Educación

Lista de espera para ser criminólogo

Las 600 plazas de los campus madrileños se han quedado cortas: un 33% de alumnos no puede estudiar el grado

Blas Ruiz Grau, autor del libro «¡Que nadie toque nada!» (Ed. Oberón) y estudiante de Criminología por la UNED Criminologíapor la UNED
Blas Ruiz Grau, autor del libro «¡Que nadie toque nada!» (Ed. Oberón) y estudiante de Criminología por la UNED Criminologíapor la UNEDlarazon

En su día fue Gil Grissom, el muy sacrificado y metódico perito forense que resolvía con singular pericia los crímenes relatados en «CSI: Las Vegas». Después fue el turno de Jason Gideon, Aaron Hotchner y Derek Morgan, miembros de la sección de Análisis de Conducta del FBI y capaces de introducirse en el cerebro de los asesinos de «Mentes criminales». Hoy el testigo lo han recogido los «padres» de estos últimos, Holden Ford y Bill Tench, creadores, allá por los años setenta, de aquella unidad encargada de categorizar mentalmente a los psicópatas, y cuyas vivencias, basadas en hechos reales, están siendo narradas en «Mindhunter». La televisión lleva décadas nutriéndose de la figura del criminólogo, con más o menos fidelidad a la profesión. Y el espectador no sólo ha «comprado» la propuesta: también quiere emular a sus ídolos. Sin embargo, no hay que recurrir sólo a la ficción para explicar el «boom» que en nuestro país en general, y en la Comunidad de Madrid en particular, viene experimentando la carrera de Criminología; desgraciadamente, la cruda realidad, la que nos muestran los informativos y los programas de las mañanas, protagonizada por los «mindhunters» de carne y hueso –la Sección de Análisis de Conducta (SAC) de la Policía Nacional y la Sección de Análisis de Comportamiento Delictivo (SACD) de la Guardia Civil–, también ha colaborado para que un grado que antes no dejaba de ser un mero complemento para cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, psicólogos, sociólogos, abogados... pueda presumir ahora de tener lista de espera.

Así está ocurriendo en nuestra Comunidad, donde se está poniendo caro el poder formarse como criminólogo. Entre universidades públicas y privadas, se ofertan algo más de 600 plazas para acceder al grado, tanto en su modalidad individual como en la de doble licenciatura. Las elevadas notas de corte ya aportan pistas de la altísima demanda: 10,125 en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y 10,721 en la Universidad Complutense (UCM). En el caso de los dobles grados, la exigencia es mayor, como demuestran las notas exigidas en la URJC: 12,651 en Criminología y Psicología, 12,318 en la modalidad que incluye Derecho, etc. Es precisamente este centro público el que cuenta con una mayor oferta en la región: alrededor de 150 plazas como única carrera en sus diferentes campus, más un centenar en la vertiente de doble grado.

Mientras, en la Complutense, la horquilla de plazas se sitúa en torno a 60 y 80. No sólo no han tenido problemas en la Complutense para cubrirlas: en el recién acabado curso, la carrera de Criminología como primera opción se saldó con 297 preinscripciones; y como segunda opción y sucesivas, con 1.382. Dicho de otra forma: un 33,3% de los alumnos que quieren cursar el grado no pueden hacerlo porque las aulas están repletas.

¿Qué razones hay detrás de este auge? Como afirma Irene Briones, coordinadora de Criminología en la UCM, «no son sólo las series de televisión. Los crímenes de violencia de género y casos como el de Diana Quer o el del pequeño Gabriel también están influyendo a la hora de matricularse». Un dato: en la UCM, sólo hay de media un miembro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. ¿El resto? «Estudiantes que acaban de terminar el colegio y que comienzan ilusionados esta titulación».

La falta de plazas ha hecho que muchos madrileños hayan optado por la titulación a distancia. La UNED es la universidad española que más alumnos suma en esta carrera. De 1998 a 2016, alrededor de 15.000 estudiantes eligieron Criminología como asignatura optativa en carreras como Derecho. Estaba claro que había una demanda y, de hecho, fueron muchos los alumnos que pidieron que se constituyera como grado. Y así es desde el pasado curso 2017-2018. ¿Resultado? La UNED cuenta con 5.000 alumnos sólo en el primer y segundo año de los cuatro que tiene la carrera.

Como explica Juan Manuel Lacruz, profesor titular de Derecho Penal y Director del Departamento de Derecho penal y Criminología de la UNED, «sabíamos que iba a ver una demanda, pero la cifra nos llamó la atención. Hay universidades, no facultades, que tienen poco más de 5.000 alumnos. El año que viene subirá bastante y después se estabilizará», apunta.

Uno de los recién incorporados es Blas Ruiz Grau, escritor que publicó este mismo año «¡Que nadie toque nada!» (Ed. Oberón), un libro en el que desmonta, sin obviar el sentido del humor, muchos mitos sobre lo que es la investigación policial y forense tras decenas de entrevistas con policías, guardias civiles, etc. Este año se ha matriculado por la UNED, que acaba de estrenar el grado de Criminología. «Hay un ''boom'' impresionante. El lado oscuro fascina. Antes, los medios no trataban tanto los crímenes. Es un fenómeno mediático, pero que puede llevar a una dirección equivocada: preguntándonos quién es el “malo” podemos olvidamos de analizar su comportamiento, de la parte psicológica», dice Ruiz. Por cierto: a raíz de sus pesquisas, ha reeditado sus dos primeras novelas, «La verdad os hará libres» y «La profecía de los pecadores», obras de género negro, para que se ajusten más a los verdaderos métodos policiales. Novelas, además, que han sido un éxito de ventas en Amazon.

«Cuando José Coronado protagonizó la serie “Periodistas”, las vocaciones se dispararon», recuerda Ricardo Magaz, presidente por turno de la Sociedad Científica Española de Criminología. «Hoy vemos en las aulas de Criminología muchísimos más “civiles” que personas relacionadas con la seguridad pública. La proporción está en un 75% frente a un 25%», señala. Pero cuidado: «Los chicos están desinformados. Confunden criminología con criminalística. “CSI” es policía científica y criminalística. Busca responder un interrogante. Es como los periodistas: el qué, quién, cuándo, cómo y dónde, a través de una serie de pericias».

Entonces, ¿qué interrogantes despeja la criminología? «Trata de responder el por qué de la transgresión. Es multidisciplinar: tiene carga de antropología, de psicología, de sociología... El criminólogo no va a investigar la escena del crimen ni a practicar detenciones, que es trabajo de la Policía y es muy celosa de ello. No es el perito que recolecta ni procesa las pruebas, ni el que levanta cadáveres, ni el que ve por dónde ha entrado la bala». Por ello, «su labor es la de realizar perfiles de los transgresores, especialmente si ha sido un asesinato u homicidio. Realiza más trabajo de despacho que de calle». Muchos estudiantes se topan con una realidad diferente a la que esperaban. «He visto como compañeros míos se echan para atrás cuando descubren que el trabajo de criminólogo no consistía en recoger colillas del suelo», dice Ruiz Grau.

Así, por ejemplo, en el grado de la UNED encontramos asignaturas como derecho penitenciario, historia del delito y el castigo en la edad contemporánea, psicopatología forense –las características clínicas de los trastornos mentales relacionados con las conductas delictivas–, estadística social –hasta qué punto las cifras son significativas o no–, teoría criminológica –narcotráfico, criminalidad femenina– y, por supuesto, sociología y psicología.

El problema, dice Magaz, son las escasas salidas laborales. Al menos en nuestro país, donde es una ciencia muy novedosa. «Viene muy bien en el ámbito policial, en informes clínicos penitenciarios –hay muchos funcionarios de prisiones que la estudian–, en atención primaria a las víctimas...». Otro ámbito laboral es el judicial: «La criminología forense, que elabora informes de parte. En el ámbito de la delincuencia y la drogodependencia juvenil, puede ayudar a prevenirla. Y también la docencia», detalla. «Asistencia a víctimas y juicios penales, empresas de seguridad... campo hay, pero está ocupado por otras titulaciones», dice Lacruz Pero es posible que la situación cambie con el tiempo. «La Psicología tampoco estaba en su día reconocida en España. Sin embargo, después sí se ha reconocido su papel a nivel privado y en la sanidad pública a medida que ha ido teniendo una mayoría mas crítica. Nosotros nos proponemos romper esa barrera», concluye.