Lapido, números vs. emociones

José Ignacio lapido (Granada, 1962) es uno de los letristas y compositores más brillantes de la música española. Pionero del rock con 091,de su talento pueden hablar amigos como Quique González, Miguel Ríos o Amaral, con los que ha grabado colaboraciones, y un buen número de bandas que en España cantan sus canciones prestadas. Desde que en 1996 la banda se disolviese, Lapido empezó una carrera en solitario, autoeditada, callada y certera. Siempre apegado a un rock clásico, publica ahora «Formas de matar el tiempo» (Pentatonia Records), que presenta en Madrid, un álbum por el que desfilan personajes que parecen a punto de abandonar el barco. «Utilizo la primera persona pero no soy siempre yo el que habla. La realidad y los sentimientos son intercambiables. Las opiniones y las actitudes ante la vida, no», asegura el músico. Encontrar las palabras adecuadas «no resulta nada sencillo, te lo puedo asegurar». Antonio Arias, compañero de fatigas de 091, le ha descrito como uno de los letristas más brillantes, autor de los estribillos más redondos del rock español. «Cuando empecé a componer, a finales de los 70, lo primero que se me ocurría lo escribía, sin darle demasiadas vueltas. Los años que llevo en esto me han servido para tener un oficio, pero eso no quiere decir que sea un proceso fácil, aunque tenga un final feliz», dice Lapido, que lo compara con «sacar una muela. Te duele, pero al final te quedas tan a gusto». «Aquí no hay parto sin dolor. El alivio viene porque ya no tengo que pensar más en eso desde el momento en que termino una canción». Le llaman músico de culto y se lo toma con filosofía: «Ni me molesta ni hago bandera de ello. Soy consciente de que mi música no se ajusta al gusto mayoritario, y eso no es culpa de nadie, es así y punto. No grabo discos pensando a cuánta gente les gustará. Digamos que no parto de números sino de emociones».