Los hurtos en el metro caen a la mitad en tres años

La Brigada Móvil detecta cada mes a un centenar de carteristas en el suburbano. La colaboración judicial para dictar órdenes de alejamiento es vital

Reincidentes: Los agentes de la Brigada ya conocen a muchos de los delincuentes porque suelen ser reincidentes
Reincidentes: Los agentes de la Brigada ya conocen a muchos de los delincuentes porque suelen ser reincidentes

Laura L. Álvarez

MADRID- Los carteristas no actúan sólo sobre el asfalto. Bajo las calles de Madrid se extiende otra ciudad paralela por la que circulan nada menos que 609 millones de viajeros al año y, precisamente, es ese bullicio continuo de gente el ambiente de trabajo perfecto para este tipo de delincuentes. Los 300 kilómetros de metro que discurren bajo nuestros pies bien podrían catalogarse como otro distrito de la capital. Tanto es así que cuenta incluso con Policía propia, a la que no le falta trabajo. Detectan miles de delitos y faltas cada año: 10.667 sólo en lo que va de 2013. Se trata de la Brigada Móvil de la Policía Nacional, con el inspector jefe José Carlos de Frutos al frente, que puede presumir de «hacer descender» el número de delitos y faltas bajo su «demarcación» en unos 2.000 al año. No utiliza ninguna varita mágica. ¿El secreto? «No tiene mayor misterio: mucho trabajo», asegura el inspector jefe, que lleva ya tres años al mando de la Brigada. Los 310 efectivos de los que dispone están distribuidos en Metro, Metro Sur y Metro Ligero (más de un centenar), en ferrocarriles (estaciones y Cercanías) y en líneas de autobuses urbanos (EMT, bus turístico y el que va al aeropuerto). Sin embargo, en las líneas de metro más concurridas –preferiblemente por turistas– las más atacadas por los carteristas y también las que cuentan con mayor vigilancia. Cientos de ojos vigilan cada día las líneas 8 (que conecta con Barajas), 10 y la 6 (el circular). Estaciones como Tribunal o Cuatro Caminos son algunas de las más conflictivas. No sólo policías de uniforme, que provocan un efecto disuasorio, o de paisano: las 8.000 cámaras con las que cuenta Metro de Madrid también son «pinchadas» de forma aleatoria por los agentes, además de contar con la vigilancia permanente del personal de seguridad de Metro.

Después de muchas horas observándolos, los agentes ya saben, casi a simple vista, quién se ha montado en el metro para viajar o para delinquir. La actitud muchas veces los delata. Después de procesar toda la información aportada por las empresas de seguridad privada, la que proporciona el personal que trabaja en cada medio (Adif, Alsa, EMT...), la de los jefes de seguridad y, sobre todo, las denuncias de los ciudadanos afectados, se establecen lugares, horarios, tipos de víctima, hechos y autores. Tras analizar todos estos datos, se obtienen unas conclusiones y los agentes actuan. No suelen fallar. El carterista repite modus operandi, lugar de actuación y perfil de víctima. Los que actúan fuera, en la calle, y los que lo hacen en el metro se respetan y nunca se «pisan» territorios. El perfil del carterista (que últimamente también va a por móviles) es heterogéneo. No suelen ser ciudadanos españoles ni tampoco menores de edad. Son gente de entre 20 y cerca de 60 años: la mayoría de etnia gitano-rumana, pero también abundan los magrebíes, suramericanos y subsaharianos (bastante más agresivos y conocidos como «chinaores», que rajan la ropa y el bolso a quienes se quedan dormidos para extraer la cartera o el teléfono). El inspector jefe asegura que es imposible dar una cifra de cuántos grupos hay actualmente. «Son profesionales del hurto y vienen al metro a trabajar. Por eso es necesaria una orden de alejamiento».

En este sentido, De Frutos agradece la estrecha colaboración que ahora mantienen con el fiscal de Madrid José Hidalgo y las nuevas medidas impuestas por los jueces, como la pionera orden de alejamiento sobre el clan de las bosnias, quienes «sacaban unos 800 euros al día», según el inspector. Sin embargo, el perfil de la víctima es mucho más homogéneo. De Frutos advierte de que la probabilidad de que alguien no robe la cartera en el metro es bajísima, «del 0,0000178 por ciento», pero existen tres grandes grupos: turistas (sobre todo los extranjeros y, en particular, los japonenes porque no conocen este tipo de delincuencia), los «despistados» que no van pendientes del bolso o la mochila o se quedan dormidos, y las personas con problemas de movilidad (señoras mayores a quienes dan tirones de bolso).

Últimamente han proliferado las denuncias falsas. Sobre todo las de robos de última generación, sobre todo de iPhones. Lo intentó incluso algún conocido diputado popular, «pero no coló».

La polémica medida cautelar sobre «el clan de las bosnias»

La multirreincidencia da mucho trabajo a los agentes de la Brigada Móvil. Aunque sepan de sobra quiénes son, el instructor de las diligencias tiene que darle al juez las pruebas necesarias para imputarlas como grupo organizado. Más de tres veces en un año ya es considerado delito. El «clan de la bosnias», un grupo de mujeres cuya reincidencia clamaba al cielo, tuvo su ocaso gracias a una orden de alejamiento, una medida pionera dictada en febrero por el titular del Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid. Sin embargo, el abogado de las delicuentes recurrió a la Audiencia Priovincial, que estimó el recurso en mayo y anulaba así la medida cautelar, por lo que pueden volver a entrar al metro. El auto hablaba de que se les impedía «el acceso a un servicio público de transporte esencial para gran número de ciudadanos». Sin embargo, la Policía insiste en que ese clan no usa el metro para moverse, únicamente para delinquir. Flaco favor para el resto de usuarios.

Las técnicas de los carteristas

EL TAPÓN

- El momento en que se abren las puertas de los vagones es el elegido por buena parte de los carteristas que aprovechan los tapones que se forman en los coches segundos antes del pitido para, entre empujones, hacerse con el botín de algún bolsillo.

LA MULETA

- Un periódico o un simple jersey sirven a los delincuentes para tapar sus manos mientras vacían bolsos o mochilas.

LOS «CHINAORES»

- Son los más agresivos. Aprovechan que sus víctimas se duermen o están distraídas para rajar la ropa de sus víctimas y extraer móviles o carteras.