Fiscalía en una iniciativa cuyos hilos ven en el PP de Madrid que están movidos por la izquierda.

El problema es que mientras todo esto ha sucedido de puertas para afuera, hacia dentro las cosas no han ido mejor. Tanto en el entorno más próximo a la presidenta, como a nivel institucional, e incluso en el partido como organización, impera el silencio. Cifuentes no encuentra el trabajo fin de máster. Algunos creen que lo tiene a mano y que se lo está guardando para exhibirlo cuando todo se haya emponzoñado, para cuando propios y extraños, de los suyos y de fuera, hayan culminado el trabajo de acoso y derribo, y entonces darles con el trabajo en las narices; si bien es cierto que esta estrategia podría volverse contra ella misma porque el desgaste personal y político podría ser irreversible.

Por todo ello, hay que esperar que la comparecencia de Cifuentes en sede parlamentaria regional sea definitiva para dar carpetazo al asunto. Pero ese carpetazo sólo puede llegar ya con la aparición del trabajo de fin de máster y con los papeles que demuestren que se presentó en la fecha señalada por la Rey Juan Carlos y por la propia presidenta y que se aprobó en fecha.

La guerra de sucesión

A la vez que se trabaja en el máster, en Sol se busca a la «mano negra» que aseguran que ha movido el «caso Cifuentes». Creen que la aparición de esta denuncia no es casual, sino consecuencia de filtraciones interesadas que, al menos, tendrían como objetivo originar dudas sobre la honestidad de la presidenta, y que ella presume como una «vendetta» por haber levantado las alfombras de la corrupción y puesto en capilla a los corruptos o a quienes tuvieran tentación de serlo. Que la propia Cifuentes esté convencida de que por ahí se han disparado los primeros tiros contra ella, lleva implícito que la acción vendría desde dentro del partido; es decir, que quizá esté militando con el enemigo y sea víctima del fuego amigo y de una operación para apartarla de una carrera emergente, que tiene su cita más inmediata dentro de un año –cuando se celebren elecciones municipales y autonómicas–, pero que algunos creen que podría continuar hasta convocatorias de más altura.

No hay dudas de que desde la oposición le quieren arrebatar en las urnas la Presidencia de la Comunidad, pero quizá hay otros interesados en quitarle la posibilidad de presentarse, y ahí habría que mirar dentro del propio partido, donde hay sectores que no comparten su forma de interpretar y administrar la línea programática del partido de Rajoy y que pueden utilizar este momento para desgastarla. Pero eso a Cifuentes no le asusta. Ella misma ha asegurado que se crece en las adversidades. Su problema ahora es que el «caso del máster fantasma» pueda poner al PP en serio riesgo de perder una de las joyas de la corona, que es el Gobierno de la Comunidad de Madrid, toda vez que ya se perdió el poder municipal en Madrid y en otros pueblos de la región. En estos momentos, nadie en Génova estaría dispuesto a afirmar tajantemente que Cristina Cifuentes volverá a ser la candidata, y hay quienes empieza a hacer circular por el carrusel de la rumorologia los nombres de Ana Pastor, Méndez de Vigo o Pablo Casado.

La oposición, al acecho

Queda un año para las elecciones y es momento de mover ficha. Podemos tiene claro que si finalmente su candidato, como parece, es Íñigo Errejón, Cristina Cifuentes no sería una rival cómoda; prefieren ahondar en el desgaste de la presidenta autonómica, abocarla a la «ruina» política y enfrentarse a otro candidato de la derecha más tradicional, menos transversal y que no tenga experiencia de Gobierno. Jugarían con la baza de presentar la alternativa Errejón ante la caída de la persona que se presenta como adalid de la lucha contra la corrupción, y que cae, víctima de haber intentado llevar el engaño a su curriculum. El PSOE de Ángel Gabilondo y José Manuel Franco incluso se ha planteado presentar una moción de censura, aunque en Ferraz no lo ven tan conveniente como se aprecia en Vallecas.

¿Y Ciudadanos, qué piensa? Si el asunto del máster no se resuelve claramente a favor de la interesada, podría verse seriamente afectado el pacto de investidura, y en consecuencia, la gobernabilidad de la Comunidad. Pero los de Aguado, parecen estar más por la labor de ver los toros desde la barrera, que de saltar al ruedo. Unirse a una moción de censura, no les reportaría beneficios notables y evidenciaría que se equivocaron a la hora de apoyar a un Gobierno del PP; sin embargo, si se limitan a observar en la corta distancia el desgaste del enemigo político, podrían obtener réditos más tangibles en las urnas.

Es por todo esto que tras unos días de silencio, Cristina Cifuentes deberá coger el miércoles el toro de la discordia por los cuernos. No basta con una faena de aliño, sino que, si quiere sobrevivir políticamente, tiene que salir por la puerta grande, a hombros de los suyos, y enarbolando en su mano derecha el trabajo fin de máster. No hay otra opción.